domingo, 29 de agosto de 2010

LA HORA DEL "TEA PARTY"


«Si acaso, la tributación voraz e insaciable impuesta por los Gobiernos es asumida por la población como un fastidio, una condena perpetua, sobrellevada como una fatalidad, algo que no tiene remedio. El inmenso esfuerzo llevado a cabo por la propaganda del Estado, a fin de exaltar las “virtudes cívicas” que presumiblemente contiene la cosa, no ha logrado, con todo, que la contributación privada sea vista entre el público pagador como sinónimo de contribución al bien general. Las virtudes privadas –trabajo, esfuerzo, ahorro– no adquieren con facilidad el rango de vicios públicos –despilfarro, burocracia, corrupción–. Sin embargo, insisto, es harto inverosímil que algo parecido a una objeción fiscal generalizada pueda materializarse en Europa. En el Reino Unido, la probabilidad sería mayor, aunque no hasta el punto de que por esta causa se lancen las campanas al vuelo en Westminster.

Estados Unidos es otra historia. Separada del viejo continente por mucho más que el océano Atlántico, empezó a dar sus primeros pasos como nación a propósito de un hecho histórico de un gran valor simbólico y que decidió, en gran medida, su destino: la célebre rebelión contra las subidas de impuestos decidida por la metrópoli británica (nobleza obliga), y que comenzó con el célebre motín contra la tasa del té en Boston (1773), se extendió posteriormente a las 13 colonias y acabó encendiendo la mecha de la revolución americana que condujo a la definitiva retirada de los tropas británicas y a la Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776.

Sea como fuere, el pagano paga porque no tiene otra opción. ¿O si la tiene? He aquí la persuasión –no hay alternativa ni otra opción– que atenaza y paraliza a la gente común, mientras ve menguar su cuenta corriente. He aquí la sugestión: para hacer viable la sociedad y para garantizar los servicios públicos básicos que la sostienen, no hay otro recurso que la política tributaria y recaudatoria impuesta por el Estado a través de las Administraciones públicas. La tasa o la vida

Fernando Rodríguez Genovés, «El impuesto, por supuesto», El Catoblepas, nº 94, diciembre 2009, pág. 7.

Enlace para consultar artículo completo:
http://www.nodulo.org/ec/2009/n094p07.htm


jueves, 19 de agosto de 2010

¡AL RICO, IMPUESTO!

«Cada día más españoles reclaman que el Presidente del Ejecutivo socialista, todavía resistente en La Moncloa, cambie de empleo para supervivencia de la Nación. Respuesta gubernamental: en un ejercicio profesional de cintura política, y para provecho particular y partidario, ZP ha pasado en pocas semanas de ejercer de zapatero prodigioso a hacer prácticas de sastrecillo valiente. Tomando medidas y con las tijeras en ristre, se ha aplicado, no a la confección y la alta costura, sino al arreglo y el retoque, a la compostura y el remiendo. Aprendiz en todo, ZP, simplemente, nunca da la talla.
Entre recortes y ajustes en la pernera, ha llegado hasta el punto de tocarle el sueldo a los funcionarios y la pensión a los jubilados, aparte de otros quebrantos. Con tanto tajo y descosido, no sé si ha puesto freno también al caos de las obras públicas urbanas, modelo tercermundista. Porque, diga lo que diga el ministro del fomento del gasto, en mi lugar de residencia sigue siendo heroico desplazarse con sosiego y seguridad por las calles: unas, trastornadas por el traqueteo del martillo neumático; otras, obstaculizadas por vallas y barricadas; las de más allá, sembradas de adoquines como no habíamos visto desde el París de Mayo del 68. No sé si se trata de los restos de la primera parte del Plan E, de su secuela o, definitivamente, del derribo de España. España: país en quiebra económica y política, con aceras relucientes.

En las faenas de ahorro y austeridad este presidente es un auténtico desastre. Al verse impelido a ejecutarlas, actúa con desgana y sin convicción, por lo que le resulta cada vez más difícil convencer y generar confianza. Entre otros motivos, porque alardea incluso de su desafección a cualquier forma de control del gasto público. En todo momento, necesita hacer patente que la política del ajuste económico no es cosa suya.

A Zapatero lo que de verdad le va y le pone es la subida de impuestos, aunque tampoco alcance a comprender con qué consecuencias económicas, fiscales o presupuestarias. Sólo tiene claro tres extremos: 1) los impuestos generan poder y reponen la caja; 2) irritan al facherío y satisfacen (jamás sacian) la sed de justicia redistributiva del rojerío; y 3) ahora, más que nunca, los ricos la van a pagar… He aquí el mensaje del Ejecutivo socialista enviado a la sociedad y los mercados para salir de la crisis: hágase o consérvese rico en España, que el Gobierno intervendrá sus bienes y propiedades para disfrute ajeno.

A Zapatero se le ha metido entre ceja y ceja incrementar los impuestos a los ricos por aquello del reparto equitativo. Al pobre, Educación para la Ciudadanía, aborto gratuito y prestación por desempleo. Al rico, traje entallado y sin tirantes, para que pueda apretarse bien el cinturón. El Presidente socialista, cual adolescente narcisista, precisa reafirmarse sin tregua, en su caso demostrando que, haga lo que haga o no haga, siempre es progresista. ¿Qué hacer, jefe? Progresivas subidas de impuestos, pero “sólo para los que de verdad tienen”. Enigmática expresión. ¡A ver quién se siente aludido!

La derecha acomplejada seguro que no. El PP, por ejemplo, centrista y centrado, dice ser partido de la clase media, no de los ricos. Curioso país España, donde alguien grita “¡rico!” y nadie se vuelve o responde. “Rico” en España es epíteto ofensivo y aun maldito. Ante su sola mención se muestran esquivos los potentados, intimidados los presuntos implicados y avergonzados los que sueñan con serlo…más. Bueno, no todos.

A propósito de las investigaciones publicadas sobre la creciente fortuna del Presidente del Congreso de los Diputados y familia, ha tenido que salir al rescate del honor del clan su propia esposa, actuando así como la voz de su Bono. "Sí, gano dinero —ha declarado muy afectada —. Me siento orgullosa de dar trabajo a 30 personas todos los días. ¿He de pedir perdón por eso?”. ¡De ninguna manera! Aunque “por eso”, es preciso puntualizar, sólo tiene uno (o una) que exhibir carné y pedigrí socialista. 

Sucede que semejante arenga, apología del espíritu empresarial y del capitalismo, sólo es tolerable, según el poder establecido, cuando proviene de sus ricos, es decir, los ricos que dicen no saber lo que “de verdad” tienen.»

Columna publicada en el diario digital Factual el 30 de mayo de 2010. Se trata de mi última columna aparecida en dicha publicación, poco antes de que ésta echara el cierre.

lunes, 2 de agosto de 2010

ESPAÑA, QUERER SER O NO QUERER SER



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«”Los españoles. ¡Los españoles!... Esos hombres quisieron ser demasiado.” Somos, en efecto, el pueblo que más radicalmente ha pasado del querer ser demasiado al demasiado no querer ser.» (José Ortega y Gasset, Prólogo para alemanes).

Es la señora Förster-Nietzsche, la aviesa hermana del filósofo Friedrich Nietzsche, la autora de la exclamación tomada por Ortega como base de su diagnóstico sobre las fluctuaciones del español. Fervorosa alemana, simpatizante del partido nazi, a quién le parece muy natural que la nación germana sea y esté sobre todo y por encima de todos (Deutschland, Deutschland über alles), a Elisabeth le alarmaba la voluntad de ser del español.
Como el resentimiento antiespañol avanza que hasta a los propios alcanza, la hermana de Nietzsche atisba sólo una parte de la realidad del asunto. Tras la puntualización orteguiana, la cuestión queda trágicamente esclarecida. Nuestro problema nacional reside básicamente en los propios españoles. Y es que para hablar mal de España, con el español basta y sobra.
Pueblo radical, el español, ciertamente, que pasa del todo a la nada sin medias tintas, del blanco al negro, del día a la noche. Nación de grandes artistas y escritores, pero deficitario en filósofos y científicos, se deja llevar por las emociones y las pasiones con demasiada facilidad y ligereza, tanto en lo que concierne a la vida personal como a la pública.
Nación poderosa y principal en el pasado, ni siquiera se debate hoy entre el ser y no ser. Simplemente, lo deja estar. Ortega ya lo vio venir en 1934, año feroz, en que escribe el Prólogo para alemanes. Sucede que al español contemporáneo le viene grande España. No sabe si quiere una España, media o cuarto y mitad. Tampoco si le conviene ser libre o estar sometido. He aquí nuestra tragedia nacional.
Ser una España fuerte y unida: lo que implica actuar de modo decidido y determinante con sus enemigos internos y externos, así como disponer de una política de defensa y de seguridad sin ambages. Ocupar un lugar al nivel de las democracias modernas más influyentes del mundo: con las correspondientes responsabilidades en política internacional. Decidirse por el crecimiento y la competitividad en el terreno económico: lo que exige, entre otras cosas, aumentar la productividad. Apostar por la excelencia educativa y la calidad profesional: lo que supone una constante formación y una imprescindible disciplina en la práctica escolar. Reconocerse, en fin, como una nación que se respeta a sí misma en casa y exige ser respetada en el exterior: he aquí los objetivos sustanciales que al español de nuestros días le abruman y fatigan, sólo con planteárselos.
Mejor, entonces, la mediocridad y la penuria que la exigencia y el riesgo, la dormidera de la mentira que la dureza de la verdad, la comodidad y la inercia que la valentía y la dignidad: he aquí la elección de un pueblo al que querer ser le parece demasiado…, excepto convertirse en funcionario con puesto y plaza asegurada, cerca de casa y trabajando lo menos posible.

Este decaimiento nacional, ay, no se cura mirando al futuro sin más, ni con tópicos necios o eslóganes  letárgicos de este jaez. Porque por el camino que va, España no tiene futuro. Es preciso volverse hacia el momento en que España quería ser, y volver a ponerse en marcha. No es preciso querer ser demasiado. Basta sólo con querer ser. He aquí la cuestión.