sábado, 11 de septiembre de 2010

LA CRISIS ESTALLÓ EL 11-S


1

Una mañana clara de final de verano, 2001,
el cielo de Nueva York quedó seccionado
por unos aceros flamígeros,
unas espadas de fuego que decapitaron
las cumbres de cristal, dejando la borrasca
en el asfalto y en el alma.

Tras el tajo criminal,
una nube de polvo y ceniza
dejó oscurecida la línea del horizonte,
huérfana la línea del cielo, envolviéndola
hasta casi borrarla del paisaje.

Cuando se disipó la niebla, un nimbo infinito
seguía coronando la ciudad
víctima de la fechoría.

La ciudad, herida, continuaba viva,
pero el mundo había cambiado la faz
y probablemente su destino.

Había entrado en un tiempo de vesania.
Dies irae, dies ille...

2

Nadie en el mundo civilizado podía esperar ni prever el ataque sufrido en la mañana del 11 de septiembre sobre Estados Unidos, la ofensiva terrorista que ha alterado bruscamente nuestras vidas, irremediablemente abocadas a un futuro de siniestra incertidumbre. ¿Cómo pudo pasar?


Fernando Rodríguez Genovés, «El día de la vesania», El Catoblepas, nº, 7, septiembre 2002, pág.7.

Enlace para leer el artículo completo:

http://www.nodulo.org/ec/2002/n007p07.htm



El recuerdo de este año dedicado al 11-S lleva por título «Nueva York, todavía vulnerable», publicado asimismo en El Catoblepas, nº 103, septiembre 2010, pág. 7.

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