domingo, 28 de noviembre de 2010

EL CEBO DE «LO SOCIAL» (y 3). SOCIALISMO EMPIEZA POR «SOCIAL»

A pesar de que la reconstrucción posmoderna de la izquierda comporta, más que nada, una recomposición interna del prontuario y léxico básico de combate, hay términos principales que se mantienen en la cumbre, intocables, acaso porque remiten a la raíz de su misma nomenclatura. Me refiero a «lo social». Mas, si para la nueva/vieja izquierda, todo es social (y « ¿qué hay de lo mío?»), ¿qué queda, en rigor, de lo individual? ¿Qué hay de la propiedad privada?
En el momento presente, ni la izquierda más rancia y apergaminada cae en la tentación de resucitar los añejos vocablos del vademécum marxista-leninista, ofreciendo al electorado de las sociedades modernas especies con olor a naftalina, del tipo «dictadura del proletariado», «revolución», «lucha de clases». Tal vez sí siga fijado, y petrificado, en semejante doctrinario de supervivencia algún canoso veterano de cuando el Mayo del 68, referente histórico que a un joven de hoy le sonará como a los de mi generación el Desastre de Anual, narrado por nuestros abuelos.
A pesar de las apariencias, las nuevas/viejas tribus rurales y urbanas del Progreso no vienen de los fríos Urales, ni de Stalingrado, aunque, como si vinieran. Aspiran a cambiarlo todo y a liquidar todas las tradiciones, menos las suyas. Por donde pasan ya no vuelve a crecer la hierba. Todas las construcciones nacionales y deconstrucciones postnacionales las hacen en nombre de lo patriótico (pero nunca hablan de la «Patria»), del Progreso, todo ello desde una sensibilísima conciencia social.
¿Qué tendrá de mágico y encantador eso de «lo social» que encandila a casi todos por igual? Para mí, que eso de «social» no viene a significar en la práctica otra cosa que «caro», «oneroso» y «tributario», un «valor añadido» que acabamos pagando todos los ciudadanos.
El palabro «social» fascina a muchos, a los socialistas de todos los bandos y doctrinas. Vergonzantes liberales hay que maquillan el propio concepto «liberal», con intención de presentarse ante el público con rostro (humano): “Liberal, pero con preocupaciones sociales”.
Leo en el diario ABC un documento que informa acerca del pensamiento y la sensibilidad del Papa Benedicto XVI, cuyo titular reza: «El socialismo democrático resulta cercano a la doctrina católica». El informe, según confiesan sus autores, entresaca algunos fragmentos de textos y declaraciones de Joseph Ratzinger a fin de salir al paso de las críticas lanzadas por aquellos que denuncian su «uniformismo» y «cerrazón». Por lo visto y leído, la acción de rescatar manifestaciones del nuevo Papa que revelan su «conciencia social», lo exoneraría y libraría de toda sospecha. Más aún, si, completando la mención del titular citado, recuerdan lo que a propósito del socialismo dijo un día la primera autoridad católica: «En todo caso, ha contribuido notablemente a la formación de una conciencia social».

Hace mucho tiempo, probablemente el socialismo fuese cercano al ideario cristiano, antes incluso de principios del siglo pasado, cuando Winston S. Churchill declaró lo siguiente: «Los socialistas, el partido extremo y revolucionario de los socialistas, son muy aficionados a decirnos que están reviviendo en la actualidad los mejores principios de la era cristiana«. Esto decía el gran estratega inglés en un discurso pronunciado en Cheetham (Manchester), año 1908. Mas no se pierda el lector el sutil y refinado «pero» que puntualiza el anterior aserto, como poniendo las cosas en su sitio: 

“Pero hay una gran diferencia entre los socialistas de la era cristiana y aquéllos cuyo apóstol es Victor Grayson [célebre orador del laborismo inglés convertido en polémico parlamentario]. El socialismo de la era cristiana se basaba en la idea de que «todo lo mío es tuyo»; en cambio, el socialismo del señor Grayson parte de la idea de que «todo lo tuyo es mío» (Vítores). Incluso me atrevo a afirmar que jamás conseguirá una verdadera ventaja para la masa del pueblo un movimiento que se basa en tanto resentimiento y tanta envidia como el actual movimiento socialista en manos de extremistas.”
(“¡No nos rendiremos jamás!”. Los mejores discursos de Winston S. Churchill).
A José Ortega y Gasset se le antoja, asimismo, pasable ese propósito tan igualitario y solidario de dar uno lo que tiene al otro, y complacerse de los bienes que favorecen la distribución comunitaria de lo bueno, sobre todo, de procedencia espiritual: no otra cosa significan la cultura y la comunicación humana trasmitidas de generación en generación por medio del trato humano y la educación entre semejantes. Ahora bien, lo que no tiene pase, lo que se le antoja intolerable a nuestro primer filósofo, es verse coaccionado sin remisión a asumir y compartir lo que los demás tienen y degustan.
He aquí, según Ortega, la amenaza última y más severa que acarrea la socialización:
«La socialización del hombre es una tarea pavorosa. Porque no se contenta con exigirme que lo mío sea para los demás —propósito excelente que no me causa enojo alguno—, sino que me obliga a que lo de los demás sea mío. Por ejemplo: a que adopte las ideas y los gustos de los demás, de todos.»
El «interés nacional», el «bien público», el patriotismo, la solidaridad, el «fin social», sólo pueden ser admitidos, si no son utilizados para arremeter (demasiado) contra la real soberanía del individuo, su constitución y libertad de acción, hasta llegar a anularlas. Frente a lo que sostiene cierta escuela absolutista de la alteridad diríase que el Otro no tiene por qué ser necesariamente mejor que uno mismo, aunque sí sea incuestionable que los otros son siempre más que uno.
Esta verdad aritmética, esta certeza estadística, cuando crece, se espesa en la masa y aterriza cómodamente, por ejemplo, en la máxima «Hacienda somos todos», revela sólo preponderancia y prepotencia, pero jamás un valor.
La exaltación de «lo social» nos sale, en suma y a fin de cuentas, muy cara, no sólo para nuestros bolsillos. Teje («tejido social») una profunda animadversión y un agresivo resentimiento contra el individuo y la libertad que acaban por arrollarlos. Tales sentimientos derivan, sin duda, de un estadio anterior al político:

«El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino.»
(J. Ortega y Gasset, «Socialización del hombre»).
Cuando el actual movimiento socialista en manos de extremistas apela a «lo social» con el fin de inmiscuirse en la vida privada de las personas, sus ideas y creencias, sus bienes y propiedades, su ámbito de intimidad, sus silencios, retiros y reservas, hace lo que siempre hacen los enemigos de la libertad: que el todo se entienda como un ente superior a las partes que lo constituyen.
¿Y qué decir del Estado, máxima expresión de «lo social» revestido de política? Responde J. S. Mill: «El valor de un Estado, a la larga, es el valor de los individuos que lo componen» (Sobre la libertad).

¿Socialismo? ¿Social? Por ahí se empieza.
Y es que si todo lo mío es tuyo y lo de los demás ha de ser necesariamente mío, en verdad, me pregunto: ay, ¿qué será de mí?




El presente artículo fue publicado inicialmente en el Suplemento Ideas de Libertad Digital, bajo el título de «Socialismo viene de social» (26 de abril de 2005). Ofrezco ahora una versión resumida del mismo. Para consultar el ensayo en su integridad:



viernes, 26 de noviembre de 2010

LAS CHICAS DE LA TARJETA ROJA

   
Antes, las chicas de la Cruz Roja mandaban, al menos, una vez al año en España. En el Día de la Banderita, se convertían en las reinas de la ciudad, solicitando amablemente al viandante un donativo, por poco que fuera, para una buena causa.
Ahora, quienes mandan en España son las chicas de la tarjeta roja, porque eso de la cruz y la banderita lo consideran pasado de moda, además de franquista. Mandan tanto que han llegado incluso al Gobierno. Y no para gobernar, sino para mandar fuera del campo a todo aquel que no juega en su equipo ni el partido que a ellas les gusta. En tal caso, le sacan al sospechoso la tarjeta roja y lo envían al banquillo, que es como han dejado al Banco de España, para que allí le pongan no una banderita, sino una banderilla.
Ayer, las chicas de la bandera roja promovían la lucha de clases. Hoy, las chicas de la tarjeta roja promueven la lucha contra el macho, porque es muy malo. Muy feministas y progresistas, incitan a la rebelión dentro de las familias, siembran la cizaña y la discordia entre los «conyugues», entre maridos y mujeres, entre padres e hijos, entre abuelos y nietos.
Desde que han llegado al poder, han aumentado los casos de violencia doméstica, sin contar los abortos. ¡Qué más da! Ellas están en otra guerra. Las chicas de la tarjeta roja luchan contra la «violencia de género» y contra la «violencia machista».

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LO PROMETIDO ES... DEUDA



LO PROMETIDO ES DEUDA, más deuda pública, mayor déficit público y cinco millones de parados. Lo prometido es quiebra política, económica, social y nacional en España.
ZP pedía en las pasadas elecciones «motivos para creer», porque el Presidente cree mucho en el Progreso. Y once millones de españoles creyeron en él. Y en ésas estamos.
Laico, más que laico, ZP es like a rolling stone. Duro de roer, rodante como una avalancha. Acaba de afirmar que cree en lo que hace y que nada lo va a parar. O sea, que todos los españoles lo vamos a pagar.
Reza cada día, no mirando hacia la Meca, su perspectiva habitual, sino esta vez a la Comisión Europea y al Fondo Monetario Internacional. Implora: «perdónanos nuestras deudas». Amén.

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL CEBO «SOCIAL» (2). «LA SOCIAL» Y OTRAS VARIEDADES

Aprovechándose de la Crisis, voces a diestra y siniestra hablan de «refundar» el capitalismo, declarado culpable por la Progre Inquisición de la nueva debacle. El anticapitalismo sobreviviente tras el derribo del Muro de Berlín ha adoptado en las sociedades occidentales una vía de penetración oblicua, sutil y posmoderna. A la vista del horror desvelado (la cortina rasgada, cayó el Telón), ya no propugna explícitamente la instauración del socialismo. Ahora intenta colarlo por la puerta trasera, por la cocina, por la puerta de servicio, por la entrada de artistas.
Actualmente, la socialización rampante se cuece en los centros educativos, los medios, las administraciones, las oficinas y los despachos. También en el mundo del espectáculo: he aquí el «escenario» en liza. El eco de la Revolución ya no repercute en los talleres y las fábricas. Se refleja en las redacciones de los medios, las tarimas, las tribunas y los tablados. Y es que ya no se respetan las clases, ni tienen consideración por los papeles, ni la ópera, ni el musical, los muy miserables.
El avance del totalitarismo, como George Orwell advirtió, empieza por el lenguaje. Manipular las palabras, darles la vuelta, retorcerlas, cambiarles el significado, ganarlas para la Causa, constituye el inveterado recurso de la propaganda totalitaria, el nuevo/viejo envite de la ideología contra el pensamiento. Reparemos en la prueba principal e irrefutable de esta «nueva/vieja revolución»: sus animadores presumen de novedosos y progresistas cuando postulan vetustas y fracasadas fórmulas.
Según el patrón vigente, las ideas ceden, humilladas y vencidas, ante la avalancha de consignas y eslóganes políticos; por ejemplo, «social». No es éste, sin embargo, el único término todoterreno. La familia terminológica en espera de colocación es numerosa: «cívico», «sostenible», «renovable», «género», «cambio», «progreso», «paz», «derechos», «solidario», «público», «verde», «roja»… No hay dificultad ni misterio al respecto. Si no sabes a qué carta jugar, no dudes, añade cualquiera  de estos comodines al juego que traes entre manos y ligarás una escalera de color (rojo) con la que llegar a lo más alto.
No seas tímido ni reaccionario. Usa estos términos mágicos, póntelos, pónselos a tus enunciados, y comprobarás los resultados a los pocos días. La propaganda en la exposición universal progresista, funciona hoy como el crecepelo de las ferias de ayer. Estas artimañas publicistas tienen también en común con las profecías autocumplidas que, partiendo de presupuestos falsos, generan respuestas automáticas repetitivas que acaban persuadiendo al personal de su verdad, y aun de su bondad.

Ahora bien, si se dice «la sociedad» y «la Roja», ¿por qué no decir «la social» en lugar de «lo social»? Además de ajustarnos a la corrección política, hablaríamos con mayor precisión. «Social» ha llegado a convertirse en sinónimo de persecución y represión de la libertad. Como en los viejos tiempos.

viernes, 19 de noviembre de 2010

EL CEBO «SOCIAL» (1). EMPRESARIO REAL Y «EMPRENDIMIENTO SOCIAL»


Comoquiera que en España estamos sobrados de empresarios y emprendedores reales, llegan los patrocinadores del «emprendimiento social». Sobre este viejo/nuevo cuento de lo + social, leo una crónica en la prensa que da cuenta de una de las sesiones de los Ventures Days organizados por el Instituto de Empresa, dentro de la Semana Internacional del Emprendedor, la cual confío en que no continúe por ese camino tan socializante. Uno, profano en la «ciencia lúgubre», se alegra de que desde plataformas presuntamente serias —talla IE— busquen fórmulas para darle un poco de alegría y un aire más venturoso a la tenebrosa ciencia económica. Pero no tanto. Desde luego, no al precio de desvirtuar el veterano espíritu empresarial y confundir «emprendimiento» con «desprendimiento».
¿A qué vienen estas incursiones new business ventures postulando «nuevos» negocios y «nuevos» emprendedores? ¿Qué tienen de malo los «viejos» para ser reconstruidos de este modo? Muy sencillo: sucede que no son bastante «sociales». Comoquiera que el obrero ha entendido que la llama socialista no asegura comida caliente, el progresismo en boga busca entre los profesionales y las antiguas élites un nuevo «escenario» en el que mantener el tinglado.
El prontuario necesario y suficiente de la acción empresarial y emprendedora es, con todo, muy simple: el negocio y la ganancia tienen por límites el cumplimiento de la ley y de los contratos, así como el fair play, esto es, no recurrir al engaño o al fraude para sacar provecho.
Pero, para algunos «novísimos» empresarios y asociados dicho ideario puede antojárseles viejo y liberal en exceso. Según el «emprendimiento social», si no hay más emprendedores en España es porque no han metido «lo social» en sus carteras. No se han dado cuenta de que «lo social» ha hecho fortuna.
 Ser emprendedor sólo está bien si al mismo tiempo eres desprendido. Lo que no siempre se dice es que, por lo general (por el «bien general»), todo desprendimiento «social» (+ gasto público y + corrupción) acaba, sin remedio, en el derrumbamiento económico ¡y social! Esta vez, social de verdad
¿Qué dice la «doctrina social» de la ética empresarial? ¿Capital y riesgo? Vale, pero poco, y sólo con una política «social» (con políticos) detrás. ¿Inversión? OK, pero sin «especulación» (por ejemplo, quien compra Deuda Pública es patriota y progresista; quien la vende, un avaricioso y un especulador). En consecuencia, el «emprendedor social» debe viajar en Business Angel en lugar de seguir la vía maligna del «capitalismo liberal y salvaje». ¿Banca? Bueno, pero, a ser posible «cívica». Y aún mejor, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, con Obra Social incluida, y muchos, muchos fines sociales, para dar lustre a los balances y teñirlos de rojo progresista y «social».

martes, 16 de noviembre de 2010

NI CAMPA NI ESCAMPA: LA TORMENTA ECONÓMICA PERFECTA EN ESPAÑA


«Ni éramos Grecia ni somos Irlanda ni lo seremos nunca. Somos España», dicen que ha dicho José Manuel Campa, patriótico y heroico secretario de Estado de Economía, durante una reciente intervención en el foro Tertulias de Economía. Un espacio éste donde, digo yo, hablarán de economía en alguna ocasión. Esta vez no, a juzgar por las palabras del subalterno de Elena Salgado, Ministra del Ramo. En el foro en cuestión, el interviniente, más que disertar sobre economía, ha platicado sobre geografía, gramática parda y tautologías deconstructivas.

¿Qué afirma este señor tan campanudo sobre lo que está pasando en España? Que hay que preocuparse… y no preocuparse. A igual a no-A. En la lógica de Campa se pasa uno, la verdad, desde el principio de identidad al de contradicción sin que se le mueva un pelo de la cabeza. A ver si cuela entre el pequeño gran público y la audiencia, que acostumbrada a oír de todo, ya no se inmuta por nada.

Dicen que Campa es doctor en Economía por la Universidad de Harvard. Tal vez por eso recuerda tanto a Mister Proper. Pero, donde todo parecido con la realidad es pura coincidencia está en el hecho de que el Mister ha sido profesor de finanzas y director de investigación en el IESE Business School de Madrid, donde parece haber defendido la economía de mercado, la libre empresa y a hacer negocios privados. El economista Campeador sí que ha hecho un buen negocio en el Gobierno socialista. En la Administración, campa hoy por sus respetos con las cuentas públicas y el déficit público, para luego volver, cuando vuelva, maestro Ciruela, a la profesión, a enseñar economía… Como si nada hubiera pasado. Impunemente.

En España sucede que todo se perdona. La impunidad y la indemnidad son lo poco que queda de nuestro Patrimonio Nacional. ¡Viva Berlanga! ¿Por qué será? Será, tal vez, por un resabio de catolicismo social; no oficial, pero muy práctico y extendido. O por efecto de su alternativa socialista, hoy en el poder, la religión cívica, concentrada en esta máxima: hoy por ti, mañana por mí.

Fernando Savater protesta en El País (¿dónde si no?) porque le recuerdan que un día confío en ZP ¡en materia de política antiterrorista! Ahora dice que no. Ahora es crítico y laico otra vez. Como antes de creer en Zapatero. Pero, ojo, así no hablaba Zaratustra. Así hablan los ex ministros y los cargos públicos caídos en desgracia, los artistas y sindicalitas subvencionados que ven la intención de voto y buscan un nuevo mecenas, los de la mamandurria y la bandurria, los que han bailado con lobos, los que siempre bailan, a la postre, al son de quien manda en cada momento.

Dicen que este Campa quería dejar el cargo hace meses. Y no digo esto en su descargo. El caso es que Campa el Sacrificado sigue en política, se pasa por el foro ese y oficia de economista liberal, a fuer de socialista. O al revés, como Indalecio Prieto.

¿Quién es Campa? La tormenta económica perfecta que no escampa. Ni contigo ni sin ti. Ni preocupado ni despreocupado. Igual que Tenerife, Mister No Problem tiene seguro de sol. Por eso está al sol que más calienta.

domingo, 14 de noviembre de 2010

PÍO MOA Y «LA NUEVA HISTORIA DE ESPAÑA»


Pío Moa, Nueva Historia de España. De la II Guerra Púnica al siglo XXI.

Luis Pío Moa (Vigo, 1948) es escritor, historiador, conferenciante, articulista y ensayista. Pero, por encima de todo, Pío Moa es un auténtico fenómeno social y cultural en España. Ha escrito decenas de textos de historia y de ensayos políticos, muchos de los cuales se han convertido en auténticos best-seller, así como centenares de columnas y artículos periodísticos en distintos medios de comunicación. Algunos de sus textos más conocidos, publicados antes del año 2000, son Los orígenes de la guerra civil, Los personajes de la República vistos por ellos mismos y El derrumbe de la República y la guerra civil, que componen una trilogía dedicada a Segunda República y al Guerra Civil española con la que cambió radicalmente la perspectiva interpretativa dominante (y prácticamente hegemónica) hasta la fecha sobre el primer tercio del siglo XX español.
Esta revisión propuesta de la exégesis canónica de nuestra historia reciente tuvo su confirmación en el libro Los mitos de la guerra civil (2004), volumen que bate todos los récord de ventas en un texto de esta naturaleza (y de más de 600 páginas) con el que alcanza gran popularidad, no exenta de polémica. También de 2004 es su trabajo Una historia chocante: los nacionalismos catalán y vasco en la historia contemporánea de España. Otros libros de gran recepción publicados por el escritor son: Años de hierro: España en la posguerra 1939- 1945 (2008), Franco, un balance histórico (2005) y Franco para antifranquistas (2009) y La democracia ahogada (2009).
Autor de una producción bibliográfica muy considerable, ha logrado convertirse en un personaje casi legendario, tanto por el tremendo éxito de ventas que han tenido sus libros como por la repercusión crítica que tienen (y aun las pasiones que suelen levantar). Dos rasgos estos, autor de éxito y polemista sin concesiones, que en un país como España (cuyo primer pecado capital reconocido es la envidia) resulta difícil de perdonar. Especialmente, por parte de los sectores de la sociedad que son puestos en evidencia a lo largo de su obra.
En primer lugar, el gremio de historiadores, instalados mayoritariamente en las cátedras universitarias, que consideran intolerable que un historiador «no profesional» (es decir, no perteneciente a su gremio) alcance tanta notoriedad entre el público lector, en muchas ocasiones mostrando las insuficiencias e incorrecciones de la «Historia oficial» ofrecida por aquéllos en sus manuales.
Y, en según lugar, porque Pío Moa ha presentado una visión de la historia contemporánea española (y, muy en particular, de la Guerra Civil) en abierta contradicción con la interpretación «de izquierdas» o marxista, prácticamente indiscutible hasta entonces. Que el mismo Pío Moa fuese militante de la izquierda política durante el franquismo, expulsado del PCE (r)- (Grapo) en 1977, así como que conozca de primera mano el material y buena parte de la visión historiográfica que se ha decidido a refutar, le otorga al caso un especial interés. En consecuencia, para la «Historia oficial y ortodoxa», Pío Moa vendría a ser un impostor. Y para la izquierda política militante, un traidor que se pasa al otro «bando». Con todo, Pío Moa, cuando se le acusa de defender una visión «reaccionaria» de la Historia, simplemente responde señalando que su principal fuente de documentación es la «Fundación Pablo Iglesias» del PSOE.
Con su último trabajo, Pío Moa da un paso más allá en la particular tarea divulgadora de la historia que lleva a cabo, y lo convierte en candidato a la lista de eminentes «heterodoxos españoles». Se trata de Nueva Historia de España. De la II Guerra Púnica al siglo XXI. Obra ambiciosa y nada fácil, consistente en resumir en sólo volumen el origen y despliegue  histórico de una de las naciones más antiguas y relevantes del mundo. Una empresa intelectual que tiene un referente difícilmente superable en el ensayo histórico firmado por Salvador de Madariaga y titulado sencillamente España.
Pío Moa no quiere, sin embargo, emular aquí a los grandes intelectuales Españoles (o no sólo). Su expresa intención consiste en acercar al gran público el devenir de un país que acaso no es amado más por sus nativos por el hecho de apenas conocerlo. Libro, en suma, sin aparato crítico ni notas al pie de página, poco académico, como de él esperan sus muchos lectores, y que, como siempre, le reprocharán sus detractores. Con todo, los mapas y el índice onomástico no faltan, por ser imprescindibles en cualquier ejemplar de historia.
Libro, en definitiva, sincero y, como ya se ha dicho, dentro de su sobriedad, ambicioso. Una muestra de este hecho lo advertimos en la voluntad del autor (heterodoxo, al fin y al cabo) de no seguir el patrón usual de la Historia, cuando considera mejor proponer una alternativa. Así, dejando atrás la añeja división de la historia según la clasificación convencional (Edad Antigua, Media, Moderna y Contemporánea), divide el libro en partes coincidentes con sus nociones alternativas: Edad de Formación: la Hispania romana; Edad de Supervivencia: Nación política y primera Reconquista; Edad de Asentamiento de Europa y fin de Al Ándalus; Edad de Expansión: auge y declive de España; Edad de Apogeo de Europa y crisis de España.


jueves, 11 de noviembre de 2010

MILENARISMO Y ETERNO RETORNO



Tom Holland, Milenio. El fin del mundo y el origen del cristianismo, Planeta, Barcelona, 2010, 548 páginas
Tom Holland, nacido en una población próxima a Oxford (Reino Unido) en 1968, titulado en latín e inglés por el King’s College de Cambridge, es novelista e historiador, pero, sobre todo, un notable comunicador. Además de haber adaptado a Homero, Herodoto, Tucídides y Virgilio para la BBC Radio, ha demostrado ser un autor que controla hábilmente el momento y la circunstancia en la promoción de sus obras. El lanzamiento comercial de su primer estudio histórico, Rubicón: auge y caída de la república romana (2005), coincidió con la emisión de la celebrada serie televisiva Roma, producida por la BBC. Y, asimismo, Fuego persa. El primer imperio mundial y la batalla por Occidente (2007), su segundo ensayo, tuvo una especial difusión al compartir las situaciones ahí recreadas con el argumento de la película 300, centrado en la sangrienta batalla de las Termópilas.
Escritor preocupado por la épica, histórica y literaria, y, en particular, por el origen y destino de Occidente, no sorprende demasiado que haya sido seducido ahora por el asunto del «El fin del mundo y el origen del cristianismo», subtítulo en la edición española de Milenio (2010), último trabajo de Holland publicado hasta la fecha. Recién iniciado el tercer milenio, y cuando todavía está próximo en el recuerdo el revival Nostradamus, así como la ansiedad asociada al «efecto 2000» en nuestra actual sociedad informatizada, no resulta ocioso tampoco retroceder dos colosales peldaños para examinar cómo concluyó el primer milenio de nuestra civilización, el «Milenio» por antonomasia.
Fin del Milenio: ¿culminación o acabamiento del mundo? Este vencimiento de fechas en el calendario conmovió profundamente a nuestros antepasados. Al calor del fuego de espíritus atemorizados, prendió la llama del milenarismo, la angustia por el fin del mundo y el Juicio Final. El siglo V certificó la caída del Imperio romano en el área occidental, y, según mantiene gran parte de la interpretación histórica, hubo que esperar hasta el Renacimiento, la Reforma y la Ilustración para que Occidente asumiera la primera posición en el dominio global. Aunque tal vez tal acontecimiento ocurriese bastante antes. En el año 1000, el mundo no sólo no perece, sino que, tras el temido y no consumado Apocalipsis, la Cristiandad protagoniza un siglo —el XI— en el que vemos asentarse los cimientos de nuestro modo de vida.
He aquí, en efecto, el criterio que Tom Holland defiende a lo largo de las más de quinientas páginas de Milenio. La cronología de nuestro primer milenio es contabilizada en el libro desde año 33, fecha de la muerte y resurrección de Jesucristo, hasta el año 1099, cuando tiene lugar la toma de Jerusalén por los cruzados. En dicho intervalo de tiempo transcurre el relato de unos hechos cruciales, de invasiones y colapsos sociales, en el que surge la orden de la caballería y son erigidos los primeros castillos, y en el que, en suma, los califas, los vikingos y los abades se disputan el destino de la civilización.
La demarcación de fechas sostenida por Holland contiene un profundo sentido simbólico. Al margen de la disputa sobre cómputos y dataciones, cabría advertir al respecto una circunstancia notable hecha patente en la crónica que firma sobre milenios, presagios y renacimientos. Es esta: la anunciada destrucción del mundo, unida a su posterior y efectivo resurgimiento, conforma un hecho fenomenal que atestigua la reunión en un mismo destino de la mitología y la metafísica del eterno retorno griego con el imaginario religioso cristiano. En el «oráculo milenarista», vale decir, tanto la Antigüedad clásica como la Cristiandad renacen de sus cenizas, se acrisolan y perpetúan en el tiempo, cual Ave Fénix de una civilización milenaria que bastantes cabezas, alucinadas u hostiles, daban por perdida.
En nuestros días, otros milenaristas, cruzados de la paz verde, de la renovada y reactiva religión del ecologismo, sustituyen el culto a la Cruz por una devoción compartida, a medias con la Tierra, a medias con la Luna. Son quienes en el tercer milenio anuncian, con su particular retórica catastrofista, la última hora del planeta azul. Acaso, inflamados por las tesis calamitosas del calentamiento global y el cambio climático, no se den cuenta de que tras su sumarísimo juicio y su pregonado fin final una nueva era de esplendor esté por venir.



lunes, 8 de noviembre de 2010

UN «TEA PARTY», POR FAVOR

Columna de César Vidal publicada con el título de «Tea Party» en


«He comentado en más de una ocasión la ignorancia escandalosa que demuestran en España políticos y medios de comunicación al hablar de EEUU.
Siguiendo tan bochornosa tradición, se han ido acumulando los comentarios de la progresía sobre el Tea Party, calificándolo como "ultra-conservador" o "extrema derecha". En esa misma línea progre, ese derrochador vergonzoso del dinero del contribuyente llamado Tutangallardón se ha sumado al ataque. No me sorprende, porque, con ese partido, desde los titiricejas a un gastador compulsivo como Gallardón pasando por los liberados sindicales no tendrían otro futuro salvo el pavoroso de trabajar honradamente.

El Tea Party defiende, fundamentalmente, tres principios. Uno, que los políticos deben responder ante sus electores por sus acciones. Dado que, si hubiera listas abiertas, a Gallardón no lo votaría ni su difunto padre, y que Leire Pajín no llegaría ni a conserja, no me extraña su ira ante el Tea Party. Dos, que los políticos deben responder de la manera en que se gastan nuestro dinero. Eso podría llevar a Gallardón a una cadena de reclusos picando piedra en el estado de Louisiana y a sindicatos y gobiernos autónomos a Alcatraz si aún estuviera abierta, de modo que también se comprende su resistencia. 

Por último, que los políticos no tienen derecho a subir los tributos a su capricho. Un miserable que ha triplicado el impuesto sobre las viviendas y multiplicado el de basuras para construirse una mastaba en Cibeles debe sufrir ataques epilépticos ante semejante principio, y no digamos los que lo mismo crean embajadas catalanas en el extranjero que dan dinero a los gays y lesbianas de Zimbabwe.

Sin embargo, para cualquiera que sepa de lo que habla el Tea Party, es una de las manifestaciones más nobles de la política en cualquier parte del mundo durante las últimas décadas. La manera en que han triunfado en las elecciones lo corrobora. Desgraciadamente para los ciudadanos de a pie, no hay posibilidad de que exista en España. Aquí ni tuvimos en su día Reforma, ni revolución puritana, ni revueltas para no pagar impuestos. Quizá por todo eso ZP está en la Moncloa y Gallardón es alcalde de Madrid.»


César Vidal es historiador y director del programa La Noche de Es.Radio.

viernes, 5 de noviembre de 2010

CAZA DE BRUJAS CONTRA SÁNCHEZ DRAGÓ




Albert Boadella y Fernando Sánchez Dragó, Dios los cría… y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción…, Planeta & άLTERA, Barcelona & Madrid, 2010, 348 páginas.

Albert Boadella (Barcelona, 1943) es actor, director y dramaturgo. Formado en centros dramáticos de Estrasburgo y París, funda su propia compañía de teatro, Els joglars, en 1961, con la que ha montado más de treinta espectáculos, películas y series de televisión, labor que ha alternado con la enseñanza y la escritura. Entre sus producciones teatrales más célebres podemos citar La Torna (1977), que motivó su encarcelamiento, posterior fuga y exilio en Francia; Operació Ubú (1981); Teledeum (1983); Visanteta de Favara (1986); Yo tengo un tío en América (1991); Ubú President (1995); Daaalí (1999); En un lugar de Manhattan (2005); Controversia del toro y el toreo (2006; La última cena (2008). Es autor de los libros El rapto de Talía (2000); Memorias de un bufón (2001) y Adiós Cataluña (2007). Tras «transterrarse» a Madrid, a causa de la hegemonía nacionalista gobernante en Cataluña, es desde enero de 2009 director artístico de los Teatros del Canal de Madrid y del Teatro Auditorio San Lorenzo del Escorial.
Fernando Sánchez Dragó dice de sí mismo que es hijo natural de Madrid (1936) y adoptivo de Soria (1992). Estudió Filosofía y Letras en la Complutense (secciones de Románicas y de Italiano) y participó activamente desde los años cincuenta en la oposición política al franquismo, lo que le costó cinco procesos, diecisiete meses de cárcel y siete años de exilio. Hoy se define como «anarcoindividualista». Viajero infatigable, ha recorrido setenta y cuatro países y ha sido profesor de Historia, Literatura y Lengua Española en trece universidades de España y del extranjero. Ha trabajado como reportero de prensa en múltiples países de Asia, África y América, y ha colaborado, asimismo, en la Radiotelevisión Italiana, en la Japanese Broadcasting Corporation (NHK), en las publicaciones del Grupo 16, en la cadena SER, en Radiocadena (donde obtuvo el Premio Ondas en 1988) y en Televisión Española. Actualmente dirige y presenta en La 2 el programa de libros «Negro sobre blanco» y en Telemadrid, los espacios«Dragolandia» y «Noches blancas». Es colaborador habitual de El Mundo, Época, Onda Cero, la COPE y otros medios de información. Como escritor ha publicado Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978, y Premio Nacional de Literatura en 1979); La España mágica (1983); Finisterre (sobre viajes, travesías, naufragios y navegaciones, 1984); Del priscilianismo al liberalismo. Doble salto sin red (1987); Volapié, Toros y tauromagia (1987); Discurso numantino (Segunda y última salida de los ingeniosos hidalgos Gárgoris y Habidis, 1995); Diccionario de la España mágica (1997); Historia mágica del Camino de Santiago (1999); Carta de Jesús al Papa (2001); Libertad, fraternidad y desigualdad. Derechazos (2007); Y si habla mal de España… es español (2008); entre muchos otros ensayos y novelas.

 — Dragó: «[…] En el año 1967 —yo tendría unos treinta años— en Tokio, un día, al salir de una estación de metro de Ikebukuro, que era el barrio en el que yo vivía, me topé con unas lolitas.
Boadella: ¡Y dale con las lolitas!» (pág. 164).

Con estas palabras arranca el episodio protagonizado por Fernando Sánchez Dragó con dos nínfulas japonesas, descrito con detalle en el último libro escrito al alimón con Albert Boadella, Dios los cría… y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción…, y que ha provocado (el episodio, no el libro) reacciones airadas, escándalo y rasgado de vestiduras en parte de la sociedad española. Hasta ese momento, el título funcionaba bien en cuanto a ventas se refiere (ya va por la segunda edición). A partir de ahora, puede convertirse en un verdadero fenómeno editorial. En el libro en cuestión, Boadella y Sánchez Dragó hablan, ciertamente, de sexo (sobre todo, Dragó: de «Sexo, sexoo, sexooo», título de la Tercera Parte), pero también sobre muchos otros asuntos. Convocados por Javier Ruiz Portella, responsable de la edición (aunque no de las afirmaciones y opiniones recogidas en la misma), ambos personajes de las artes, las letras y el espectáculo ceden sus propias residencias para la ocasión, esto es, para celebrar un banquete o simposio dialógico a lo largo de varias sesiones y encuentros.

Una estancia en Castilfrío, en las Tierras Altas de Soria, a pocos kilómetros de la capital castellana, donde se ha afincado Sánchez Dragó, rodeado de felinos y libros, y una segunda estadía en Rupit, en la Cataluña profunda, no lejos de Vic ni de la troupe de joglars, desde donde domina la escena Boadella. He aquí los tiempos y los espacios de este duelo intelectual y de ingenio ejecutado por nuestros polifacéticos autores sin que haya mediado ofensa alguna y sin ánimo de competir entre sí. Sólo por el gusto de hablar y por el placer de polemizar.

Sin guión fijo, Dragó y Boadella intercambian experiencias de sus propias vidas y sus labores profesionales, atienden a asuntos de actualidad, disertan sobre lo divino y lo humano y sobre lo que siempre ha interesado al hombre. Por citar algunas muestras, los dos parlanchines, los dos espadachines de la plática, hablando en plata, dan un repaso al sistema educativo español, se preguntan por el sex appeal de Sarah Palin, elucubran sobre las izquierdas y las derechas, ensalzan la fiesta de los toros y maldicen los nacionalismos, denuncian tópicos e hipocresías sociales, comparten vivencias viajeras y especulan sobre el más acá y el más allá.

No se muerden la lengua los dos lenguaraces a la hora de hacer un comentario mordaz o una crítica… destructiva. Así han sido, son y serán los juglares y trovadores de todos los tiempos: picantes y picarescos, sin pelos en la lengua, contraviniendo la corrección política y las modas establecidas, tomándose la libertad de expresión sin esperar la venia ni que les sea concedida por la autoridad competente, sin contemplaciones y sin complejos. Y es que esperar mesura y compostura de un malabarista del verbo y del adjetivo, reserva y discreción a un bufón confeso y a un correcaminos sin fronteras, retraimiento y melindres a estos dos diestros del arte del espectáculo y el toreo de salón, es como sostener que un perro no muerde (muchos dueños de canes lo hacen cuando éstos gruñen y desafían a desconocidos) o jurar por lo más sagrado que un gato no araña (a ninguno de los dos contertulios se les ha comido la lengua el gato). O pedir peras al olmo.

Con todo, y como puede comprobarse en el mismo fragmento arriba señalado, Boadella y Dragó derrochan dos personalidades y caracteres de titán, pero también de lo más distintas (el editor del volumen los denomina «Dionisos Dragó» y «Apolo Boadella»). Por eso se llevan tan bien y tienen tantos temas para debatir. Por eso resulta tan entretenida la cháchara. Porque comparten el arte tan español de la tertulia, de la agudeza y el ingenio sazonados de sentido del humor y pimienta, porque participan de similar valentía intelectual y porque ni dictaduras políticas ni ideológicas les han hecho nunca callar. Por todo ello, Dragó y Boadella, a quienes Dios crió, se han juntado para hablar por hablar, como Fernando y Albert por su casa. Y para dar que hablar.