martes, 30 de agosto de 2011

'LA ECONOMÍA EXPLICADA A ZAPATERO Y A SUS SUCESORES. EN DOS TARDES' de PEDRO SCHWARTZ



Pedro Schwartz, La economía explicada a Zapatero y a sus sucesores. En dos tardes, Espasa, Madrid, 2011

En el verano de 2007, excepto aquellos directamente relacionados con el mundo económico y financiero, pocos españoles vivían pendientes de la economía, entendida como ciencia, pero también como realidad social. Podían contarse quienes sabían distinguir, con claridad y precisión, entre microeconomía y macroeconomía. Descontando a los inversores en Bolsa, un número muy escaso estaba pendiente de la evolución bursátil diaria. Entraba en un club selecto de expertos aquel que era capaz de nombrar a las agencias de rating, sin confundirlas con otras agencias de calificación. Hoy, en cambio, estos asuntos son noticia de portada en los periódicos, junto a las emisiones semanales de deuda pública de los Gobiernos. A casi todos suena ya qué es la prima de riesgo en bonos y obligaciones del Estado y el diferencial de la deuda.

En aquellos tiempos previos al estallido de la gran crisis económica que ha desestabilizado las principales economías mundiales y todavía no tiene visos de remitir, el Gobierno de España ―presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, secretario general del PSOE― estaba muy lejos de atender a esta preocupación. De hecho, algunos años después, todavía negaba la existencia de la crisis económica, por motivos políticos y electorales. Mientras tanto, la sociedad española, recibía intensamente en sus bolsillos y en sus carnes el impacto de la recesión y el paro masivo. Ahora bien, acostumbrada a una dependencia material y casi espiritual respecto al Gobierno de turno, tampoco acababa de creerse que la tormenta internacional fuese demasiado severa. Ni que fuese a afectar a nuestro país. Al menos esto repetía el Gobierno socialista todos los días, el cual ponía al mal tiempo buena cara, y con una nota de color adornaba el escenario de depresión general a base de brotes verdes.

He aquí dos síntomas fenomenales de la situación española en el momento presente que el veterano y muy competente economista Pedro Schwartz ha identificado en su último libro La economía explicada a Zapatero y a sus sucesores. En dos tardes― como las claves de nuestra crisis. Por un lado, la ciega y casi patológica inclinación estatista de los españoles en confiar más en la intervención de las autoridades para solucionar los problemas que en su propio esfuerzo e iniciativa. Por otro lado, está la supina (y descarada) ignorancia que han demostrado los miembros de la actual Administración en materia económica, un déficit que no sólo ha afectado a los miembros del Ejecutivo, sino que alcanza incluso al mismo Presidente del Gobierno.



La anécdota de la conversación cogida in fraganti por los micrófonos del Congreso de los Diputados en septiembre de 2003, cuando Sergio Sevilla y el propio Zapatero ocupaban los sillones de la oposición, es muy conocida. Tanto que sirve de pretexto al autor para darles unas lecciones de economía, y aplicar de paso un correctivo a los actuales dirigentes de la nación.


Sevilla: Esto está chupao, a no ser que quieras hacer una tesis doctoral.
Zapatero: Sí, pero es complicado… tú prefieres que lo entienda ¿no?
S.: Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores. Has dicho que aumenta la progresividad en lo del sistema fiscal y lo que aumenta es la regresividad... pero son chorradas.
Z.: ¿He dicho progresividad?
S.: Lo que tú necesitas saber para esto… son dos tardes.
Z.: ¿Sabes lo peor de todo esto? Que me gusta.


Pedro Schwartz ha querido ser generoso y le ofrenda al todavía Presidente Zapatero (y a sus sucesores), no dos, sino tres tardes, tres sesiones teóricas y prácticas de macroeconomía. Para empezar, ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Dónde y cuándo se generó la crisis financiera que, además de deprimir, en todos los órdenes, a ciudadanos y naciones, ha echado por tierra viejos mitos? Por ejemplo, que los Estados no quiebran, son un valor seguro y el último bastión de las sociedades frente al riesgo, definido o indefinido, parcial o global, de confianza y solvencia económica.

La segunda tarde la dedica «a criticar viejas teorías falsas y bien falsas, que aún tienen predicamento en la opinión, incluso académica» (pág. 232). Como muestra: las fantasías y pasos en falso de John Law, Thomas Robert Malthus y Karl Marx; las ensoñaciones redistributivas de John Stuart Mill; la utopía ruinosa del Estado del Bienestar patrocinada por Bismark, Rooselvelt y Beveridge; y la voracidad recaudadora y la política económica expansionista preconizadas por John Maynard Keynes. Finalmente, el profesor Schwartz enuncia diez pasos en dirección a la «sabiduría macroeconómica», diez recetas ilustradas con ingeniosas parábolas: Alicia y la Reina despótica; la leyenda del rey Midas; la «moneda del Dr. Frankenstein» (o sea, el euro), etcétera.

La ingeniería social y económica, empleada sobre los pueblos, produce miseria, destrucción del tejido económico, social y hasta espiritual, además de una corrupción generalizada. Tamaña agresión a las sociedades nace, entre otras causas, de una creencia muy nociva, a saber: que hay políticas «económicas alternativas», y están a disposición de políticos y ciudadanos, según sea su ideología. Sucede, no obstante, que con ideología no se hace economía. Las políticas económicas se conciben y establecen entendiendo las leyes y regularidades de una ciencia social, si no perfecta, tampoco contraria a las leyes naturales.

En los últimos años España ha seguido una senda peligrosa que le hace mirar el abismo. ¿Optimismo? ¿Pesimismo? Esta es la reflexión con la que cierra el profesor Schwartz su valiosísimo libro: «Me ilusiono con que la economía y las instituciones de nuestro país se parezcan cada vez más a las de Alemania o Suiza y cada vez menos a las de Argentina.» (pág. 235)


Pedro Schwartz (Madrid, 1935) es economista y Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Desde 1970 ha sido Profesor de Economía en tres Universidades españolas. Actualmente es profesor extraordinario de la Universidad San Pablo CEU donde enseña Historia del pensamiento económico, dirige el Centro de Economía Política y Regulación, y coordina las enseñanzas económicas en la Facultad de Ciencias Políticas, es secretario del Think Tank Civismo y miembro de su Fundación Pro Libertate. Es autor de una larga serie de textos académicos y ensayos. De entre los últimos publicados en España cabe destacar: En busca de Montesquieu: la democracia en peligro (2009)



viernes, 26 de agosto de 2011

EN EL MERCADO Y ¡CONTRA EL MERCADO!


En mi retiro veraniego cerca del mar (qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo), la posibilidad ―o sea, la libertad― de sintonizar determinadas emisoras de radio en el dial resulta más complicado de lo habitual. Empieza a amanecer, enciendo el radiodespertador, a ver qué cuentan las noticias

La SER se coge con facilidad y buen sonido (y aun con estruendo), pero no quiero empezar el día con una subida de la presión sanguínea. Opto, qué remedio, por Onda Cero. Carlos Herrera está de vacaciones, y, ay, Carlos Rodríguez Braun, también. En su lugar, varias señoritas (o jóvenes señoras) ejercen de sustitutas. O de becarias. La capacidad de informar y comunicar es ordinariamente penosa. Pero, esta mañana se han superado.

Comentando la tragicomedia de los políticos en España a cuento de la reducción del déficit público (esa cosa tan reaccionaria), escucho que tal vez con esta iniciativa del Gobierno y la oposición «se calmen los especuladores» (¿!). Finalmente, la locutora insiste en la cuestión, y, por si la cosa no estaba clara, remata la faena: a ver si ahora «los mercados nos dejan en paz». Me levanto de la cama y corro a tomarme una pastilla.

Poco después, algo reconstituido, hago el primer repaso a los diarios en Internet. Encuentro una nota de prensa que parece explicar el ardor antisistema de las chicas guerreras de «Herrera en la Onda» (o mejor, Herrera en vacaciones y sin control del medio). He aquí el titular: «Zapatero atisba el fin de su sueñomediático con la fusión de La Sexta y Antena 3».

Es suficiente con esto. No me digan más.  El empresario comunista Jaume Roures y el grupo empresarial que dirige, Mediapro, están detrás del caso. De manera que Onda Cero (Grupo Antena 3) debe ponerse al nivel de La Sexta y el diario Público. Ya veremos cómo se resuelve este asunto. Quiero decir: a ver si los especuladores y los mercados dejan en paz a las chicas de Onda Cero, y, sobre todo, les conservan el empleo. Y Dios la vista...
  
Leyendo completa la nota de prensa en El Confidencial, me encuentro con un subtítulo que intenta explicar la situación de estas empresas de comunicación: «Entre la mala gestión y el yugo del mercado» (?!). Me levanto de la silla y corro a tomarme otra pastilla. 



miércoles, 24 de agosto de 2011

¡GOBIERNO, RÓBAME, S’IL VOUS PLAÎT!




   «Varias de las mayores fortunas y de los principales empresarios de Francia, incluyendo a la multimillonaria heredera de L'Oreal, Liliane Bettencourt, y a los consejeros delegados de multinacionales como Veolia, Danone, Total o Société Générale, han firmado una propuesta en la que solicitan al Gobierno que establezca una "contribución excepcional" que grave a las rentas más elevadas y colaborar así en el "esfuerzo solidario" necesario para respaldar el futuro económico del país galo.

   »”Nosotros, presidentes y directivos de empresas, hombres y mujeres de negocios, financieros, profesionales o ricos, pedimos la instauración de una contribución especial que afectará a los contribuyentes franceses más favorecidos", expone la carta publicada por el semanario galo Le Nouvel Observateur.

    »”Somos conscientes de que nos hemos beneficiado plenamente de un modelo francés y de un entorno europeo con los que estamos comprometidos y que queremos ayudar a preservar", señala la misiva, firmada por 16 de las mayores fortunas y principales empresarios del país galo.

   »Esta contribución no es una solución en sí misma, por lo que tiene que formar parte de un esfuerzo más amplio de reforma, tanto de los gastos como de los ingresos", reconocen los promotores de la propuesta.

    Asimismo, los firmantes de la carta subrayan que "en un momento en el que el déficit de las cuentas públicas y las perspectivas de un agravamiento de la deuda del Estado amenazan el futuro de Francia y de Europa, en un momento en el que el Gobierno nos pide a todos un esfuerzo de solidaridad, nos parece necesario contribuir”».

EUROPA PRESS, 23 de agosto de 2011


¡Lo que hay que ver, leer y escuchar! El complejo de culpa, la autoinmolación, la flagelación, el oportunismo, el abandono de sí mismo, la renuncia de lo que es suyo y le corresponde, alcanza en las gentes de Occidente unos niveles próximos al más tremendo de los delirios.

Pocos días después de los atentados terroristas del 11-S en Estados Unidos ― a punto está de cumplirse los diez años de la vesania―, perpetrados por Al Qaeda, multitudes occidentales, indignadas con Occidente, salían a la calle para celebrar el «castigo al imperialismo americano». En los muros de muchas calles de Europa (esa Europa que acababa de celebrar el derribo del Muro de Berlín) podían leerse frases de este género: «¡Osama, mátanos!». ¡Demonios! ¡Esto sí es violencia!

 Ahora, el republicanismo engagé de ricos acomplejados se manifiesta en la pasarela parisiense. Según leemos en la nota de prensa de Europa Press, algunas grandes fortunas solicitan al Gobierno galo que les suba los impuestos, porque quieren contribuir más con la causa del gasto público. ¡Extraña manera de contribuir, apelando a la coacción! ¿No es suficiente con crear empleos y riqueza mediante la actividad empresarial? ¡Curiosa forma de hacerse publicidad! ¿Se apuntan a la moda posmoderna de Benetton y sus pasados mensajes demagógicos?

Con todo, la pregunta principal es la siguiente: si desean contribuir y regalar dinero a la Nación, a la sociedad, ¿por qué se lo dan al Estado? ¿Por qué no hacen donaciones voluntarias? ¿Por qué no promueven el mecenazgo particular? ¿Por qué no hacen ayuno y ayudan económicamente a la sección francesa de Caritas? ¿Por qué no recurren a la libre iniciativa, en lugar de exigir que se obligue a todos a comulgar con su fe republicana socializante y su desprendimiento forcé? ¿Por qué no consultan a otro asesor fiscal más honesto a la hora de tomar decisiones? ¿Creen que todos los ricos son de su condición...?

Hay muchos individuos (la mayoría) que han hecho fortuna con buenas artes, a base de esfuerzo, asumiendo riesgos, invirtiendo sus bienes, hipotecando sus propiedades, sin halagar al poderoso ni al político, sin trampas, sin fraudes ni mentiras, respetando la libre competencia. Y sin engatusar al público.

¿Por qué pagar justos afortunados y pobres contribuyentes por predicadores republicanos a lo Mitterrand o a lo Robespierre?


lunes, 22 de agosto de 2011

JUVENTUD, DIVINO TESORO


Independientemente del grado de religiosidad de cada uno, más allá del nivel de las creencias confesionales y espirituales, debe reconocerse sin reservas que la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, culminada con la visita de Benedicto XVI, ha supuesto un indiscutible acontecimiento a escala planetario (éste sí, querida). Resulta gozoso ver concentrados a millones de jóvenes, de modo pacífico, mandando al mundo un mensaje de paz y de esperanza, de tolerancia. Miles y miles de jóvenes hermanados, recogidos, abiertos, también rezando, concentrados en sí mismos...

Sea uno creyente católico o no, la contemplación de semejante manifestación de fe y solidaridad, proporciona satisfacción y contento a nuestro ánimo. A las gentes de bien, digo. ¡Ánimo, pues!


Dos mensajes apostólicos han sido, a mi juicio, los más relevantes de entre los que hemos escuchado: «No os avergoncéis» y «No tengáis miedo» (por el hecho de ser cristianos y de practicar el cristianismo). ¿Por qué justamente estos mensajes? Muy sencillo. La propaganda imperante en la actualidad ha asentado un sistema de creencias en la sociedad, no a base de bien, sino por las bravas, a fuerza de corrección política y de coacción. La corrección política, conlleva pensamiento único, relativismo, progresismo, laicismo, apología de la marginalidad y la transgresión, del desafuero y la anomalía. La coacción es ejercida tanto de modo directo como indirecto: mediante la intimidación física y mental, la amenaza personal y el chantaje emocional, la vigilancia ideológica y el marcaje político.

Toda esta propaganda golpea a las sociedades occidentales día tras día en las escuelas, las universidades, los medios de comunicación, en la calle, en las redes sociales, en los foros de opinión. Los comisarios políticos de la religión laica trabajan sin descanso y sin cuartel. La izquierda política y social, a diferencia de la derecha, está permanentemente movilizada, vigilante, en alerta, ojo avizor, celosa de su breviario, no vaya a ser cuestionado ni criticado o puesto en cuestión. El castigo para quien lo incumpla es represión o marginación, según los casos y el momento.

La juventud es el sector de la población más vulnerable a semejante situación de dominación ideológica y contra-cultural: tiene menos defensas y está más preocupada por la imagen.

― Si no juegas nuestro juego, entonces, amigo mío/amiga mía, no juegas con nosotros...

Según proclaman el mito y la leyenda urbana, no se puede ser joven sin ser así


¿Otra juventud es posible? No, otra juventud es real. La realidad de la juventud es distinta de la que pinta la doctrina oficial. Hay vida y libertad, juventud y alegría, diversión y compañerismo, más allá del prontuario totalitario de la izquierda política y del progresismo, del botellón y las movidas del 15-M.

Los jóvenes del mundo lo han demostrado esta semana en Madrid. Lo demuestran todos los días, discretamente, sin alardes, sin presumir. Son más y mejores que quienes tanto les odian y tanto resentimiento les tienen. Más y mejores que quienes les insultan y se burlan de ellos. Simplemente, por ser jóvenes normales, por poner a los otros (a quienes se creen los únicos, los unos, siendo, en cambio, como los hunos) en evidencia. Sencillamente, por ser jóvenes como Dios manda...

viernes, 12 de agosto de 2011

¿SUEÑA TODAVÍA LA IZQUIERDA POLÍTICA ESPAÑOLA CON LA REVOLUCIÓN?



¿Quién ha dicho que España no es diferente? A diferencia de las movilizaciones, disturbios, revueltas, manifestaciones y otras movidas, protagonizadas por grupos, más o menos numerosos, que sacuden las calles de las ciudades europeas en estos últimos tiempos, la agitación practicada en España tiene un carácter propio: antisistema y revolucionario.

Aquí no hay protestas por lo caro que está el pescado: aquí se toma la sopa boba. Ni quejas por no tener trabajo: trabajar, según el pensamiento único progresista y sindical, significa ser explotado por el patrono. Ni cabreo por el  gasto y despilfarro de las administraciones públicas: piensa el pillo que alguna tajada sacará de esa sandía abierta en canal que es España. Mas sépase que de la rajada sandía  sale fácil una sangría

Aquí las voces en la calle claman contra el sistema capitalista, que es muy malo y muy salvaje. No piden adelanto electoral ni cambio de Gobierno. Exigen acabar con los empresarios, y quedarse con todo el poder, para el pueblo, para las masas, para ellos. Como en los viejos tiempos.


En España, para empezar, a los revoltosos y los alborotadores se les denomina «indignados», reconociéndoles así una parte de «razón», o mucha. «¡Hay motivo!», ¿recuerdan el eslogan? Se les excusa, en suma, su proceder levantisco, coactivo y violento. Actúan, dicen, por un objetivo justo y razonable. En el fondo, tienen buena intención, o sea.

La mayor parte de la prensa y las televisiones aplica el calificativo «indignados» a todo aquel que sale a la calle, fuera o dentro de España, y no precisamente a trabajar (papá, yo quiero una subvención), a dar un paseo (los indignados no pasean, saltan) ni de compras (en cualquier caso, van de saqueo). Pocos españoles reconocen no sentir simpatía por el ideal de estos pobres chicos... Al menos el que les movía al principio, cuando nació lo que se ha dado en llamar «movimiento 15-M». Tal cosa puntualizan las almas cándidas, que no quieren pasar por reaccionarias.

 Y es que en el Reino de España, hay algo que desde el primer Soberano hasta el último soberanista periférico, temen más que el equipo de fútbol de sus sueños baje de categoría: ser tildado de «facha». En los viejos tiempos, el gran pecado era mentar a la madre. Pero en estos días de laicismo y crisis familiar, ha ido cumpliéndose el vaticinio antivaticanista del antiguo líder socialista Alfonso Guerra: con los socialistas en el poder, a España no la va conocer ni la madre que la parió. Con la socialización de los valores, la madre está en boca de todos. Y nada sagrado se respeta. Ni al padre ni a la madre ni al Santo Padre. Aunque venga de visita. ¿Será porque el Papa también es un «facha» por lo que la UGT monta una huelga de metro para boicotear su estancia entre nosotros?


Con el socialismo en España llegó el cambio. Todo ha cambiado, en efecto. Todo, menos los propios socialistas. La tendencia nativa insurrecccional de la izquierda ha quedado más que confirmada con la etapa Zapatero, el nieto del capitán Lozano. Y no quiero ni pensar lo que pueda ocurrir con una victoria electoral del equipo socialista de repuesto. 

De momento, aquí manda Rubalcaba, ese Fouché pasado de revoluciones, quien, siendo Ministro del Interior, no se frenó a la hora de marcar límites de velocidad al automovilista español. También manda mucho la jefa de campaña socialista Elena Valenciano, ese samovar post-soviético con alma de Pasionaria que mantiene viva en el cuerpo la llama de la revolución.



No sé si la izquierda política española está delante de los «indignados».  Pero, ¿quién negará que está detrás? Socialistas y comunistas cortejan a los del 15-M porque está próximo el 20-N. ¿Quieren sus votos? No, anhelan otra cosa. ¿Qué cosa?

¿Sueña todavía la izquierda española con la revolución?



viernes, 5 de agosto de 2011

SLAVOJ ŽIŽEK PRESENTA A ROBESPIERRE. VIRTUD Y TERROR




Slavoj Zižek presenta a Robespierre. Virtud y terror, Introducción a cargo de Slavoj Žižek, textos seleccionados por Jean Ducange, traducción Juan María López de Sa y de Madariaga, Akal, 2011


Es común en los estudios de historia y teoría política, situar el acta de nacimiento de la izquierda política ―o izquierda revolucionaria― a partir de la Revolución Francesa en 1789. La constitución de la Asamblea Nacional en París, que arrancaba de raíz el régimen monárquico, y la ubicación topográfica de las tendencias políticas en la cámara (a ambos lados de la misma, según se mira la tribuna de oradores), dieron nombre y arquetipo a una corriente política, y a su opuesta, que continúan hasta nuestros días. Las situaciones (o «coyunturas») históricas  y las localizaciones geográficas han propiciado, entre otras causas, las distintas variaciones clásicas de la marca común y originaria que la identifica: marxismo-leninismo, anarquismo, socialismo, comunismo, trotskismo, maoísmo, socialdemocracia, etcétera. Pero para conocer la fuente inspiradora que ilumina el sentido último y profundo de este movimiento histórico definido por su afán transformador de la sociedad, conviene no perder de vista las circunstancias que le dieron vida ni el discurso de sus padres fundadores.

La izquierda política ansía alcanzar el poder a fin de imponer en la sociedad un programa radical de cambios en todos los órdenes: político, social, económico, ideológico, moral y de las costumbres de los individuos. Accede a las altas magistraturas de la gobernación o por la fuerza y la violencia expresada en la «voluntad general» o por vía electoral, muestra de la «voluntad popular», que los líderes del movimiento dicen, en cada momento, representar. Aunque no siempre se reconozca, por razones de oportunidad o imagen, debe saberse que en las fuerzas políticas de izquierda, la violencia y el terror como vías para llegar al poder y para afirmarlo, están en el germen y el corazón de la «República».

Con mayor o menor énfasis, las tendencias contemporáneas de pensamiento político, actualizan o ponen al día el mensaje tradicional de la izquierda. Para ello inciden precisamente en el asunto central del republicanismo, además del progresismo como atributos determinantes de la práctica política; dos rasgos que sirven, a su vez, de denominaciones presentes de una misma trayectoria. El republicanismo, en concreto, remarca en todo momento el fundamento «virtuoso» de la izquierda. Esta atribución le sirve, por un lado, para justificar las consecuencias (a menudo, traumáticas, dolosas y dolorosas) de la ejecución de sus políticas, y, por el otro, para dotarse de una aureola que la equipara a la Moralidad, de la que se dice única representante.

Pues bien, la base doctrinaria de la argumentación está en Robespierre, uno de los dirigentes más emblemáticos de la Revolución Francesa, y del Terror que la sucedió. Una de sus más sobresalientes cabezas, la cual perdió por orden de quienes se consideraban dentro del movimiento más virtuosos y revolucionarios que aquél. Maximilien François Marie Isidore de Robespierre proclamó en una de sus célebres soflamas:

«Si el principal instrumento del Gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, en momentos de revolución deben ser a la vez la virtud y el terror: la virtud, sin la cual el terror es funesto; el terror, sin la virtud es impotente. El terror no es otra cosa que la justicia rápida, severa e inflexible; emana, por lo tanto, de la virtud; no es tanto un principio específico como una consecuencia del principio general de la democracia, aplicado a las necesidades más acuciantes de la patria.» (Robespierre, «Informe sobre los principios del Gobierno revolucionario, realizado en nombre del Comité de Salvación Pública. 25 de diciembre de 1793/5 de nivoso del año II»).

Una antología de las más notables disertaciones de Robespierre puede encontrarse en el volumen Virtud y Terror, que introduce y presenta el profesor, filósofo, ensayista y activista político esloveno Slavoj Žižek.

 Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) es Investigador Senior en el Instituto de Estudios Sociales de Ljubljana, Eslovenia. Estudia psicoanálisis en la Universidad de París VIII Vincennes-Saint-Denis, donde se doctoró. Su tendencia intelectual se mueve en los dominios del extremismo político de izquierda, esto es, entre el comunismo y el anarquismo. De amplia producción cabe destacar El acoso de las fantasías (1992), El sublime objeto de la ideología (1999), Repetir Lenin (2004), Bienvenidos al desierto de lo Real (2005), Leon Trotsky / Slavoj Zizek,Terrorismo y comunismo. Slavoj Zizek presenta a Trotsky (2009).

He aquí una buena oportunidad para conocer de primera mano tanto el doctrinario primario y «puro» de la izquierda política cuanto su defensa y apología más desinhibidas de la violencia política. Un pliego de descargo, en suma, que excusa los virtuales «excesos» derivados del celo revolucionario, e incluso los reafirma y exalta sin ningún género de «autocrítica» ni sentimiento de culpa. La dictadura del proletariado, el totalitarismo, la coacción como arma política, el terror, no son, según esto, sino expresiones de la «violencia divina» (concepto prestado de Walter Benjamin para singulares objetivos), un efecto necesario del binomio Virtud-Terror.



Wladimir Iilich Ulianov (Lenin) hizo célebre la canónica coartada del terror político como medio para la Revolución, a saber: no puede hacerse una tortilla sin romper huevos. La vieja elocuencia de la Revolución rusa se hermana con la todavía más vieja de la Revolución francesa. Que todavía hoy una parte significativa de la izquierda más extrema no condene sin reservas el terrorismo, o lo haga con la boca pequeña y no siempre con suficiente convicción, tiene su causa en unos fundamentos doctrinarios fundacionales de los que conviene tener noticia y estar documentados.

Por qué esto es así, puede el lector descubrirlo en este volumen que habla por sí mismo. Unos textos compuestos por dos autores sin pelos en la lengua, que afirman lo que muchos de sus conmilitones sienten y en lo que creen, aunque no siempre se atrevan a confesarlo abiertamente. Robespierre y su discípulo Žižek sí se atreven a hacerlo. La virtud del coraje, como la de la coherencia y la sinceridad, no se les puede negar en este caso. Incluso son de agradecer en aras al conocimiento y reconocimiento de las cosas.