miércoles, 4 de diciembre de 2013

ALGUNAS DE MIS RAZONES EN FAVOR DEL E-BOOK Y LA AUTOEDICIÓN DIGITAL


Soy escritor, veterano y con canas, de la generación que cursó el Bachillerato de siete años, y no por tener que repetir ningún curso... He confeccionado con los años un curriculum vitae que no es para tirar de espaldas, pero del que tampoco me avergüenzo y en el que no tengo nada que ocultar. Así pues, a lo hecho, pecho. Lo tengo por un registro vivo y todavía abierto de mis trabajos y mis días. Cruzo los dedos y toco madera. No creo mucho en la suerte, mas sí en el destino.

Tengo publicados, hasta el momento, doce libros; siete por medio de diversas editoriales nacionales y cinco autoeditados en Amazon. No tengo, pues, nada en contra —ni tampoco intereses particulares con— editorial alguna. Tampoco las idolatro. En este capítulo, no soy un esnob... Para mí, una editorial es tan respetable e indispensable como una fábrica de sombreros. Ambos tipos de empresas aprecio, siempre que realicen productos de calidad y a buenos precios. Unas ya casi han desaparecido, con el cambio de gustos y hábitos, lo cual a algunos nos trae de cabeza. Las otras… Sea como fuere, no las considero tan necesarias, ni la una ni la otra, como una panadería o una compañía de aguas potables, por aquello de hacer alguna clase de comparación, que espero no moleste a nadie.

No hablaré ahora de mis artículos, notas críticas, reseñas de libros y demás producción escrita por mí. Porque el caso es que he venido hoy aquí a hablar de mis libros…  Sépase, a quien pueda interesarle, que mi intención es seguir escribiendo libros. De hecho, ya tengo varios compuestos en espera de salir al mercado y otros más, en mente. A continuación, tras el momento de la escritura, llega la hora de la verdad: publicarlos.


A esta altura de mi vida y con los tiempos que corren, he decidido, a este respecto, obrar del siguiente modo:

1. No enviaré más manuscritos a las editoriales en espera de respuesta y posible aceptación de los mismos; no es cuestión de impaciencia, sino de prudencia. A excepción de que me sean expresamente solicitados. De modo que sólo trabajaré con las editoriales por encargo. No se juzgue mi actitud como petulante, sino muestra de una mera cuestión práctica.

2. Cuando ultimo un nuevo texto, y en primera instancia, prefiero autoeditarlo, que vaya haciendo camino y los lectores lo juzguen (o ignoren), a mandar el manuscrito a las editoriales, sin confianza ni seguridad siquiera de tener acuse de recibo. Si un editor, una vez visto, está interesado por mi trabajo, ya sabe dónde encontrarme. Puestos a ponerse teóricos, repárese en este formidable asunto: con el desarrollo de las nuevas tecnologías, ya no son unos pocos (oligopolio, a la postre) quienes deciden y ofrecen al público qué puede y debe leerse, sino que es el público el que dispone (democráticamente y en libertad) con su decisión y acción lo que es razonable publicarse.

3. Adoro los libros. Mi biblioteca consta de varios millares de volúmenes, distribuidos en varias casas; en mi domicilio habitual no caben todos. Empero, creo que el futuro pasa por el libro electrónico, el e-book, nos guste esto más o menos. La mayor parte de libros que adquiero últimamente son, a poder ser, en dicho formato. También lo serán mis próximos libros, estoy casi por asegurarlo.

4. Cada día que pasa encuentro más ventajas en el e-book frente al (no contra el) libro en papel: se publica en horas; se adquiere en segundos; es más económico que el libro en formato tradicional; más cómoda su lectura y no exige comprar (más) estanterías para almacenarlos; permite que el autor controle al máximo la producción, revisión y reedición de sus trabajos; el beneficio por las ventas producidas es recibido puntualmente, etcétera. Los libros no son para sobarlos, olerlos ni para exhibirlos, sino para leerlos. Los libros de colección selecta, las ediciones especiales, los incunables, son los menos y son excepción. Al menos, en mi biblioteca.


5. Por si esto fuera poco, hay otra razón especialmente relevante en este asunto: vivimos en un mundo globalizado, con más de cuatrocientos millones de hispanoparlantes en todo el planeta. Para quienes escribimos en español, el mercado digital es, por tanto, infinitamente más amplio y prometedor que el regido por la (siempre tormentosa) distribución del libro mal denominado «físico», que llega (si llega) a territorios necesariamente muy limitados, con general sufrimiento, largas esperas y grandes costes. Por lo que a mí respecta, debo decir que mis libros, mis blogs, mis escritos, en general, tienen más recepción y repercusión fuera de España que dentro. Muy en particular, en todo América. Incluso un rollo en largo papel no llega tan lejos...


He aquí mis razones. No hay por qué estar de acuerdo con ellas, ni compartirlas, ni seguirlas por todos. Tampoco son de validez universal. Pero, razones son al fin y al cabo. Y son las mías.

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