viernes, 6 de mayo de 2016

POR QUÉ NO HAY QUE MOSTRAR HOY IMÁGENES DE LAS TORRES GEMELAS HERIDAS (MANHATTAN, 1973-2001)


La imagen de las Torres Gemelas de Manhattan está grabada en las mentes de millones de personas del mundo entero. Registrada en infinidad de fotografías, documentos y películas, ha pasado por toda clase de pantallas (películas, reportajes) y de  papeles (periódicos, revistas), desde que fue inaugurada la gran obra arquitectónica en el World Trade Center de Manhattan, Nueva York, en el año 1973. Constituían, pues, una presencia poderosa y una significación icónica muy atrayente y señalada por quienes maquinaron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por este motivo eligieron ese objetivo como uno de los principales a abatir en el día de la vesania y, desde luego, el de mayor repercusión mundial, en y por todos los medios.

El ataque terrorista fue cruento y sanguinario, pero el impacto que pretendían los que lo perpetraron era esencialmente visual, mediático. El terror global se persigue mediante la transmisión de la muerte en directo, la difusión planetaria del espectáculo de la devastación. Y crece merced a la recreación, haciendo de la devastación un espectáculo o un producto publicitario. El terror pretendido se perpetúa por la vía de la retransmisión y la reposición, convirtiendo el 11-S en un acto repetido, una herida que se abre día a día.

 Desde esta fatídica jornada, cada fotografía, cada plano, cada escena, cada nueva reproducción de las Torres Gemelas, que no ya no están, significa la reiteración del ataque, un desafío renovado, una celebración más.

Cada nueva representación de la fechoría no evoca tanto que el criminal vuelva una y otra vez al lugar del crimen cuanto que las víctimas y sus deudos (todos los espectadores del mundo) vuelvan incontables veces a contemplar lo que les falta.

Cada nuevo pase de la secuencia de los hechos supone literalmente una recaída, un acto provocador de reincidencia, un recuerdo con sabor a amenaza, otro aviso, otra advertencia: para que veas...

Recordar la vesania implica insistir en los efectos de la destrucción, no en la destrucción misma. Al publicar imágenes relacionadas con el terrorismo, las víctimas, los caídos, han de ser los protagonistas.

En consecuencia, lo justo y decente es mostrar (con decoro, respeto y patriotismo) el daño producido, no el trofeo colgado en la pantalla.

Mostrar imágenes de las Torres Gemelas de Manhattan (sobre todo, en llamas) es, para los terroristas y sus secuaces, un botón de muestra, la muestra del botín.


Para un mayor desarrollo de este asunto: Cine, espectáculo y 11-S (Amazon-Kindle, 2012)


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Post Scriptum

En el mes de julio de 2016, he tengo la oportunidad de visionar The Walk (2015), película dirigida por Robert Zemeckis y escrita por Christopher Browne y el propio Zemeckis. La trama del film está a hazaña en hechos reales: la hazaña del funambulista francés Philiphe Petit, quien en1974 cruzó sobre un cable de acero las Torres Gemelas en Manhattan desde una terraza a otra, cuando todavía se encontraba en construcción.

Dedicada expresamente a las víctimas de los atentados terroristas del 11-S, el film (independientemente de su calidad cinematográfica; discreta) representa un encomiable homenaje a las Twin Towers, así como un encomiable esfuerzo artístico de reconstrucción.

Debido a la relevancia de este trabajo fílmico, de alto valor simbólico, la próxima actualización de Cine, espectáculo y 11- S (previsto para septiembre de 2016) se hará eco del mismo, revisará y pondrá al día el propósito básico de este libro en movimiento: las tragedias humanas y su tiempo artístico. 

Próximamente en sus pantallas.



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