jueves, 4 de septiembre de 2014

ENTREVISTA SOBRE ‘CINE, ESPECTÁCULO y 11-S’ (Amazon-Kindle, 2012)


Galaico.-Le agradezco que me dedique un momento de su tiempo para esta pequeña entrevista.

1-¿Fue diferente la sensibilización de los cineastas que han filmado películas sobre las dos grandes guerras a la que produjeron films como World Trade Center o United 93 relativas a los atentados del 11-S? Me refiero, sobre todo, en el respeto a las víctimas.

Fernando R. Genovés- Tengo mucho gusto en atender a sus preguntas, agradeciéndole, al mismo tiempo, la atención prestada a mi ensayo. Respondo, pues, a la cuestión que me formula.

En primer lugar, habría que distinguir los distintos niveles de “sensibilización” que pueden advertirse en World Trade Center y en United 93, respectivamente. El film de Oliver Stone se ajusta al género de “cine de catástrofes”, dando quizás a entender con ello que el 11-S fue algo comparable a un terremoto o un ciclón. El trabajo de Paul Greengrass, en cambio, no busca el espectáculo, sino que tiene un claro contenido de denuncia, siendo, por tanto, más “comprometido” que el título anterior. En segundo lugar, y según señalo en mi ensayo, el tratamiento adecuado, sea informativo o artístico, de las masacres terroristas (y de las guerras), depende de la objetividad, pero sobre todo del factor tiempo.

2-Tanta información que está saliendo a la luz pública sobre aquel fatídico día ¿puede favorecer algún otro posible ataque terrorista? Sobre todo desde el punto de vista de la seguridad ciudadana.

FRG.- Puede favorecerlos siempre y cuando afecte a la revelación de materia reservada, de la que dependa la seguridad nacional, o cuando conlleve apología o justificación del terror. Nuevamente, hay que tener en cuenta el  distanciamiento temporal necesario para realizar la correspondiente evaluación del caso. Han transcurrido diez años [la entrevista fue realizada en septiembre de 2011) desde el 11-S. Si durante este tiempo no han vuelto a producirse nuevos ataques en EEUU, o han sido neutralizados a tiempo, ello no se debe a que no lo hayan intentado. Algo habrán tenido que ver a este respecto las políticas aplicadas en materia contraterrorista y el plan militar puesto en marcha, consistente en frenar a los terroristas en los mismos lugares donde planean los atentados y donde se entrenan para cometerlos.

En cualquier caso, lo que no entra en el capítulo de lo razonable es, en nombre del derecho a la información, exigir a las autoridades de un país que den cuenta al minuto, en “tiempo real”, de las investigaciones relacionadas con un atentado terrorista. Recuerde, asimismo, que Al Qaeda planificó el 11-S contando con el efecto devastador a escala múltiple que tendría (lo tuvo, en efecto) que los atentados de las Torres Gemelas fuesen transmitidos en directo por todos los medios.


3- La cadena Telecinco emitió una miniserie relacionada con el accidente aéreo de Los Rodeos que tuvo lugar el 27 de marzo de 1977 y que levantó bastante polémica entre los familiares de los fallecidos. ¿Se elevaría a la categoría de delito también al igual que las películas relacionadas con el 11-S?

FRG.- No todas las películas relacionadas con el 11-S habría que calificarlas de “delictuosas”, al menos en el sentido estético y moral del término. Aunque sí una gran parte de ellas. Lo que, sin duda, cabría juzgar de “delictivo” es emprender un proyecto de film o de serie de televisión de esa naturaleza sin contar con el consentimiento de las víctimas, o llevándolo a cabo con su explícita desaprobación. Todo aquel que acomete una labor “artística” de este tipo, sabe a lo que se expone. Además del derecho a informar y a entretener está también el derecho (y aun el deber) de criticar y denunciar los abusos y las tergiversaciones, las vejaciones y las inmoralidades. Dejo al margen la cuestión penal, de la que no trata mi libro.

4- En España, en relación con el 11-M, se rodó el documental Todos íbamos en ese tren, en el año 2004. ¿Cree que también se verá en nuestras pantallas algún film relacionado con los mismos?

FRG.- De hecho, y si no estoy mal informado, este mismo verano [año 2011) una cadena de televisión española ha emitido una miniserie sobre el 11-M. No la he visionado, aunque me consta que ha recibido críticas bastante negativas, tanto por su inoportunidad cuanto por el escaso rigor de la producción. No debe olvidarse que hablamos de un asunto muy traumático, en lo personal (casi doscientas víctimas mortales y cientos de heridos y quebrantados) y en lo social y político (trastornó bruscamente un proceso electoral inmediato). Nos referimos a un caso que arrastra todavía profundas dudas sobre su autoría real, sobre sus complicidades y sobre las circunstancias concretas en que se produjo. Se trata, en fin, de una tragedia nacional que ha dividido profundamente a la sociedad española. Si además tenemos en cuenta la peculiar orientación del cine español en los últimos tiempos, sería muy temerario emprender ahora un proyecto de este tipo. Creo que no es el momento.

5- Me ha llamado la atención a que se decidiese por el formato digitalizado para que el público en general pudiese tener acceso a este interesante ensayo, algo innovador. ¿Qué le movió a tomar esta decisión?

FRG.- Los textos que sirven de base a los capítulos del ensayo conocieron hace años una primera versión en una revista de pensamiento. Cuando se aproximaba el décimo aniversario del 11-S, juzgué que no sería una mala idea recopilarlos en un volumen y darles la máxima difusión posible. En ese sentido, la autoedición digital permite una rapidez de publicación y circulación impensable en la edición en papel. En este caso, la circunstancia y la oportunidad han primado por encima de otra consideración.


6-El movimiento de los llamados “indignados”, el famoso 15-M, ¿podría dar lugar a algún estudio sociológico? ¿Le ve algún futuro a este tipo de protestas para que la clase política tenga en cuenta sus peticiones?

FRG.- Ya hay editados algunos textos sobre el particular, con las limitaciones que tienen los libros redactados al ritmo que marca la “rabiosa actualidad”. Se trata, por tanto, de volúmenes concebidos más desde la perspectiva periodística (y aun propagandística) que propiamente sociológica. Comoquiera que las “peticiones” a las que se refiere su pregunta son dirigidas, en realidad, a sólo una parte de la “clase política”, el futuro de estas acciones dependerá de qué color político esté en el Gobierno. Por lo que a mí respecta, estoy más interesado en estudiar el fenómeno social y moral de la “indignación” en general, materia sobre la que he publicado varios trabajos. Comprender las ideas generales de un tema, favorece la interpretación de los casos particulares.

7-El mundo de las editoriales parece que se está poniendo difícil para los escritores, sobre todo aquellos que quieren empezar y en los que ya han publicado, el tema está en el precio de los libros. ¿Cómo ve este tema?

FRG.- Desde mi punto de vista, el problema no está en el precio de los libros. Tampoco en la falta de títulos nuevos en el mercado. Acaso el problema sea lo contrario, es decir, que el criterio de la cantidad se haya impuesto al de la calidad. A este hecho habría que añadirle un nefasto hábito editorial en España, a saber: aquella materia que no sea de carácter novelístico o, según he indicado antes, de “rabiosa actualidad”, no interesa apenas a los editores. Fíjese que las listas de ventas siguen divididas en dos bloques: “Ficción” y “No ficción”. La división es altamente significativa. Los ensayos de pensamiento o investigación pertenecen a la clase de lo que “no es” narración o relato. Son definidos gramaticalmente de modo negativo; no por lo que son (ensayos), sino por lo que no son (ficción).

8- Están teniendo mucho auge los blogs a nivel cultural en todos sus ámbitos. ¿Qué influencia pueden tener en las publicaciones?

FRG.- Sigo con sumo interés el desarrollo de los blogs. Yo mismo administro tres, de distinto contenido: pensamiento, viajes y cine. Lo que empezó utilizándose en sus comienzos como “bitácoras” o diarios personales de navegación internauta, contando en ellos anécdotas, sensaciones o sentimientos particulares (incluso íntimos), ha derivado poco a poco en unos espacios de gran valor literario e intelectual. Me refiero, claro está, a los blogs con “vocación cultural”. La gran expansión de las redes sociales ha favorecido esta especialización de ámbitos.

9- ¿Pueden revolucionar el mundo de la comunicación actual la salida a la palestra de estas nuevas herramientas de acceso a los usuarios como son los blogs?

FRG.- Muchos textos contenidos en blogs de autor tienen, a mi parecer, más calidad que un buen número de columnas o artículos publicados en la prensa convencional. Ahí tiene una prueba clara de “influencia”: mientras los periódicos en papel están en retirada, los blogs conocen un momento de florecimiento. Entiendo que el proceso va hacia una mayor especialización y clarificación de contenidos e intereses, tanto por parte de los autores del blog (escritores) como por parte de sus visitantes (lectores). Lo cual resulta útil y beneficioso porque facilita la búsqueda y la selección de contenidos. Ayuda a encontrar lo que exactamente se busca en Internet, una red en la que uno muchas veces se encuentra perdido, por no decir atrapado.

10- Muchas gracias. Fue un placer el haber podido realizarle esta pequeña entrevista para Melibro.com.

FRG: También para mí ha sido un placer conversar con usted, y a través de Melibro, con el público lector.

Galaico

Septiembre 2011


Entrevista publicada en el portal literario melibro.com

El libro Cine, espectáculo y 11-S puede adquirirse aquí.



miércoles, 30 de julio de 2014

FLORILEGIOS


«Para un extenso y muy ordinario segmento de opinión, un volumen misceláneo, una recopilación, una compilación o una antología no son propiamente un libro. En otras palabras, no serían más que un florilegio, dicho esto en sentido peyorativo, como quien dice floripondio o florón, artefacto rebuscado, objeto artificioso, falso. O lo que viene a ser lo mismo, tales ejercicios de la escritura no superarían el rango de refrito, un plato de lentejas recalentadas con el que algunos autores pretenden vender una mercancía de segunda mano, sin renunciar, no obstante, a tenerla por propia.

Allá ellos, quienes esto piensan o declaran, con sus sueños de paquidérmica totalidad y embelesada originalidad. Sépase, con todo, que "florilegio" es voz que remite, en su significado preciso, a obras escogidas, a selección, a opción selecta, recolectada por quien otro sembró o por uno mismo, en un momento anterior.


En cuanto a mí, estos melindrosos pruritos no desazonan ni escuecen mi sensibilidad ni mi criterio.»

Fragmento de mi artículo «Leer es un placer»,  revista El Catoblepas 
• número 71 • enero 2008 • página 7

domingo, 13 de julio de 2014

BREVE RELATO DEL POSMODERNISMO


¿Quién habla hoy del posmodernismo? ¿Quién toma en serio ese movimiento neo-contracultural de corte y deconstrucción, que logró acaparar la atención de tantos académicos y profesores de Europa y América, animado por numerosos medios de comunicación? ¿Qué ha sido de esta new fashion intelectual de las últimas décadas? El impulso y propósito que los propulsaba, más que fructuosos y constructivos, eran de naturaleza criticona y destructiva, presuntuosamente demoledores de la tradición, no importa cuál fuese. Llegó, no obstante, a adquirir una notable influencia en lo que queda del pensamiento, y tal vez por ello sí quepa reconocerle una hazaña: haber entorpecido, en su medida, la necesaria tarea de reconstrucción de la racionalidad en el ámbito de la filosofía y las ciencias sociales, sin la cual sobreviven como pueden y a duras penas.


El proyecto de deconstrucción contracultural en todos los ámbitos y de demolición de los fundamentos de lo real quedó simbolizado por uno de los buques insignia del posmodernismo: el «pensamiento débil». En el momento actual, ya no muestra apenas vigor y pujanza, lo que hace honor a la presumida «debilidad» de su talante y los objetivos que propugnaba. No hay aquí, pues, contradicción ni desilusión, ni podría haberla, y, de indicarse tal cosa, tampoco preocuparía a sus maestros y discípulos, o lo que queda de ellos. Esto es así por tratarse de un prontuario —el posmoderno— que ha negado precisamente la misma base doctrinal en el pensar. Siendo posmoderno, cualquiera podía ser generoso y dadivoso, altruista y caritativo, tirio y troyano, aunque liberal jamás, tampoco racional, al representar éstas unas actitudes muy mal vistas entre catedráticos innovadores, periodistas de salón, políticos del ramo y público acrítico en general. 


Constituida en una corriente de opinión que impugnaba el principio de realidad, mientras disimulaba la autorreferencia al principio del placer, en el curso del tiempo, se ha topado de pronto con la íntegra realidad. Y, en fin, de erigirse en una filosofía peculiar, desobediente de la lógica tradicional, que no quería oír hablar de principios de identidad, no contradicción y tercio excluso, la «condición posmoderna» ha descubierto, finalmente, por propia experiencia, el sentido del ser y, sobre todo, del no-ser. La sinrazón también crea monstruos que acaban por destruir a su «creador» (Dr. Frankenstein) y a sus propios hijos (Francisco de Goya). 

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Para definirse tan pragmático y tan débil, los posmodernos aspiraban a no dejar piedra sobre piedra en la cultura vigente. A fin de recordar que para este temporal intelectual, irreverente y caduco, nada debía ser tenido por sagrado, propongo en el presente texto rememorar las cavilaciones de Richard Rorty y Gianni Vattimo sobre El futuro de la religión, título de un libro compilado por Santiago Zabala (Paidós, Barcelona, 2006), cuyo subtitulo reza Solidaridad, caridad, ironía. No deja de ser irónico leer cómo pontificaban en este volumen sobre el futuro aquellos que no lo tendrían… 


Interpretación de interpretaciones, todo es Interpretación. Eso decían. El pensamiento «débil» y «posmoderno» constituyó un programa, en el fondo, muy ambicioso (residuo pos-revolucionario), que superaba con bastante habilidad cualquier crítica porque en sus dominios tampoco funcionaba el principio de falsación (Karl Popper), tal era su aversión por los principios en general. Simplemente, tenían explicación para todo, porque todo, según sostenían, es opinable. En la «Era de la Interpretación», que vendría a sustituir la «Era de la Fe» y la «Era de la Razón», la doxa ha substituido a la episteme en orden de legitimidad, quedando así constituida una especie de renovada teoría de los tres estadios (Auguste Comte), pero en versión antipositivista.


El plan general del posmodernismo, a través de sucesivas ediciones, consistía básicamente en promover travestimientos culturales de los modelos bajo sospecha, los cuales eran puestos en el punto de mira como próximas víctimas a desfigurar. El método era de lo más elemental: ponerse en el lugar de los modelos señalados y dejar a éstos en situación de stand by, descolocados, deslocalizados: quítate tú para ponerme yo. Tal proeza se conoce con el nombre de «empatía», una tendencia emocional supuestamente muy solidaria y caritativa, aunque carente por completo de ironía. 

La estrategia mencionada, aunque presumiblemente renovadora y rompedora, es muy antigua. Labora con vistas a introducirse (infiltrarse) en el interior de las estructuras tenidas por «decadentes» a fin de «darles la vuelta», por decirlo en términos marxistas o posmarxistas, y así adaptarlas, con nueva terminología e imagen, a los nuevos fines pretendidos. Los organismos, los movimientos y las instituciones que en el fondo se saben débiles (porque lo son), les conviene evitar el enfrentamiento directo, el cuerpo a cuerpo con el adversario superior. Otras tácticas más sinuosas cumplen la función sustitutoria, por ejemplo, la paciente labor de zapa que acaba minando las defensas y resistencias del fuerte; el envenenamiento intelectual, en pequeñas dosis, del adversario; la doblez, el engaño y la estafa; la contumacia y la tenacidad; la propaganda y la repetición. Con todo, el anhelo principal de la deconstrucción era la desmoralización del oponente (y, por extensión, de la sociedad toda), una nueva versión de la transvalorización de los valores (Friedrich Nietzsche) reducida a la versión pedestre, «débil» y desnaturalizada. 


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En la denominada «era posmetafísica», de cuyo ser y circunstancia sólo los muy entendidos podrían dar fe, la razón constituía un ídolo a derribar. Tal propósito era proclamado nada menos que en nombre de la racionalidad. Gianni Vattimo, por ejemplo, quien no es tan ingenuo como para rechazar la racionalidad en su conjunto, acepta —qué remedio— la «racionalidad hermenéutica», o sea, aquella que sitúa el debate en el terreno exclusivo de la interpretación, en el que no habría otros hechos que los lingüísticos (pág. 20). Y entiéndase tal desideratum, como un fatum, nunca como un factum.


Richard Rorty, quien no iba a ser menos, tampoco tiene nada en contra de la racionalidad, «si se identifica la racionalidad con el esfuerzo por lograr un consenso universal intersubjetivo y la verdad con el desenlace de tal esfuerzo» (pág. 58). Y lo que decimos de la razón y la racionalidad, valdría lo mismo para otros conceptos en proyecto de reconversión o de travestimiento cultural, a saber: «diálogo», «consenso», «interpretación», «universal», «nihilismo», «democracia» y, cómo no, «solidaridad, caridad, ironía», las nociones que aparecen seleccionadas en el subtítulo del libro referido. 


Resulta verdaderamente portentoso en este caso que semejante empresa —la «posmoderna»— haya tomado (en vano) a Nietzsche como uno de sus inspiradores, profetas y legitimadores. ¡Justamente Nietzsche, el filósofo que diseccionó con precisión de (capaz) cirujano la carnaza del resentimiento! O tal vez precisamente por eso mismo… He aquí una aplicación modélica del método de travestimiento que acabamos de señalar como característico del proceder posmoderno. La apropiación integral de la filosofía de Nietzsche fue, después de todo, poco más que un maquillaje, retoque y reajuste conceptual a base de unas pocas frases elegidas ad hoc, con el fin de componer un discurso interrumpido, y que se pretendía intempestivo, posrevolucionario, propio de la Nueva Era. Una vez armados los adagios según el guión sustitutorio, eran colgados (como una inocentada) en la espalda del solitario de Sils-Maria para que cargase así con la cruz de la «posmodernidad». Nietzsche: ecce homo


En realidad, la promoción urbi et orbe de un «Nietzsche posmoderno» (se hizo también con muchísimos otros autores clásicos) fue posible merced a las particulares (y muy opinables) interpretaciones de la obra del filósofo alemán llevadas a cabo, entre otros, primero por Gilles Deleuze y Michel Foucault y, posteriormente, por Jacques Derrida y Gianni Vattimo, al frente de la fratría posmoderna. No entraré ahora en disputas sobre citas, verdades por correspondencia (¡a ver quién lleva «razón»!) y vídeos delatores. Porque el caso, afortunadamente, está cerrado. 




Me limito en este punto a poner de manifiesto la impertinencia de determinados juegos de lenguaje a cuenta de un autor —Friedrich Nietzsche—, quien, maestro del aforismo, fue convertido indistintamente en guía del nazismo, en feroz antisemita, en líder del situacionismo, en ideólogo del anarcosindicalismo o en adalid del «posmodernismo», y a menudo con sucesión de continuidad. Ocurría una circunstancia u otra, o todas a la vez, según se le antojase al interpretador de turno, sólo con rescatar determinados aforismos de los cientos que escribió el filósofo nacido en Röcken, ciertamente, algunos de ellos muy apetecibles para toda clase faenas de interpretación (recuérdese, empero, la cantidad de literatura garabateada alrededor de la célebre expresión «bestia rubia», una más de las que dejó escrita en La genealogía de la moral).

Si no hay miramientos a la hora de hacer de Nietzsche el paladín del nihilismo y el «pensamiento débil», entonces, ¿cómo puede extrañar que Rorty y Vattimo dudasen a la hora de reconvertir, travestir o, mejor, deslocalizar a Dios, arremetiendo sin contemplaciones contra el «fundamentalismo» en la religión cristiana, pero sólo en la religión cristiana, como si el «fundamentalismo cristiano» fuese tema de actualidad y el más preocupante de los fundamentalismos realmente existentes? He aquí el asunto central del libro El futuro de la religión, o cómo hacer pasar al cristianismo por la trituradora del «pensamiento débil» y convertirlo en ariete (y al mismo tiempo víctima) del proyecto deconstruccionista**.

Resumamos, en pocos pasos, el plan propuesto allí:

1. Hacer del anterior Creador del mundo, simplemente, coherentemente, un «Dios débil», cuya justificación se limita a la cita de algunos versículos, convenientemente escogidos. Por ejemplo, este de San Pablo: «Cuando soy débil es cuando más fuerte soy» (Corintios, 12, 10). 

2. Dios, en la religión del futuro, ya no estará en los Cielos, sino deslocalizado. En la «condición posmoderna», Dios ve disminuir su potencia, o voluntad de poder, hasta un nivel humano, pero acaso demasiado humano, hasta el punto de —en un arrebato de democratismo e igualitarismo atrevidísimo— ser convertido en un ciudadano más, un compañero, un colega, un «amigo», siempre en igualdad de derechos y deberes que los demás. Nietzsche, sin duda, trataba a los dioses con bastante más respeto que sus presumidos interpretadores. 

3El cristianismo que lo es de «verdad» (no de la manera «dogmática», «sustancial» o «metafísica»), encabeza en la «Era de la Interpretación» las reivindicaciones más new age. En esta nueva misión, abandona arcaicos y superados objetivos (el misionero y el evangelizador, por ejemplo: «La religión no metafísica es también una religiosidad no misionera», pág. 100), para pasar a asumir con fervor, y aun a preconizar, el matrimonio de homosexuales, la eutanasia, la fecundación in vitro, el uso liberador de los preservativos, el sacerdocio femenino y todo lo que sea menester con tal de situarse más allá del bien y del mal, y aun más allá del ateísmo y el teísmo. 

4El futuro de la religión, según Rorty y Vattimo, pasa por legitimar el expediente debilitador de la cultura cargándolo a la cuenta del propio cristianismo. Es el mensaje cristiano, se dice, el que niega el «principio de realidad» cuando, en boca, otra vez, de Pablo, declara: «Muerte, ¿dónde está tu victoria?» (Corintios, 15, 54-55), y el mismo que bendice la ética del diálogo y la conversación sin límites como fuente de entendimiento, consenso y verdad pragmática, por ejemplo, por medio de esta prédica: «Cuando dos o más estén reunidos en mi nombre, yo estaré con ellos» (Mateo, 18, 20). 

Pues bien, diríase que Rorty y Vattimo se han reunido (o conjurado) en nombre del Dios débil y posmoderno al objeto de decidir acerca de su jubiloso futuro, que no es otro que la jubilación... Y debemos suponer, además, que Él estuvo allí con ambos filósofos (remedo sacrílego de la Santa Trinidad), certificando con su presencia y amparo la deconstrucción del cristianismo. Tal vez por eso dicen lo que dicen con tanta desenvoltura y frescura, porque dan por descontado que gracias al espíritu evangélico siempre serán disculpados o compadecidos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» (Lucas, 23, 33-34). Ni lo que dicen.

NOTAS

* Versión corregida y adaptada a los nuevos tiempos de mi texto «Cristianismo deconstruido», recensión del libro de Richard Rorty y Gianni Vattimo, El futuro de la religión. Solidaridad, Caridad. Ironía, Paidós, Barcelona, 2006, publicado en Anthropos. Revista, nº 217, «Especial Gianno Vattimo. Hemeneusis e historicidad», Barcelona, 2008, págs. 194-196.

** Siguiendo con este proyecto, Vattimo ha seguido publicando nuevos libros, entre los que pueden citase: Verdad o fe débil. Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2006); Después de la muerte de Dios. Conversaciones sobre religión, política y cultura (2007); ¿Ateos o creyentes?: Conversaciones sobre filosofía, política, ética y ciencias (Contextos), en colaboración con Michel Onfray (2009); Dios: la posibilidad buena: Un coloquio en el umbral entre filosofía y teología, en colaboración con Carmelo Dotolo, Giovanni Giorgio y Antoni Martínez Riu2013)»

*** La presente versión del artículo ha sido publicada, con el título de, «¿Qué ha sido del posmodernismo y su delirio deconstructor  e iconoclasta?», en PortVitoriaThe Magazine of the Hispanic and Lusophone Communities. Issue 9. Jul - Dec 2014.

jueves, 29 de mayo de 2014

'EUROPA EN RUINAS' de HANS MAGNUS ENZENSBERGER

Europa en ruinas 
En el año 1990, Hans Magnus Enzensberger edita Europa en ruinas (Europa in ruinen. Augenzeugenberichte aus den Jahren 1944-1948), libro que selecciona, compila e introduce una serie de crónicas periodísticas escritas tanto por reporteros de periódicos cuanto por escritores que, recorriendo algunos lugares de Europa durante el final de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra, ofrecieron a los lectores de prensa de la época (1944-1948) una descripción directa y palmaria de lo visto y oído en lo que había quedado del Viejo Continente. Duros y crudos documentos que permiten disponer también a quienes posteriormente se han acercado a ellos de la viva descripción de un continente devastado y moribundo. Si bien varios textos allí incluidos ya han conocido versión en español, contenidos en libros correspondientes a los autores respectivos, es en 2013 cuando el volumen tal y como fue concebido por Enzensberger, ha sido editado, finalmente, en nuestra lengua.
Repárese en el registro de la primera edición: Alemania, año 1990. Acaba de consumarse la reunificación alemana. El lugar y la fecha no pueden ser más significativos. Enzensberger, que coloca la integridad por delante de la nacionalidad, propone al lector echar una mirada hacia atrás en un presente continuo que acaso sólo piensa en el futuro, lo cual sería «políticamente correcto», pero moralmente bastante ligero y políticamente muy incierto. No es posible conservar la memoria y la dignidad, desconociendo o relativizando la ira, la infamia y el horror que recorrieron Europa durante su primera mitad hasta el punto de convertirla en una masa de escombros y una pila de millones de cadáveres. Una catástrofe que no cabe entender como accidental calamidad, cual si se tratase de un terremoto o cualquier otro siniestro desatado por las fuerzas de la naturaleza. La tragedia que referimos tiene carnet de identidad y denominación de origen, causas con nombres y apellidos propios, rostros humanos descompuestos, pero reconocibles.
Berlin, 1945
Alemania no fue la única culpable de aquella atrocidad, pero sí la principal responsable de la misma. Un pueblo (Volk) con antecedentes y actitud reincidente, que además pierde (otra vez) la guerra. En 1945, el totalitarismo nazi fue derrotado por las fuerzas aliadas. Ahora —esto es, en 1990— tras la caída del Muro de Berlín, que simbolizaba el derrumbe del totalitarismo comunista, las autoridades políticas alemanas habían encontrado la ocasión propicia para cerrar página y volver a la situación territorial y fronteriza anterior. Pero, ¿cuál es ésta…? Y, sea cual fuere, ¿será esta vez la definitiva, la dada finalmente por aceptable?
Adviértase, asimismo, otra circunstancia relevante: la edición española, 2013 (Capitán Swing), coincide en el tiempo con la abrumadora hegemonía evidenciada por Alemania (independientemente del partido gobernante) en la denominada «Unión Europea». Después de todo, de país derrotado ha llegado a erigirse en potencia dominante. ¿Es esto la pax europea? ¿Tiene Europa futuro? Y, en tal caso, ¿puede o debe avanzar al precio de borrar el pasado?

«Nadie se atrevía a creer que aquel continente arrasado pudiera tener aún un futuro ante sí. En lo que se refería a Europa, la historia parecía haber llegado a su fin con un abrumador acto de autodestrucción que los alemanes habían urdido y llevado a cabo con obstinada energía» (pág. 15)

¿Ha aprendido Europa —Alemania, muy en particular— la lección de la historia? Aunque, bien pensado: ¿es esto posible? La historia, arte de la recapitulación, petrifica el pasado irremediablemente, con tendencia a condensarse en fría sucesión de informes y con inclinación muy profesional a explicar a menudo lo inexplicable. Los libros de memorias, por su parte, ofrecen bastantes muestras de subjetividad, cuando no de autojustificación. Los documentales y películas sobre la guerra y la devastación, combinando frecuentemente imágenes reales con otras de ficción, se les antojan a muchos espectadores una variante del mero espectáculo y el reality show. En suma, a gran parte de la opinión pública —incluso, la más sensibilizada—, el Holocausto judío y la catástrofe general que lo envolvió, en el fondo, les parece algo increíble.
Pero lo más serio de este asunto es que cuando se habla de la reconstrucción europea como un renacer de las cenizas y un volver a empezar, es imposible no percibir en dicha declaración una resonancia inquietante y aun un eco amenazador.
¿Cómo hacerse cargo, entonces, de la terrible herencia recibida? ¿Cómo soportar el peso del pasado? Porque estamos hablando, debo insistir, no de una simple desgracia ni sólo de ruina y destrucción contables en términos de miles de ciudades arrasadas y millones de personas aniquiladas. Estamos poniendo sobre la mesa de la historia un cataclismo político, social y moral, cuya reparación no se satisface ni concluye con aportaciones económicas a cargo de los presupuestos de los Estados, ni su restablecimiento es resultado de pomposas declaraciones de intenciones.

«Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa no era solo materialmente un montón de ruinas; también su bancarrota política y moral era absoluta.» (págs. 14 y 15).

 Hans Magnus Enzensberger
[Hans Magnus Enzensberger]
Lo sucedido en los años 30 y 40 del siglo XX en Europa nos remite a espacios y tiempos que cabía considerar muy alejados de ella: el Tercer Mundo y la Edad Media. Pero, sólo en apariencia. Enzensberger menciona en la Introducción situaciones lacerantes habituales en Luanda, Beirut, El Salvador, Sri Lanka. Crónicas, afirma el escritor alemán, que podemos leer a diario durante el desayuno. Pues bien, hechos semejantes —y aún peores— tuvieron lugar por entonces en Roma, Frankfurt am Main, Berlín o Atenas, en la civilizada y arrogante Europa, tan habituada a dar lecciones al mundo entero de gentilidad y alta cultura. Matanzas y torturas indiscriminadas, crueldades indecibles, hambre y miseria generalizada, familias hacinadas sobreviviendo en sótanos durante años, buscando el sustento por medio del estraperlo, la prostitución, el robo, el fraude, en la basura. Todo esto fue moneda corriente durante años de encanallamiento, perversión y corrupción en Europa. Algo equiparable a una nueva Peste Negra medieval en versión parda.
He aquí una realidad tan dura, tan atroz, tan difícil de encajar y asumir —literalmente, tan siniestra— que tiende a ser suavizada y debilitada, en el mejor de los casos, para hacerla más soportable. A fin de no perder credibilidad ni perspectiva es oportuno, entonces, acudir a cronistas, testigos oculares, de los hechos para poder ser narrados del modo más abierto, desnudo e inmediato posible. Este es el principal interés del presente volumen, al margen del valor documental y a menudo también literario, de los textos agrupados en Europa en ruinas:
«Las impresiones más lúcidas nos han llegado de la mano de los autores que siguieron a los ejércitos vencedores de los Aliados. Entre ellos destacan los mejores reporteros de América, periodistas como Janet Flanner y Martha Gellhorn y escritores como Edmund Wilson y Norman Lewis, que no tenían a menos trabajar para la prensa. Todos ellos se sitúan en la gran tradición anglosajona del reportaje literario, que no tiene parangón alguno hasta hoy entre los europeos continentales. A esto se añaden fuentes que se deben más bien al azar, como el informe interno de un redactor americano que trabajaba para los servicios secretos estadounidenses, o los apuntes de emigrantes que intentaron retornar al Viejo Mundo. Más tarde también se pusieron en camino autores de países que se habían librado de la guerra, como el suizo Max Frisch y el novelista sueco Stig Dagerman.» (pág. 20)
Leemos en estas páginas retratos en carne viva de unas sociedades europeas desahuciadas, deshumanizadas. Cada uno escrito con el estilo y la calidad propios de quien las firma, mantienen en su conjunto más de un elemento en común: prescinden de hacer propaganda —y aun denuncia— del panorama reinante, así como obvian cualquier género de sentimentalismo en la narración, no importa el horror descrito. Sus autores se limitan a hacer su trabajo, que no es otro que levantar acta de aquello que han escuchado y visto. 

A veces, no pueden reprimir un comentario irónico o una leve y contenida mordacidad; por ejemplo, cuando las declaraciones de la mayor parte de los alemanes —ellos no son nazis y no sabían lo que estaba ocurriendo— o cuando el lamento proferido es a causa de los bombardeos de los aliados y por las desdichas que están padeciendo; o cuando recuerdan, amenazadores y orgullosos, a los aliados triunfantes que sin la intervención de ellos mismos no va a ser posible reconstrucción; o cuando insisten en que si han perdido la guerra ha sido más que nada por la superioridad militar y técnica de las fuerzas aliadas. No hay palabras de perdón, sensación de vergüenza, amago de arrepentimiento. Sólo prisa y ansiedad por volver a la normalidad cotidiana, a la recuperación económica, por acabar con las cartillas de racionamiento y la ocupación militar. Un ansia no aplacada de volver a lo de antes.


domingo, 18 de mayo de 2014

NO HACER DE LA «ZONA CERO» EN MANHATTAN UNA FOSA COMÚN


Un grupo de familiares de los fallecidos ha llevado a cabo una protesta durante el traslado ya que se han colocado mordazas para simbolizar que sus opiniones no se han tenido en cuenta a lo largo del proceso.
"Nunca se nos dio la oportunidad de decir que no los queríamos en un museo. De hecho, nunca supimos sobre los planes", ha dicho a la televisión local NY1 Rosaleen Tallon, que perdió a un hermano en los ataques.
Llene Walsh, madre de un fallecido, ha criticado que no se haya consultado a las familias y que los restos de las víctimas vayan a quedar escondidos bajo tierra, en un área que según algunos familiares podría además sufrir inundaciones.
A la zona sólo podrán acceder familiares y médicos forenses, que confían en seguir identificando fallecidos poco a poco.
Los restos sin asignar corresponden a más de mil personas.
Del total de 2.753 víctimas mortales de los atentados, un 41 por ciento continúan sin haber sido identificadas.
El monumento que recuerda a los fallecidos en la zona donde se encontraban las torres gemelas del World Trade Center se abrió en el año 2011 y ha sido visitado desde entonces por millones de personas.»

No diré eso de «ya os lo advertí», porque queda feo y resulta petulante. Pero, lo cierto es que lo he dejado dicho por escrito:

«Las autoridades norteamericanas impidieron que, desde el primer momento, el 11-S fuese tomado al asalto por las cámaras indiscretas y los lápices afilados. No pudo evitarse el primer ataque. Se trata ahora de hacer todo lo posible para evitar nuevas irrupciones y asaltos. Las cadenas de televisión rebobinan una y mil veces la embestida de los aviones contra los rascacielos y sus imágenes son reproducidas por doquier. Pero hay que hacer lo que está en nuestra mano para no dar carnaza gratis al tiburón. Tras los atentados del 7-J en Londres, las autoridades británicas declararon el “apagón informativo”. ¿Qué es esto? Muy sencillo: Londres no es el Madrid del 11-M, donde  la muerte y el linchamiento político fueron emitidos en directo por la televisión.
Maneras distintas de conducirse ante un mismo problema. Las democracias liberales de larga tradición, como el Reino Unido —o que han aprendido rápido, como los Estados Unidos—, no tienen nada que demostrar. En las épocas más duras del terrorismo del IRA contra intereses y objetivos (targets) británicos, mientras publicistas, intelectuales y artistas recogían fondos destinados a la «causa republicana», medios de comunicación ingleses, incluida la muy diletante BBC, acordaban no dar imágenes de dirigentes del Sinn Fein ni dar cobertura a sus mensajes. No duró mucho el silenciador mediático, pero constituyó un precedente muy respetable.
Al otro lado del océano Atlántico, la Zona Cero en Nueva York y el Pentágono en Washington se miran pero no se tocan. Son declaradas zonas protegidas, reservadas para el homenaje y el duelo. En el país del merchandising y del libre mercado por excelencia, la autorregulación se impone sobre el intervencionismo salvaje. Ocurre que no todo en Nueva York lo cubre The New York Times con su manto de influencia. 
En junio de 2005, visité el Ground Zero de Manhattan. En el sur la isla todavía quedan sin cerrar las heridas y el socavón. La gran tumba sigue abierta. Miles de americanos y extranjeros visitan este espacio devastado con la única clase de actitudes permisibles en este espacio sagrado, a saber: el respeto y el recogimiento. También la oración, pero jamás la ovación.
Pude observar que en esta zona reservada al duelo, no existe la menor concesión al espectáculo, el compadreo y el negocio. No hay en este punto crítico puestos de souvenirs, de comida rápida ni otras gaitas. Están próximos, sí, pero a distancia. En el corazón herido de la Gran Manzana se ha creado un cinturón, un cordón de cordura, un arco riguroso más de seguridad que de recato y reverencia, no impuesto por los agentes del orden sino por la restricción y la circunspección de los individuos respetuosos.»

Fragmento de mi ensayo Cine, espectáculo y 11-S (Amazon-Kindle, 2012).

lunes, 5 de mayo de 2014

'ENTRE BRUMAS' de JUAN GRANADOS


El subtítulo del último libro publicado hasta la fecha por Juan Granados, Entre brumas (Espacio Cultura, 2014), reza «Obra breve». Libro breve, en verdad, por lo conciso de los escritos aquí reunidos; por estar ceñido y autolimitado a asuntos varios que el autor indaga y refiere con mano experta; por lo compendioso de su contenido, reunión selecta de textos muy bien avenidos. Bienvenidos sean.

Breve obra, mas de ninguna manera precaria ni perecedera. No importa que algunos de los textos hayan sido concebidos para ser difundidos, en primera instancia, en prensa, diarios o periódicos. De hecho, si frecuentasen artículos, columnas y notas de esta categoría las páginas de los medios, deberían ser denominados sin reserva ni genérica retórica, sensu stricto, «medios de comunicación», y no, en el mejor de los casos, de mera información. Hallamos, asimismo, en el interior del volumen apuntes, comentarios y glosas, por lo general, a propósito de textos y testimonios determinados, mas no referencias cualesquiera. Coronando ciertos y acertados capítulos, las citas se me antojan encuentros con distinguidos escritores— Paul Auster, Cesare Pavese, J. L. Borges, Antonio Escohotado, Platón, Baruch de Spinoza, Woody Allen… —, quienes amablemente hacen las presentaciones para conocernos mejor... Entre brumas se completa, además, con una sección de «Cuentos», en los que brilla el relato y vuela la parábola.

Si breve se percibe la obra en curso, en número de páginas, en formato, largo es, sin embargo, el aliento que lo anima; extensos y profundos son los senderos que labra; anchurosos y desahogados, los horizontes que ofrece a la mirada y el entendimiento del lector. Una circunstancia —tan rara como difícil de encontrar— sólo reconocible en el pensamiento iluminador y discreto, en el que lo particular y lo universal convergen sin apreturas ni empellones, sin coces ni codazos. Lo mismo que acontece también en la alta literatura, donde el sentido y la sensibilidad confluyen, sea a cuenta de una pequeña anécdota, sea a cuento de episodios históricos, tan queridos y sabidos éstos por Juan Granados, pulcro escritor forjado en el conocimiento de las ciencias sociales, competente historiador de elegante escritura, quien, en cualquier caso, y acometa la empresa literaria que fuere, no confunde la miscelánea con la mixtura, el refinado cóctel con el batiburrillo, el surtido escogido con el forraje, las páginas bellamente escritas con la hojarasca y el follaje.

Libro escueto, sigue la estela de la mejor escuela de literatura y pensamiento español, moldeada con primor por el ensayo, el aforismo, las epístolas, los epigramas, el artículo periodístico, de rica raigambre en nuestras Letras. Por las citas y referencias directas, según ha sido dicho, lo reconoceréis, pero también por el estilo del autor, que domina con análoga destreza las frases largas que los juicios justos y medidos.

Libro breve y preciso, con voluntad de comprensión y contacto con el lector, para ser leído sin prisas y con la mente abierta. Porque sus palabras nos hablan de lo divino y lo humano, de la Historia y de historias singulares, de paisajes y paisanajes, de tradiciones y valores que cabe conservar y amparar, sea la celebración de la Navidad, nuestro pasado y presente como nación española, la amistad y la lealtad, la riqueza y la prosperidad (ejemplar texto el dedicado a la Escuela de Salamanca en el contexto de la «decadencia del 1600»), el viaje y la aventura, sea el amor, siempre el amor... 

En suma, entre brumas, escribir y hablar de la vida, para un escritor, es el mejor argumento a partir del cual trazar un estimulante sendero de palabras luminosas. He aquí un perfecto ejemplo de ello.



Juan Antonio Granados Loureda (A Coruña, 1961) se licenció en historia moderna en la Universidad Compostelana en 1984, ampliando luego estudios de doctorado en Madrid y obteniendo la especialidad en historia económica en el Istituto Internazionale Francesco Datini de Prato (Florencia). Su labor investigadora se ha centrado en el estudio de los intendentes españoles del siglo XVIII y últimamente en su relación con el desarrollo de la construcción naval en ese período, fruto de ello han sido un buen número de artículos y colaboraciones que han visto la luz a lo largo de estos años.

Paralelamente es catedrático de historia e Inspector de educación.  Trabajo que compatibiliza con una constante tarea publicística que desenvuelve en diferentes frentes, tanto con la publicación de críticas artísticas y artículos de carácter profesional, como en sus frecuentes colaboraciones en obras individuales y colectivas de índole histórica, donde podemos destacar los libros Historia de Ferrol(1998), Historia Contemporánea de España o Historia de Galicia (1999).
Colaboró desde 2002 a 2009 con artículos de opinión en el suplemento dominical del diario El Correo Gallego, publicados en su columna: «El barril de amontillado». Iniciando en 2010 una nueva columna semanal, por nombre «Entre brumas»,  en la sección de Galicia del diario ABC.

Desde que en 2003 publica en la editorial EDHASA la novela histórica Sartine y el caballero del punto fijo, centra sus miras en la literatura. En 2006, ha publicado en la misma editorial El Gran Capitán, su segunda novela. En 2010 ha publicado, nuevamente en Edhasa, Sartine y la guerra de los guaraníes,  segunda parte de las aventuras de Nicolás Sartine y la versión en pocket de “El Gran Capitán”, además de una Breve historia de los Borbones españoles” para la editorial Nowtilus. En 2013 ha publicado, también con Nowtilus, Breve Historia de Napoleón .Y con la editorial Punto de vista, también en 2013,  el ebook: España, el Antiguo Régimen y el siglo XIX. En 2014 ha publicado con la editorial Espacio Cultura Editores el libro de narrativa breve «Entre Brumas».

Es miembro del consejo de redacción y autor en la web Anatomía de la Historia y desde julio de 2011 es director de la Revista Galega do Ensino (EDUGA)