lunes, 9 de mayo de 2016

JOSÉ ORTEGA Y GASSET, EL FILÓSOFO DE LA ELEGANCIA


«no es éste, en rigor, un ensayo sobre José Ortega y Gasset, sobre su vida y obra, ni siquiera sobre su teoría de la elegancia –empresa aún pendiente y que urge acometer más pronto que tarde, como diría, y de hecho dijo, Ortega–, aunque sí está compuesto intencionalmente desde la perspectiva orteguiana de lo que significa hacer filosofía en la elegancia. Ortega no llegó a escribir nunca un libro consagrado a la elegancia –tampoco a la ética, por otra parte–, y sus referencias al asunto son tan contadas como dispersas. Pero aun así, y como ocurre con otros ejemplos de su producción intelectual, lo que sugiere y premedita en tales huellas patentiza un legado y una promesa de realización muy útiles para posteriores navegaciones.

Efectivamente, Ortega anunció un libro sobre la ética y una «meditación sobre la elegancia», y ninguna de las dos promisiones llegó a materializarse textualmente. Nos quedamos al fin sin esa prometedora pareja de libros, mas no por ello sería justo colegir que el filósofo incumplió su palabra, pues la práctica totalidad de sus textos acoge el sentido pleno de ambas llamadas, que representan, más que meros llamamientos o invocaciones, la proyección de una genuina vocación. Cierto, aunque Ortega no escribió expresamente muchas páginas dedicadas a la elegancia, si las comparamos con el volumen total de su producción, toda ella sigue el pulso inconfundible de lo elegante.


Reconocemos una demostración matemática como ejemplar elegante, observa Ortega, cuando consigue probar un teorema con el menor número de ideas intermedias. Por esta convicción arribamos al conocimiento del módulo de la elegancia, a saber: «la expresión más sobria de una máxima potencialidad, de un poder activo y funcional.» El dinamismo vital se revela en la sobriedad, pero en la sobriedad bien entendida, no como impostura envuelta en falsa modestia, sino como dechado de discreción, mesura y compostura. De Ortega podríamos afirmar lo que él a su vez enuncia del capitán Alonso de Contreras: que tenía una erudición elegante. En ese sentido preciso y pleno, es en el que advertimos en la escritura de Ortega un movimiento lujoso y exuberante, relumbrante y magnífico, característico de la escritura elegante.

Para el propósito de este libro, entenderemos aquí por escritura elegante, y a cuento de la filosofía, la exquisita y selecta manera de decir, de comunicar, de hacer pública, una penetrante meditación sin tener que mudar por ello de género literario, sin tener, por tanto, que caer en brazos de la Literatura. Se trata, en consecuencia, de una clase de inspiración –pero también de ejercicio– que habilita para pensar con bello estilo sin perder las formas, haciendo con ello posible un pensamiento distinguido, por así decirlo.»

Fragmento de la Introducción del ensayo La escritura elegante. Narrar y pensar a cuento de la filosofía (Alfons El Magnànim, Valencia, 2004).



viernes, 6 de mayo de 2016

POR QUÉ NO HAY QUE MOSTRAR HOY IMÁGENES DE LAS TORRES GEMELAS (MANHATTAN, 1973-2001)


La imagen de las Torres Gemelas de Manhattan está grabada en las mentes de millones de personas del mundo entero. Registrada en infinidad de fotografías, documentos y películas, ha pasado por toda clase de pantallas (películas, reportajes) y de  papeles (periódicos, revistas), desde que fue inaugurada la gran obra arquitectónica en el World Trade Center de Manhattan, Nueva York, en el año 1973. Constituían, pues, una presencia poderosa y una significación icónica muy atrayente y señalada por quienes maquinaron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por este motivo eligieron ese objetivo como uno de los principales a abatir en el día de la vesania y, desde luego, el de mayor repercusión mundial, en y por todos los medios.

El ataque terrorista fue cruento y sanguinario, pero el impacto que pretendían los que lo perpetraron era esencialmente visual, mediático. El terror global se persigue mediante la transmisión de la muerte en directo, la difusión planetaria del espectáculo de la devastación. Y crece merced a la recreación, haciendo de la devastación un espectáculo o un producto publicitario. El terror pretendido se perpetúa por la vía de la retransmisión y la reposición, convirtiendo el 11-S en un acto repetido, una herida que se abre día a día.

 Desde esta fatídica jornada, cada fotografía, cada plano, cada escena, cada nueva reproducción de las Torres Gemelas, que no ya no están, significa la reiteración del ataque, un desafío renovado, una celebración más.

Cada nueva representación de la fechoría no evoca tanto que el criminal vuelva una y otra vez al lugar del crimen cuanto que las víctimas y sus deudos (todos los espectadores del mundo) vuelvan incontables veces a contemplar lo que les falta.

Cada nuevo pase de la secuencia de los hechos supone literalmente una recaída, un acto provocador de reincidencia, un recuerdo con sabor a amenaza, otro aviso, otra advertencia: para que veas...

Recordar la vesania implica insistir en los efectos de la destrucción, no en la destrucción misma. Al publicar imágenes relacionadas con el terrorismo las víctimas, los caídos, han de ser los protagonistas.

En consecuencia, lo justo y decente es mostrar (con decoro, respeto y patriotismo) el daño producido, no el trofeo colgado en la pantalla.

Mostrar imágenes de las Torres Gemelas de Manhattan (sobre todo, en llamas) es, para los terroristas y sus secuaces, un botón de muestra, la muestra del botín.


Para un mayor desarrollo de este asunto: Cine, espectáculo y 11-S (Amazon-Kindle, 2012)



miércoles, 27 de abril de 2016

VIVIR COMO UN BURGUÉS


«A través del dinero [el burgués] es el más odiado: el dinero aglutina contra él los prejuicios de los aristócratas, los celos de los pobres y el desprecio de los intelectuales; el pasado y el presente,  lo expulsan del porvenir. Lo que le da su poder sobre la sociedad explica también su debilidad sobre el imaginario colectivo. Un rey es infinitamente más grande que su simple persona, un aristócrata obtiene su prestigio de un pasado más lejano que él, un socialista predica la lucha por un mundo que él ya no verá. Pero en cambio el rico no es más que eso: rico y nada más. […]

Clase sin categoría, sin tradición fija, sin contornos establecidos, no tiene más que un frágil derecho al dominio: la riqueza. Título frágil, ya que puede pertenecer a todos: el que es rico habría podido no serlo. Y el que no lo es, habría podido serlo.»


Fragmentos del ensayo de François Furet, El pasado de una ilusión. 
Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX (1995)

domingo, 6 de marzo de 2016

LA RIQUEZA DE LA LIBERTAD (2016)


Ser libre para poder ser suficientemente rico. Ser rico para poder ser plenamente libre. He aquí, en síntesis, las líneas maestras que orientan el desarrollo argumental del presente ensayo. Dos ideas que, desde la perspectiva aquí expuesta, están necesariamente unidas. 

En el orden político e ideológico, algunos de los efectos más llamativos de la primera gran crisis económica en la era de la Globalización de principios del siglo XXI, han sido 1) el resurgir rampante de la oposición dialéctica «rico/pobre», a modo de particular remedo de la antigua teoría y práctica de la «lucha de clases», y 2) la virulenta reactivación de los ataques al «libre mercado» en el seno de las mismas democracias (nominalmente) liberales. 

Ser rico y libre no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. Porque riqueza y libertad constituyen valores principales de orden económico, político y moral. 

Disponible en Amazon. es y Amazon.com



jueves, 21 de enero de 2016

LO MODERNO TRAS LO ANTIGUO


Curiosamente –aunque no casualmente–, es tal el poder de atracción, asimilación y absorción de lo moderno entre la gente que ha llegado a convertirse en una actitud común el calificar como «moderno» todo aquello que desea elogiarse respecto a una idea, una característica o un comportamiento pasados. De este modo, a no pocos analistas e intérpretes de la actualidad se les antoja afirmar, con neta arrogancia, que un escritor, un artista o un pensador antiguos exhiben una actitud muy «moderna» en el momento en que se advierte en sus trabajos algún rasgo que es juzgado correcto y positivo en el presente, esto es, desde la perspectiva del presente. Lo moderno vendría a representar así el valor y lo antiguo lo pasado.

Semejantes modos delatan, como mínimo, una sospechosa tendencia a la anacronía, cuando no al ávido determinismo, como dando a entender que si un autor clásico se expresa, por ejemplo, en primera persona o emplea la elipsis a modo de formas estilísticas, resulta ser entonces «muy moderno», en la medida en que con ello se anticipa a lo que un periodo posterior será tomado como elemento cultural característico y hasta ejemplar.

En realidad, ocurre justamente lo contrario: aquello juzgado como «moderno» es muchas veces actual y efectivo porque ya los antiguos fueron capaces de vislumbrarlo, poseerlo y mostrarlo en su momento.



Lo justo y razonable sería afirmar, en consecuencia, que a veces los modernos resultan «muy antiguos», al menos cuando recurren a usos y modos empleados antaño de manera provechosa, siendo tan válidos y fructíferos hoy como ayer. No otro sentido posee el concepto «clásico», éste sí tolerado por modernos y postmodernos, aun con inocultable reserva y prevención.

Fragmento del artículo Una ética clásica y muy siglo XXI (1) publicado en la revista El Catoblepas

sábado, 28 de noviembre de 2015

ENTREVISTA 'DOS VECES BUENO' EN REVISTA 'WADI-AS'

Reproduzco a continuación la entrevista realiza por Encarni Pérez al autor del libro Dos veces bueno. Breviario de aforismos y apuntamientos (Evohé, 2015) en el número del 28 de noviembre al 4 de diciembre de la revista WADI-AS.



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