domingo, 16 de mayo de 2021

LA TRAICIÓN DE LOS 'GESTORES DEL SABER'

 

Publicada la 2ª actualización del ensayo El virus enmascarado. Totalitarismo pandémico en la era de la globalización (2021). Corregida y aumentada, incluye un tercer Apéndice, titulado «La traición de los gestores del saber». Reproduzco aquí algunos fragmentos de dicho texto:


¿Cuál está siendo el papel desarrollado por los «gestores del saber» en la gestión intelectual del Totalitarismo Pandémico? Designo con dicha expresión a quienes antes eran conocidos por el nombre de «filósofos», «pensadores», «científicos», «intelectuales», de personas entendidas y juiciosas, críticas e independientes, y que en el presente, ya no representan conjuntos específicos ni categorías significativas, sea por cese de actividad, jubilación o cierre generacional sin relevo, sea por traición, esto es, por sacudirse responsabilidades, sea por desviarse de su destino y dejar de escuchar la voz de la vocación. Si acaso, hallamos casos particulares, aislados, de herederos de la tradición sapiencial: son los francotiradores de ideas, resistentes de la verdad y la decencia, pensadores alejados de las corporaciones (dobladas, doblegadas) que les han suplantado, para constituir una especie distinta, aunque el significante ande suelto sin significado, como pollo sin cabeza, y siga nombrándose del mismo modo a quienes no son tales.

Es por esta razón que no sorprenda (mucho) la práctica ausencia de libros y artículos periodísticos publicados ni de intervenciones públicas por parte de «gestores del saber» analizando críticamente la Gran Crisis. Ocurrió algo similar con las crisis que la precedieron, y de alguna manera, le allanaron el camino […]

No observo notorias diferencias, en cuanto a actitud y pautas de comportamiento excepto en este aspecto: mientras la masa es manipulada, los gestores del saber en la posmodernidad se dejan manipular. Caracterizados, antes de su desaparición o mutación, por su compromiso con la verdad y el conocimiento, ahora saben, pero no contestan las llamadas... Dejadas atrás la convicción y la responsabilidad, sólo les queda la profesión (y la nómina) y el interés inmediato (inversión en corto y a la baja). Porque quienes ahora saben son los dobles, las sombras, del original: son los sustitutos, los usurpadores, los «propagandistas», los «expertos». He aquí quienes gestionan el saber y el no saber de la Crisis en nuestros días. […]

En 1927, Julien Benda publicaba el ensayo La trahison des clercs (La traición de los intelectuales). No es este el único libro que trate la cuestión, mas sí cabe reconocerlo como un clásico, un texto notable, básico, de referencia; de actualidad, pues no otra cosa es un clásico. A continuación, veremos si es posible, y aun conveniente, ponerlo al día, casi un siglo después de su primera edición (el manuscrito está así fechado: 1924-1927), a partir de sus meditaciones sobre la querella entre lo universal y lo temporal. […]

Desde hace más de dos mil años, los clercs han formado un movimiento en oposición formal al realismo de las multitudes. Ocurre que a finales del siglo XIX se produjo un cambio capital: los intelectuales se han dedicado desde entonces a hacer el juego a las pasiones políticas. […]

Aquí se sitúa el epicentro de la traición de los clercs que denuncia Benda: cuando su función y destino consisten en contrariar el despotismo realista de los pueblos, han empleado todo su poder y energía en excitarlo, poniéndose al servicio de la voluntad popular en lugar de defender la causa de la verdad, el valor y las ideas, lo intemporal.

martes, 11 de mayo de 2021

'CAPE COD' de HENRY DAVID THOREAU



El nombre del escritor, pensador, naturalista y gran caminante norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862) es comúnmente asociado a Nueva Inglaterra, y, en particular, a la ciudad de Concord, condado de Middlesex, Estado de Massachussets. En la pequeña villa de Concord está ambientada la famosa novela Mujercitas (Little Women), escrita por Louisa May Alcott en 1868, hecho éste que ha dado a la población gran celebridad, siendo todavía hoy muy visitada por los turistas y el gran público. No resulta, sin embargo, tan popular el dato de que en esta recoleta localidad cercana a Boston, y en este mismo periodo, residieron magníficos intelectuales y admirables personalidades a partir de los cuales fraguó el núcleo de lo que ha llegado a denominarse el Renacimiento Americano.

Además de la saga de los Alcott, celebridades de la talla del filósofo y ensayista Ralph Waldo Emerson, el poeta Walt Whitman, el narrador Nathaniel Hawthorne, la periodista y activista por los derechos de la mujer Margaret Fuller, el abolicionista y aguerrido John Brown…, todos ellos dieron brillo y color a Concord, aunque no todos nacieran allí. 

Sí era natural de Concord otro de sus más afamados residentes: Henry Thoreau. Nacido en 1817, Thoreau cursa estudios en la Universidad de Harvard, lo cual supone sólo el primer escalón de la sólida formación humanista e intelectual de la que se beneficia, y que le conduce, en primera instancia, a ejercer de profesor en distintos centros de enseñanza de Nueva Inglaterra, para dedicarse posteriormente a la práctica de oficios menos rutinarios y sedentarios, y más de acuerdo con su naturaleza errabunda y, ciertamente, inclinada a lo silvestre.

Liberado de la disciplina del aula, fija su residencia en una cabaña de Concord (que no quiere decir que se asiente en ella), cercana al lago Walden Pond. Desde allí, al tiempo que sigue leyendo a los clásicos y a sus contemporáneos, da los primeros pasos de una singular existencia errante, sin alejarse nunca de su poblado natal: tal era el poder de atracción que aquél terruño ejerce en su cuerpo y su mente. Posteriormente, pasa una temporada en la casa de Emerson, para acabar retirándose en la de su familia.


Trabaja en la fábrica de lapiceros de grafito propiedad de su padre, ejerce muchos otros oficios, algunos de los cuales —topógrafo y agrimensor— le resultan muy útiles para la verdadera pasión que anida en su alma, o mejor, en sus pies: el oficio de cronista experto en marchas y caminos. Thoreau es, en efecto, autor de muy celebrados ensayos de naturaleza política y filosófica, como Thomas Carlyle y su obra (1847) y, sobre todo, Desobediencia civil, escrito en 1849 (prefirió ir a la cárcel, aunque sólo fuese una noche, a tener que pagar impuestos). Pero, por encima de todo, Thoreau es un apasionado de la naturaleza, de los paisajes de su distrito natal, sus dintornos y algunos contornos.

Thoreau ama caminar, estar en movimiento, vadear ríos, coronar colinas, hablar con los lugareños que encuentra al paso, preguntarles por sus profesiones, costumbres y cuitas. Pero no le gusta salir de viaje. Para dar cuenta de sus excursiones y vagabundeos (verdadero espíritu, este último, del auténtico caminante), escribe una larga serie de relatos y crónicas de paseos, que pueden considerarse, al mismo tiempo, brillantes ensayos de geografía física y humana, de historia social y antropología cultural. Walden (1854) es acaso el libro más conocido de esta serie, junto a Una Semana en los Ríos Concord y Merrimac (1849), Caminar (1861) y Cape Cod (1865), texto que ahora paso a comentar.



Cape Cod fue de los primeros lugares colonizados por europeos en Norteamérica, además de Barnstable (1639), Sandwich (1637) y Yarmouth (1639). Descubierto en 1602, constituye el primer intento de los ingleses recién llegados al nuevo continente de fundar allí un asentamiento más o menos estable, desde el que avanzar en la colonización del país. Así pues, tocamos aquí una tierra que registra la huella del origen de la nación norteamericana. Una tierra, por lo demás, física y geográficamente muy inestable y poco firme. El Cape, como suele conocerse uno de los «cabos» por excelencia de EEUU, es un depósito glaciar en forma de hoz que experimenta cambios naturales constantes. Aquí más que tierra firme hay que hablar de «tierras movedizas», de suelo de arena, de lagunas, playas y aguas oceánicas por todos los costados. Más que tierra, desierto, Cape Cod es territorio de arenales con pocas rocas y piedras, en medio de agua de mar y bajo una pertinaz lluvia. Un territorio, en fin, que existe, a pesar de todo, empapado de su propia naturaleza con voluntad de permanencia.

Cape Cod recoge distintas estancias de Thoreau en este enclave extraordinario, aunque el detalle de sus notas remite a una visita en particular realizada en octubre de 1849, coincidiendo con el verano indio, la mejor época del año para recorrerlo a pie, como tiene que ser. Caminante, por lo general, solitario, en esta ocasión está acompañado por su amigo Ellery Channing, con cuya hermana se ocupó, tras la muerte del autor, de la edición del manuscrito. Así relata Thoreau el propósito del texto en sus primeras líneas:

«Con el deseo de obtener un panorama mejor del que ya había tenido del océano, que —dicen— cubre más de dos tercios del globo, pero del cual quien viva a algunas millas tierra adentro puede que nunca tenga más indicios que sobre otro mundo, realicé una visita a Cape Cod en octubre de 1849, otra en junio siguiente, y otra más a Truro en julio de 1855; la primera y la última con un acompañante, la segunda, solo. En total, he pasado unas tres semanas en el Cape; dos veces caminando por el lado del Atlántico desde Eastham hasta Provincetown, y otra por el lado de la Bahía, exceptuando cuatro o cinco millas, y en mi andadura he atravesado la península media docena de veces; pero habiendo arribado tan fresco al mar, me he salado apenas.»

Con la caminata a cuestas, Thoreau pinta un retrato narrativo rico en marinas y playas, islas y penínsulas, amplias bahías y breves llanuras, un relato de naufragios y de pescadores, de hombre curtidos por el aire marino y el trabajo duro. Los personajes del Cape aquí descritos viven del mar y para el mar. De sus aguas profundas recogen el fruto del trabajo, e incluso en las orillas hacen acopio de los restos que vomita el océano tras hacer la digestión de los barcos que ha devorado: pecios, maderos, ropas, objetos y aun cuerpos humanos que la mar devuelve al lugar de donde un día partieron.

Para proteger la navegación de los hombres de la mar, vigilan la costa los faros del Cape. Uno destaca especialmente, cerca de Truro:

«Temprano llegamos al Highland Light, faro cuya blanca torre habíamos visto elevándose delante de nosotros sobre la playa durante el último par de millas.»

Escenario de fábula, las rompientes laderas del faro principal de Cape Cod fue denominada «Land’s End Light» en la romántica y evocadora película dirigida por William DieterleJennie (1948), historia, en verdad, fantástica, poblada de fantasmas, sobre amores eternos e inmortalidad.

Cape Cod, conocido en el pasado como Cabo del Bacalao (Codfish) y Cabo de Massachussets; para sus habitantes y visitantes, sencillamente el Cape

«Aquí está el manantial de manantiales, la cascada de las cascadas. Una tormenta en otoño o invierno es el momento de visitarlo; un faro o la choza de un pescador, el verdadero hotel. Un hombre puede estar allí de pie y tener toda América detrás de él.»

Libro de infatigables caminatas y serenas contemplaciones, de sensaciones no exentas de apacibles reflexiones, diríase que desprende olor a salitre, bacalao seco y arándanos y que suena a rumor de olas desparramándose en las amplias playas de Cape Cod.


lunes, 26 de abril de 2021

EL VIRUS ENMASCARADO (2021): ACTUALIZADO, CORREGIDO Y AUMENTADO

 


El ensayo El virus enmascarado. Totalitarismo pandémico en la era de la globalización, publicado en primera edición en marzo de 2021 ya está disponible para su descarga en su versión actualizada, corregida y aumentada.

Entre varios datos y fragmentos puestos al día, la «segunda edición» del libro incluye un segundo Apéndice, titulado «La masa en porciones», del cual incluyo aquí un fragmento:

«¿Cómo y por qué ha prosperado hasta su máximo nivel y su extrema expresión el tránsito de la sociedad de masas a la sociedad de intocables, cuya consumación ha tenido lugar a raíz de la diseminación en el año 2020 del virus enmascarado a escala mundial? ¿Cómo ha transitado la población, con tan portentosa naturalidad, del miedo al contacto, característico, según Canetti, de la sociedad de masas, al miedo al contagio de la era covidiana, momento en que la sociedad de intocables ha atrancado las escotillas, sumergiéndose hacia lo más profundo del abismo, cerrando las puertas, al tiempo que abriendo las ventanas y convirtiendo los balcones de las viviendas en miradores y palcos de teatro? ¿Cómo ha podido combinarse el aliento colectivista del covidismo con las llamadas de «¡Sálvese quien pueda!», con la reclusión y separación de las personas? ¿Cómo ha aceptado una existencia encapsulada y enmascarada —¡que conlleva tanta insolidaridad cínica y mezquina!—, obedeciendo sin rechistar las órdenes de alejamiento, la consigna suprema del «distanciamiento social», la prohibición de las reuniones sociales: la autodisolución de la masa escenifica un acto de autodestrucción, de suicidio? ¿Cómo se ha pasado de fomentar los abrazos con desconocidos en las calles, señal de solidaridad, empatía y esas cosas que gustan a la masa, a cambiar de acera para no cruzarse con sus semejantes, eludiéndolos, evitándolos, esquivándolos? ¿Cómo contar con la participación y colaboración de la masa, apoteosis del «animal social» (Aristóteles), para su insensible proceso de despiece? ¿Cómo se ha trasmutado la masa compacta en masa en porciones?»


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domingo, 11 de abril de 2021

¿QUIÉN HA GRITADO “¡FUEGO!” EN EL GRAN TEATRO DEL MUNDO?

Discursos cautivos en la sociedad limitada y anónima

1

AGENDA ONE WORLD

La Gran Catástrofe que recorre el mundo en nuestros días cerrados conduce a un horizonte oscuro que denomino «totalitarismo pandémico». A algunos sorprende la velocidad del progreso que está tomando en las sociedades ¡a escala mundial!, cual si se tratase de un paseo militar, casi tanto como el conformismo y la pasividad con que la población se está tomando la invasión de ladrones de cuerpos y almas. Será cosa de las tendencias convergentes y las «Nuevas Guerras» (versión, «Guerra Civil Global»). ¿Quién sabe? Misterios que ni la ciencia ni los Servicios de Inteligencia (Artificial) han podido aclarar aún. Tal vez porque no se trate de misterios ni secretos de Estado, sino de verdades veladas, de autoengaño y obscenidad dominando la escena, en sesión continua.

El caso es que la naturaleza y los rasgos identificativos de la plaga totalitaria no siempre son identificados ni comprendidos correctamente, circunstancia que afecta también a los pocos críticos que se atreven a denunciarlos. Y una enfermedad mal diagnosticada tiene difícil remedio. Qué sé yo…

De natural escéptico, cada día soy más desconfiado —y, por ende, prudente— aunque vigile con tesón y atención no inclinarme por la pendiente de la afectación y el obsesivo recelo. Es tal la minuciosa operación de la Propaganda y la extensión y «hegemonía» de la Doctrina Oficial sobre este fenómeno planetario que, eso sí, llego a sospechar que tanto los discursos propios y oficialistas como de contenido rebelde y reluctante, en realidad, surjan de la misma mente mentecata y la misma mano maniobrera (nada que ver con la «clase obrera»), es decir, con el sistema operativo actualizado al minuto y una descomunal base de datos a su servicio.

Cierto es que, como en toda guerra, fría o caliente, el aparato de espionaje, el doble juego y la labor de infiltrados y topos por doquier juegan un papel determinante en los avatares de un conflicto. Especialmente en la «Nueva Guerra», en la que corre más la tinta y el bulo que la sangre, los bombarderos arrojan más octavillas y libelos digitalizados que granadas y otras armas explosivas, en la que las paredes oyen, impera la turbia transparencia y el rey va desnudo, aunque, ay, pocos miran y menos quieren ver. El cuento chino que unos y otros cuentan a grandes y pequeños para tenerlos en cuarentena y en vela contiene demasiadas coincidencias, demasiados puntos comunes, demasiado pensamiento único y corrección política compartidos, demasiados lugares comunes, para achacarlos a la casualidad.

El concepto «pensamiento único» ya no tiene nada de abstracto ni de figurativo, aunque sí mucho de realismo sucio. ¿Por qué será? Con el triunfo de lo absoluto, la realidad llega a su fin, el final que todo lo iguala, su estación término, donde confluyen todas las vías, que es el morir.


“que el individuo tenga la posibilidad de decidir, de decir «sí» o «no» sin coacción, según su voluntad. De acuerdo o no con lo que diga la ciencia o su porquero”


Barrunto que la creencia fundada y el pensamiento racional han sido contaminados de absolutismo pandémico, sin distinción de sexos, credos y nacionalidades, todo lo cual resultaría altamente ilustrativo de lo que está pasando, si no ando errado en esta selva oscura donde me encuentro, en esta esfera social bajo vigilancia que no para de girar sobre sí misma.

En una época en que la información y la comunicación de masas están universalmente enmascaradas, la interacción entre sujetos adopta la forma de interactuación, y éstos, lucen a menudo perfiles indefinidos —esos anónimos y seudónimos en las redes sociales y, en general, en los contactos por medio de Internet que son los más (y lo más) en la fiesta de disfraces que anima el actual panorama dominado por la doblez, en que la virtualidad y el aparato mandan en detrimento de la fisicidad y la realidad palpable, el ruido ahoga el argumento.

A propósito, ¿quién ha gritado «¡fuego!» en el gran teatro del mundo?

 

2

A FIN DE CUENTAS

En este tiempo de camuflajes y simulaciones, cualquiera puede abrir una cuenta en una red social o plataforma de mensajería en dispositivos móviles. Con oficio en la técnica de la comunicación y con aplicación, pronto logra miles de seguidores, la mayor parte de esos que sólo escuchan lo que quieren oír. En este caso que analizo, de «críticos con el régimen covidista», o sea, de la oposición, a quienes el cuentista agita con mensajes inflamados de pasión y lucha, sin morderse la lengua y hablando, claro está, la lengua oficial, para que se le entienda.

Señala a los «conspiradores» de la cosa, a esos que «conspiran» a plena luz del día y hasta presumen a las claras de agenda de futuro. Yo entiendo que conspirar es cosa distinta, pero porque soy un tiquismiquis…

No perdona la vida a las «élites» que, según es sabido, han organizado el tinglado. El término no es sinónimo de «poderosos» ni de «malhechores», sino todo lo contrario, pero, no importa, la gente odia a los elitistas que se creen superiores y mejores que el resto, los muy presumidos y estirados.

Pasa por la quilla de la crítica social a los multimillonarios y los pudientes (magnates, corporaciones financieras, empresas farmacéuticas, etcétera), quienes anhelan, lo de siempre —ser todavía más ricos de lo que son— y por eso han montado este embrollo. En sus mansiones de lujo y sus yates, los ricos viven ajenos a las estrecheces de espacio y movilidad, ni se enteran de lo que es padecer, que para eso hay que ser pobre. Es público y noticioso, que los villanos son ricos, y viceversa, de modo que no resulta difícil entusiasmar a los enemigos del comercio, que con tal de vender humo son capaces de lo que sea. Pobres… Desconocen que el Poder es una pulsión muy superior al instrumento del dinero, y no se percatan de que los Amos del Mundo ricos son culpables y despreciables por desear ser Amos del Mundo, no por ser ricos. Pero, esto suena a cháchara de «expertos».

Si hasta hace poco el cuentacuentos la tomaba con los «expertos», últimamente insiste en que debe atenderse lo que afirman los «hombres de ciencia»; por lo visto, tipos distintos unos de otros. Según este criticismo en observación, «experto» significaría algo así como «sabelotodo» o «listillo», y «científico», quien está parcialmente cualificado, porque es nada menos que un especialista en la materia que toque (de los asuntos del espíritu no sabe, que ese es oficio de curas y filósofos).

Yo no me explico muy bien ni soy experto en nada, pero el que lleva la cuenta sí sabe decir las cosas como conviene y como han de ser, comprensibles para todo el mundo.

También cuando diserta sobre los riesgos que comportan las «vacunas anti-covid». Y proclama muy ufano: «yo no me vacuno». Sus miles de seguidores entenderán lo que dice, mas yo quedo bastante confuso. ¿Por qué emplea el término «vacuna», que es la denominación oficial de ese fluido inyectable que algunas voces cualificadas conceptúan como «tratamiento génico sintético», en unos casos, y «placebo», en otros, a fin de confundir y engañar, todavía más, a la temblorosa población? ¿Por qué denominar «vacuna» a lo que podría ser llamado, asépticamente, «inyección» o «pinchazo», si el presunto propósito del cuentista es desautorizar la campaña internacionalista de estampar y timbrar el cuerpo humano para que se convierta en la terminal de un global centro de comunicaciones —cuando no, en cobaya de laboratorio?

Propósito de la Propaganda es desactivar al crítico desde el mismo punto de salida, poner en su boca términos y expresiones permitidas, sin que se dé cuenta… Que no se exprese, pues, como un crítico de verdad, sino como uno más, como todos los demás. Que cada cual sea cautivo de sus discursos y, mediante la repetición, cautive a los demás. Labor del propagandística es que el agresor pase por pacifista y quien se defiende, por defensor de la guerra. Que quien denuncie la trama diabólica de la «vacunación» universal, cayendo en la trampa de llamar a las cosas como desean que lo hagas, quede a la vista del público como un enemigo de las vacunas — de la «salud pública» y de la solidaridad universal, por descontado.

No planteo una cuestión de «corrección lingüista», pues no tengo vocación de gramático. Pero sí estoy muy atento a los usos del lenguaje, del consciente y del inconsciente, de lo que se dice y lo que se hace, sabedor de que uno es esclavo de las palabras necias y amo de las justas, y de que por la boca muere el besugo. Observo cómo te expresas y sé quién eres. Si no quieres ser cómo ellos no hables ni actúes como hacen ellos.

El cuentero, personaje de nuestra «historia basada en hechos reales», lleva varios meses lanzando mensajes envenenados contra «las vacunas», ofreciendo cifras y estadísticas de fallecidos tras dar la mano al sanitario quien, por motivos de seguridad y en defensa de la «salud pública», se toma el brazo. Advierte al estremecido espectador de los peligros que afronta si «se vacuna». Sucede, primero, que uno, si fuera el caso, no «se vacuna», sino que «es vacunado»; segundo, que pretende aterrorizar a la población quien no se cansa de acusar a las «élites» y a los «ricos» de extender por el mundo el discurso del miedo…

Hace unos días, el cuentón, en su anonimato, publica una entrada en las redes sociales en la que comunica a sus miles de seguidores su decisión, finalmente, de vacunarse, porque es lo mejor, después de todo y la vida (como el espectáculo) debe continuar. Muy educadamente, pide disculpas a quienes haya podido decepcionar su cambio de actitud, pero se siente en la obligación de hacer saber aquello que no hacía falta, en cualquier caso, dar a conocer. Pero, esta es la irreal realidad en las redes sociales, medio principal de contacto y comunicación (a distancia y compartiendo ficciones, en gran medida) para millones de individuos encerrados en sus casas y ciudades, por tiempo indefinido.

Hace días que el de la cuenta no tuitea. Y el cuento se acabó.

 

3


«LA CIENCIA ES LO ÚNICO QUE NOS SALVARÁ»

Al mismo tiempo que progresa el plan de dominación global, el pensamiento mágico, el «terrorismo de los laboratorios» y «la barbarie del especialismo» (José Ortega y Gasset) avanza con entusiasmo una de sus réplicas más socorridas, por los hunos y por los otros: «la ciencia es lo único que nos salvará». Con La Ciencia hemos topado: discursos cautivos, en la sociedad limitada y anónima, en la red de la posilustración ilustrativa y el pospositivismo ilógico.

 

«Habituados a los lugares comunes de la calderilla filosófica que circula —un tomismo diluido en la derecha, el positivismo en la izquierda»

Josep Pla, El cuaderno gris


¿Quién ha dicho que todo ha cambiado y quiere volver a lo de Antes? Quien no sabe Historia, ni tiene memoria buena y cree firmemente que el mundo se crea en un Big Bang cada vez que eructa.

Vivimos en la era del pos…tureo.

Para la posilustración, el desorden en la sociedad radica, básicamente, en la falta (o insuficiencia) de educación y de cultura en la gente; se trata de una interpretación pedagogista muy del agrado del gremio en cuestión y de quienes adoran dar lecciones a los demás, aunque, en la mayor parte de los casos,  son producto del síndrome del Maestro Ciruela: ya saben, el que no sabía leer y puso escuela.

Para el pospositivismo, el debate reside en qué hospitales, tratamientos, pruebas, mascarillas o vacunas son los convenientes y cuáles no. Sus fieles no cuestionan (o lo hacen tímidamente) la plaga totalitaria, sino que, los muy reformistas, se emplean a fondo para querer mejorar la situación con verdaderos diagnósticos y eficaces remedios científicos.

Unos y otros olvidan, con todo, una cuestión esencial: el problema central de nuestro tiempo no es de buena o mala calidad científica, sino de libertad ante un negro panorama de rampante restricción de derechos y libertades. Es decir, que el individuo tenga la posibilidad de decidir, de decir «sí» o «no» sin coacción, sobre sus elecciones particulares y según su voluntad. De acuerdo o no con lo que diga la ciencia o su porquero.


domingo, 21 de marzo de 2021

CUESTIONARIO: NADA PERSONAL

- Por favor, indique una frase que le defina:

La vida es ensayo

1.- Leño, grupo legendario por excelencia, titulaba una canción “Maneras de vivir”. ¿Cuál es su manera de vivir día a día?

Me remito, asimismo, al título de otro célebre tema: My way (A mi manera), popularizado por Frank Sinatra. En dicha expresión, casi un “lema”, no pretendo tanto ser original y estupendo en todo lo que haga, cuanto ser yo mismo y estar en mi sitio. Parafraseando unas agudas palabras del director de cine Ernst Lubitsch, añadiría lo siguiente: hay muchas maneras de vivir [el cineasta hablaba sobre cómo rodar una secuencia cinematográfica], aunque, en realidad, sólo hay una para cada uno. La clave de asunto consiste en encontrar, identificar y poner en práctica esa singular manera.

2.- Munch gritó al mundo con su obra El Grito. ¿Cuál sería su grito al actual mundo, qué le gritaría?

Creo que en este mundo se grita demasiado, sea para llamar la atención, sea por creer tener razón por el sólo hecho de indignarse y alzar la voz, sea por lo que sea. Pero, claro, hablarle al mundo abarca mucho espacio y se precisa de buenos pulmones. En cualquier caso, dudo que me entendiese si —con voz calmosa— le rogase que no vocifere y que se contenga. Ante todo, mucha calma…

3.- Lo que el viento se llevó es un clásico del cine pero: ¿Qué se llevó el viento cuando le llegó la fama o el reconocimiento?

Es usted muy amable al formular la pregunta dando por hecho la presunta fama o el reconocimiento que (supuestamente) ha cambiado mi vida. Sea como fuere, de tener que ser llevado en volandas, prefiero que ocurra por ser reconocido (o sea, conocido y valorado) por mi trabajo y no tanto por efecto de la fama, que es cosa bastante vana.

4.- El Guernica, Picasso; escenificaba una gran tragedia/catástrofe. ¿Existe un Guernica actual en nuestra sociedad? De haberlo, ¿cuál pintaría?

No sé pintar, y no confío mucho en la intencionalidad “conceptual” y movilizadora del arte, ni en su presumida misión de lanzar mensajes con el fin de concienciar a la gente. Si un artista desea enviar un mensaje que haga como el resto de los humanos: utilizar el Whatsapp o el correo electrónico o las señales de humo.

5.- Parafraseando a Los Secretos: ¿Cuál es la buena chica/el buen chico de su vida?

No es ningún secreto revelar el sueño o fantasía acerca de mi chica buena. Pues ya lo enunció Mae West: “Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor”.

6.- Goya, al final de sus días, plasmó en su obra “Aún aprendo”, todo un alegato de un grande sobre el conocimiento. Usted: ¿de qué o quién aprende?

Una persona realmente inteligente es aquella que está siempre aprendiendo, porque la vida en una constante experimentación basada en el ensayo y el error. Aprendemos, en primera mano, de nuestra propia experiencia, de nuestros propios errores. Lo que aprendemos a través de nuestros maestros (empezando por nuestros padres, y de ahí en adelante) es a no tener que empezar de cero y sentirse tentados a inventar del mundo en cada particular recorrido vital. El hombre es un ser heredero, por naturaleza…

7.- El Padrino III, ¿esgrimía una visionaria frase? O ¿imperecedera en cualquier tiempo?... “Cuanto más alto subo más mierda encuentro”: ¿Se ajusta a nuestra actualidad política?

A mi parecer, se ajusta a la actualidad política de todo lugar y en todo momento. El Poder corrompe necesariamente. Por ello resulta sumamente peligroso delegar o transferir los asuntos y las responsabilidades de cada cual a “instancias superiores”, dando por supuesto que los políticos y las altas instituciones solucionarán nuestros problemas. Semejante sugestión se extiende, no obstante, de arriba abajo, al conjunto de la sociedad, mimetizando así el “arte de mandar” y de ponerse en el lugar del otro. Muy inquietante y amenazante es escuchar esa “música grabada” muy habitual en tantos contextos y que suena a canto de sirena: “Usted no se preocupe de nada. Nosotros nos ocupamos de todo…”.

8.- Manolo Tena escribió y cantó… “Si todos no han muerto, hay alguien que sueña”: ¿Qué podemos esperar nosotros mismos de esta sociedad? ¿Se ha perdido toda fe? ¿Algún vivo en la sala? Usted está muy vivo… ¿Su sueño?

Mi sueño es soñar que estoy vivo. Y después, despertar. Aunque descubra encontrarme solo en la sala.

9.- La Divina comedia de Dante, se divide en tres partes: ¿Cuál sería su infierno? ¿Su purgatorio? ¿Su paraíso?

El infierno es la falta de alegría y de calidez humana, el invierno del descontento (William Shakespeare). El purgatorio es la sala de espera que tanto desespera. El paraíso es para mí tener un buen día, echarme por la noche en el sofá del salón de casa y disfrutar de una buena película mientras saboreo un whisky con hielo.

10.- Hágase una pregunta, por favor. ¿Nos la contesta?

¿Qué es la vida? Es aquello que nos está pasando…

GRACIAS!!!!  EL CLUB DEL ESCENARIO


Nota. Revisando archivos en el ordenador, encuentro este cuestionario que había olvidado por completo. También olvidé la fecha en que lo respondí, al serme propuesto por el blog El club del escenario. De hecho, creo que quienes me enviaron el cuestionario olvidaron, a su vez, publicarlo, quedando así inédito... Y no es nada personal. Su contenido tampoco es nada del otro mundo, pero este blog (que es también el suyo, amable lector) puede hacerle un hueco y de este modo, recuperarlo para la memoria. Si me preguntasen ahora semejantes cuestiones, estoy por asegurar que contestaría lo mismo.