«La noción de que podemos transferir nuestras culpas y dolores a otros seres que los soportarán por nosotros es familiar a la mente del salvaje. Se origina en una confusión obvia entre lo físico y lo mental, entre lo material y lo inmaterial; por ser posible trasladar una carga de leña o piedras, o lo que sea, de nuestros hombros a los hombros ajenos, el salvaje cree igualmente posible transferir la carga de sus penas y tristezas a otro para que la sufra en su lugar. Con esta idea actúa y el resultado es un número infinito de tretas malévolas para endosar a otro cualquiera la pesadumbre de la que un hombre quiere sustraerse. En pocas palabras, la idea de delegar el padecimiento es corrientemente entendida y practicada por las razas situadas en un nivel inferior de cultura intelectual y social.»
En el año 2013, publiqué el ensayo titulado La ilusión de la empatía. Ponerse en el lugar del otro y demás imposturas morales, donde analizo tal fenómeno desde la perspectiva de la filosofía moral. Pues bien, todo ese libro no supera, ni siquiera iguala de lejos, la contundencia y precisión de este fragmento, a fin de desmontar la impostura de la "simpatía simpática" o sympatheia, extraído del libro de James George Frazer, La rama dorada. Magia y religión (1890). Libro III. La víctima propiciatoria. Capítulo 1. La transferencia del mal.