lunes, 28 de febrero de 2011

«EL PODER DE LA ESTUPIDEZ» de GIANCARLO LIVRAGHI



Giancarlo Livraghi, El poder de la estupidez, traducción española de Gonzalo García, Crítica, Colección Ares y Mares, Barcelona, 2010, 277 páginas.

Giancarlo Livraghi (Milán, 1927) es publicista, bibliógrafo y escritor italiano. Si bien ha cursado estudios en filosofía, su línea de pensamiento, conocimiento y estudio la viene realizando básicamente en el campo de la empresa y la comunicación. Tanto los libros publicados como los trabajos de investigación  realizados hasta la fecha (ninguno publicado en español, a excepción del aquí reseñado) han experimentado en los últimos años un giro crucial hacia el amplio horizonte de información y negocio que ofrece Internet.
Tanto es así que El poder de la estupidez surge como resultado de un trabajo labrado durante años en diversas intervenciones en la red. Tal y como reconoce en la «Introducción» del libro, Livraghi publicó, hace más de una década, en publicaciones online diversos comentarios relacionados con el poder de la estupidez sobre la experiencia humana, y que provocó un vivo debate al respecto en distintos foros y círculos de la red. Un primer compendio de esta discusión pública fue la publicación en inglés de un texto breve, titulado justamente The Power of Stupidity (1996). Al mismo tiempo, inauguró un sitio web —http://gandalf.it— donde ha ido centralizando y ampliando el coloquio acerca de este asunto. Tras nuevas ediciones, tanto en versión electrónica como en papel, Livraghi ha reunido finalmente toda la documentación y el debate producidos hasta el momento, sobre el asunto de la estupidez y el poder, en un volumen publicado en inglés en 2009 con el mismo rótulo que el de 1996, precisamente el que ha sido tomado como original para la edición española aquí traída a cuento. El tema sigue abierto actualmente en la red.
Aun siendo el autor licenciado en filosofía, y atendiendo en rigor al mismo título del libro, El poder de la estupidez, no estamos ante un ensayo de filosofía. Tampoco de ciencia política o sociología. El año próximo celebramos los quinientos años de la publicación del Elogio de la locura de Erasmo de Rótterdam, donde, como es sabido, por «locura» no hay que entender insania o enajenación mental, sino ni más ni menos, que estulticia, insensatez, o sea, estupidez. Por citar sólo otro referente notable —en esta ocasión, más cercano a nuestro tiempo— de nuestro asunto, en 1985, el filósofo francés André Glucksmann saca al mercado La estupidez (La bêtisse), ensayo netamente filosófico que, además, indaga la política de la idiotez humana.
El campo de investigación de Livraghi va, sin embargo, por otro camino. De antemano, renuncia el autor a cualquier definición o aproximación conceptual relativa a la estupidez. La atención se centra aquí en el terreno de la descripción del fenómeno y en las consecuencias que de él  se derivan. Por contraste y por deducción, logramos descubrir, al fin, que para Livraghi «estupidez» es sinónimo de «necedad» y contrario a «inteligencia». Algo es algo. ¿De qué tratamos, entonces? Según el autor, la estupidez es la fuerza más destructiva de toda la evolución humana. Fuente de grandes limitaciones en cuanto a las potencialidades del hombre, y también de disgusto y quebranto en cuanto afecta negativamente a la búsqueda del bienestar, urge, en consecuencia, conocer los síntomas que presenta la estupidez para así ponerle freno. A tal objeto, el autor sugiere esforzarse en un nuevo saber: «La estupidología consiste, en lo esencial, en intentar comprender por qué las cosas salen mal y cómo la estupidez humana causa la mayoría de nuestros problemas.» (pág. 16).


Tomando como punto de partida conocidos principios —las leyes de Murphy, de Parkinson o Cipolla, el principio de Peter o la «navaja de Hanlon»—, las teorías neurobiológicas, de la inteligencia emocional y del caos, Livraghi propone acercarse a la estupidez como lo que es: una manifestación dañina del hombre que responde a unos motivos y sigue unos patrones de comportamiento determinados... De igual modo que el caos no es caótico, ni loca la locura, pues sigue unas leyes que la razón descubridora es capaz de comprender, es posible también dominar y contrarrestar la estupidez merced a conductas positivas y neutralizantes de la necedad. Así como, en fin, «la complejidad es en realidad sencilla, pero nuestra forma de pensar hace que parezca complicada» (pág. 241), así también la estupidez puede prevenirse y contenerse por medio de los adecuados antídotos. Basta con identificar sus señales y oponerles remedios inteligentes.

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