viernes, 15 de febrero de 2013

'BREVE HISTORIA DE... NAPOLEÓN' DE JUAN GRANADOS



La colección «Breve historia de…», creada por la editorial Nowtilus, ha reservado uno de sus últimos títulos a glosar la vida y la obra de Napoleón Bonaparte. A primera vista, podría uno considerar inalcanzable, una misión imposible, concebir siquiera semejante propósito, por tratarse de un personaje, bizarro donde lo haya, que no se deja reducir, cercar ni estrechar fácilmente. Está en la naturaleza de este caporal corso, llegado a lo más y venido a menos, el resistirse a ser confinado en el reducido islote de una monografía de poco más de trescientas páginas.


Porque Napoleón, quien soñó con dominar Europa y el mundo entero si lo hubiesen dejado, es el epítome de la desmesura, la esencia del carácter excesivo y desbordante, un déspota ilustrado y desbocado, un torrente de acción y pasión que sobrepasa cualquier ribera o frontera. Comandante en jefe de la Grande Armée, constituye uno de los sólidos baluartes sin los que jamás hubiese crecido la noción de la Grandeur de una nación, Francia, que todavía hoy lo tiene por uno de los padres de la patria, una gloria nacional a la que acaso venera por temerlo, más que por amarlo. Bonaparte, quien anheló ser el moderno Alejandro Magno y acabó siendo una especie de Atila, nace y vive con una idea fija que aviva su naturaleza tempestuosa: pasar a la historia.

Y he aquí la fenomenal empresa que Juan Granados acomete con indudable valor y no menor éxito: contarnos el ser y el hacer de Napoleón Bonaparte, y hacerlo con naturalidad y amenidad, recorriendo los principales capítulos de la existencia del autoproclamado «Sire» con la vivacidad de un paseo militar, con la seguridad y el aplomo de quien conoce al dedillo el terreno que pisa y el itinerario que recorre. 

La doble condición de historiador y novelista, felizmente reunida en el autor, favorece la labor. La profesión de historiador, por una parte, permite desplegar el relato de los hechos con rigor y fundamento, al tiempo que controlar los tiempos y las medidas, de manera que la corriente de los acontecimientos referidos sí fluya — en su caso, sin derramarse— por los márgenes convenientes de una monografía de este género, en el que la concisión manda, aunque sin traicionar la necesaria elucidación del tema en curso. El oficio de escritor asegura, por su parte, que el lector siga con interés y sin flaqueza el argumento de la historia.


No es sencillo, en efecto, resumir y al tiempo explicar naturaleza tan fisiológicamente volcánica como la de Napoleón, un hombre que se define por su instinto, por su impulso, por no hablar de pulsión. Hombre con muchos atributos, es, no obstante, un tipo sin principios. Nacionalista corso, reconvertido en patriota francés, es alérgico a las pequeñas naciones; su cabeza sólo concibe grandes naciones —en realidad, sólo una Nación: su Francia—, a quienes los demás deben plegarse. Hombre menudo, es enemigo de lo mínimo. Hijo de la Revolución, es un profundo conservador que termina detestándola cuando ésta se revuelve contra su majestad. Republicano de origen, se corona a sí mismo Emperador. Profesa todas las religiones y ninguna en particular. No puede creer en Dios, porque, devoto monoteísta, sólo cree en él mismo. Se mete en política sin conocer ni gobernar las artes de la diplomacia, las maniobras parlamentarias o las intrigas de salón. Militar de casta, sólo observa el manual del ordeno y mando. Paradigma del estratega, actúa, en fin, como un pragmático; dice Stendhal de Napoleón que «nunca había tenido un plan». Y, con todo, no cesaba de urdir descomunales proyectos.

Todo este totum revolutum, tal marejada de ideas y creencias, hazañas y sentimientos, que bullían en un solo hombre, en un hombre solo, era menester ser concentrado en un texto ágil y claro, denso y a la vez inteligible. Y a fe que Juan Granados ha logrado vencer las dificultades y mostrarnos el paisaje de una época antes, durante y después de la batalla, las campañas de un caporal corso que hizo temblar a Europa y no dominó el mundo porque no le dejaron. La aventura de este guerrero, que en Waterloo perdió la batalla, fue rematada en la isla de  Santa Elena. La vida de Napoleón Bonaparte acabó como empezó: procurando huir de una pequeña isla para ganar el continente.



JuanGranados (La Coruña, 1961) es catedrático de Historia e Inspector de Educación. Se especializó en Historia Económica en Florencia y ha investigado y publicado artículos sobre los intendentes españoles del siglo XVIII y su relación con el desarrollo de la construcción naval. Ha participado en la edición de varios libros de Historia como Historia de Ferrol, Historia Contemporánea de España o Historia de Galicia. En el ámbito de la ficción en 2003 publicó la novela Sartine y el caballero del punto fijo, novela que comenzó una saga que ha continuado con Sartine y la guerra de los guaraníes. Es además autor de El Gran Capitán. En Ediciones Nowtilus ha publicado Breve historia de los Borbones españoles.
Colabora con diversos medios de comunicación: durante siete años escribió una sección, El barril del amontillado en El Correo Gallego, actualmente  publica una columna semanal en ABC Galicia titulada «Entre brumas». Dirige la Revista Galega do Ensino (EDUGA) y colabora periódicamente con Anatomía de la Historia.

martes, 12 de febrero de 2013

¿ES ESPAÑA UN PAÍS CON PORVENIR?



Releo un libro verdaderamente asombroso. Felizmente sorprendente. El trabajo del sociólogo español Víctor Pérez-Díaz, Una interpretación liberal del futuro de España. En rigor, más que un ensayo, lo que se nos ofrece es nada menos que un manifiesto liberal contemporáneo español.
Los asuntos allí tratados se concentran en los terrenos económico, social, educativo y político, y manteniéndose a distancia de planteamientos de crepúsculo noventayochista y de aurora postsesentayochista, circulan por la senda del liberalismo, desdichadamente menospreciada dentro de nuestras fronteras, aunque definitivamente revelada como la más factible en el mundo que viene, globalizado y sin fronteras. Precisamente en este prejuicio pasado y en la rutina presente residen dos perceptibles causas del déficit de crecimiento y desarrollo en España. A ellas se suman otras:
—     los obstáculos interpuestos a la plena liberalización de la economía
—     las severas resistencias a los programas de reformas y modernización (hasta «sus últimas consecuencias» y en los más variados frentes)
—     las deficiencias del modelo educativo español (rígido, pacato, corporativista, ideologizado)
—     la vigencia del modelo de sociedad clasista y clientelar (que privilegia el modelo estatalista e inmovilista del denominado «Estado de bienestar» a costa del desarrollo de la sociedad civil y abierta)
—     y, en fin, las políticas públicas reincidentes, partidistas y autonómicas, poco proclives a primar la estabilidad, el funcionamiento del Estado y del sistema democrático, así como la lealtad institucional y constitucional, sobre el devenir de las contiendas electorales y la alternancia del poder.
Por todo ello no es posible evitar la sospecha de que el futuro de España (país lento y lastrado) dependa más de factores externos que internos. La conclusión, empero, no es pesimista.
Aunque (o precisamente porque) afrontamos un mundo globalizado que aumenta en complejidad, nuestro futuro, afirma Pérez Díaz, pasa por simplificar las cosas y aportar la vía de la resolución de conflictos a través de la elección racional que garantiza la estrategia liberal, a saber, España en Europa (entendida como orden en libertad y «superpotencia civil») y fortalecida por alianzas internacionales (en especial, el Reino Unido y Estados Unidos).

Cuando hace más de cincuenta años, un gran liberal español, José Ortega y Gasset, hacía balance de su ensayo España invertebrada (1921) y del diagnóstico que en él hacía sobre la perspectiva del país, llegó al siguiente resumen que muy bien podría aplicarse al sentido y alcance último del trabajo de Pérez-Díaz:
«Vistas las cosas así, los jóvenes españoles pudieron aprender en mi libro algo nuevo y alentador: que la “España mejor” no está, acaso, en el pasado, sino en el porvenir. Mi pequeño libro no era sino un impetuoso intento para abrir una brecha en el horizonte cerrado que la historia presentaba a mi país.» (Anejo a La rebelión de las masas).

Ofrezco aquí una versión levemente corregida y reducida de la reseña del libro de Víctor Pérez-Díaz, Una interpretación liberal del futuro de España, Taurus, Madrid, 2002, que publiqué, con el título «Un país con porvenir», en el suplemento cultural ABC Cultural, Madrid, nº 548, 27 de julio de 2002, p. 18.




domingo, 3 de febrero de 2013

CIEN AÑOS DE LA GRAND CENTRAL STATION EN MANHATTAN: ALL ABOARD…

FRG

Ofrezco aquí un tributo a uno de los edificios más emblemáticos de Nueva York, la Grand Central Station, tan grande y hermosa que celebró los 100 años el día 1 de febrero de 2013. La estación terminal está situada en la calle 42, coronando Park Avenue. All aboard…


FRG


FRG

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Today New York’s Grand Central Station turns 100 Pictured, looking toward Grand Central Station where new center north of Grand Central (Pan Am building) would be built. More photos here (Andreas Feininger—Time & Life Pictures/Getty Images) via life