miércoles, 1 de agosto de 2012

MONTE CELIO: EN EL CIELO DE ROMA



Durante mi última estancia en Roma realicé sendas excursiones a las siete colinas de la ciudad. Deseaba contemplar la grandeza del emporio urbano por antonomasia —el almacén de antigüedades italianas por excelencia— desde las siete gloriosas atalayas, puestos de guardia y vigía que diríanse protegerla a lo largo de los tiempos. Desde estas tribunas, uno, aun sin ser orador, siente el impulso de dedicar a tan magna villa unas breves palabras en señal de tributo y devoción. Desde estos miradores luminosos, uno no ceja en el perpetuo empeño de descubrir algo nuevo en la Ciudad Eterna. 

De entre los siete magníficos cerros romanos siento especial predilección por el Monte Celio, al sureste de la urbe. Allí pasó una infancia feliz el filósofo y emperador Marco Aurelio, antes de que los altos destinos de Roma le hiciesen descender a la arena política y pasase a ocupar las dependencias palatinas en calidad de príncipe, siguiendo así la tradición dinástica de los Antoninos. Tras recorrer las alamedas y las calles, las plazas y los jardines del barrio, respirando un aire superior, me asomo a sus terrazas, y Roma se me antoja tan hermosa e imponente como creía no haberla visto jamás. En realidad, ha sido así siempre, la misma es desde milenios, desde su origen. En este lugar privilegiado, cree uno tocar el cielo de Roma; es más, juraría haber llegado a la cumbre del mundo.

Las siete colinas de Roma señaladas en el plano de la ciudad

Recorro, aunque sin prisas, los espacios de este pedazo de firmamento. Paseo y veo. Ando pensando, como ensimismado, hasta que, de pronto, un monumento tras otro llaman mi atención y hacen que me detenga: ora la Chiesa dei Santi Giovanni e Paolo o la Chiesa de San Clemente o la Chiesa di Santo Stefano Rotondo o la Chiesa di Santa Maria in Domene en la Piazza della Navicella, ora el Parque de la Villa Cellimontana, espacio sereno donde los haya, rebosante de pinos altivos y de robles nobles. Tantos sitios, ay, en un solo lugar.

La Navicella frente a la entrada de la iglesia Santa Maria in Domine

Fachada de la iglesia de San Clemente

Interior de la iglesia de San Clemente

Iglesia de Santi San Giovanni e San Paolo

Via San Giovanni in Laterano

Puerta Villa Cellimontana

Villa Celimontana según un grabado de Giuseppe Vasi (1761)

Villa Cellimontana
Via Marco Aurelio
Me paro en la Via Marco Aurelio y me dejo llenar de sensaciones y meditaciones del pasado, de los sabores de la eternidad. Aquí me detengo. Aquí me quedaría de por vida, ¡por Jupiter!



domingo, 22 de julio de 2012

LA CANCIÓN DEL VERANO: ¡RESCÁTAME!



España, como «país soberano», no llega a los exámenes de septiembre. Y si llega, no pasará la prueba, no aprobará. El motivo es muy sencillo: no ha hecho los deberes, ni piensa hacerlos. Y ya se han consumido todas las convocatorias. ¿Para esto ha servido tanta «Educación para la Ciudadanía»…?

España, como Estado de las Autonomías, es un Estado fallido. Así de claro. No es viable. Ni deseable que lo sea, al precio de la pérdida de unidad y estabilidad nacional, así como del empobrecimiento general en beneficio de unos pocos. En la Transición se engañó a la Nación. Así, sin más. A lo que nos han dejado de España hay que ponerle solución y arreglo. Antes de que no nos quede nada.

España, como Nación, ya no tiene, en la práctica, poder de decisión. «Territorial» y socialmente está dividida y enfrentada hasta la autodestrucción. El actual Gobierno de la Nación (¿centro-derecha?) se encuentra sobrepasado por las circunstancias. No ha tomado ni va a tomar la Gran Decisión que dejaría respirar a la estrangulada sociedad española, a saber: desmantelar el Estado Autonómico y «de Bienestar». No se atreve. Probablemente, tampoco desee hacerlo. A partir de ahora sólo va a intentar salvarse a sí mismo, como Ejecutivo y como partido. Los grupos nacionalistas y la izquierda política ya ni siquiera disimulan sus inclinaciones sustanciales: echarse al monte; decretar, de nuevo y unilateralmente, el Estat Català; volver a impulsar la Revolución de Octubre.

España, como sea, debe ser rescatada. Esta es hoy la salida patriótica al callejón sin salida en que se encuentra. Necesita un Gobierno de técnicos —no de políticos—, tutelado por la Unión Europea y el FMI, que haga lo que hay que hacer. Porque los españoles no tienen lo que hay que tener... ¿Qué pasará? No teman, no será para peor. 

La derecha dejará hacer; y además se sentirá aliviada: ¡qué inventen otros! A la izquierda política y a los partidos nacionalistas le resultará más difícil oponer resistencia y fuerza a un Ejecutivo que actúe desde Bruselas, descalificándolo con el sambenito de «derecha franquista» y ya está. No digo que no lo hagan; lo harán: les hemos oído tildar de «franquistas» hasta a los ¡Reyes Católicos…! Les quedará, eso sí, la acción directa basada en vociferar contra el «neoliberalismo salvaje» y los «Mercados». Pero, éstos están y estarán, durante bastante tiempo, muy lejos de aquí… Mientras tanto, y hasta que volvamos a la normalidad democrática y nacional, con un poco de suerte y mucho esfuerzo, habrá que practicar la cura de España, que le permita recuperarse y seguir adelante.

En consecuencia, ánimo, rescátennos, please. No nos den el verano. Dennos la canción del verano. 


viernes, 6 de julio de 2012

EXEDRA DE MARCO AURELIO EN ROMA


En mi último viaje a Roma, dediqué un par de mañanas a visitar la «Exedra» de Marco Aurelio, espacio de superior dignidad, luminoso tunel del tiempo que nos retrotrae a los viejos tiempos en los que reinaba uno de los más grandes emperadores romanos que ha conocido la historia. Un emperador y filósofo cuya obra, Meditaciones, constituye uno de mis libros de cabecera.




Reproduzco a continuación la referencia que sobre este soberbio espacio aparece en la página de los Museos Capitolinos en Roma:




«La nueva grande sala con ventanales construida en el interior de lo que se solía denominar el Jardín Romano del Palacio de los Conservadores acoge hoy la grande estatua ecuestre de Marco Aurelio junto a algunos grandes bronces capitolinos, el Hércules de bronce dorado procedente del Foro Boario y los restos del coloso de bronce de Constantino.

Proyectada por el arquitecto Carlo Aymonimo, representa una prestigiosa realización arquitectónica moderna en el ámbito del complejo museístico capitolino y constituye el punto de unión expositivo entre la parte histórica del Palacio de los Conservadores y los sectores del museo de más reciente constitución.


La sala fue realizada dentro de un área descubierta que, históricamente, indicaba el límite entre la propiedad de los Conservadores y la de la familia Caffarelli. En este espacio, para acoger la gran cantidad de esculturas provenientes de las excavaciones relacionadas con la urbanización de nuevos barrios después de la proclamación de Roma Capital, fue construido en 1876 un pabellón octogonal, proyectado por Virgilio Vespignani, más tarde desmontado por la reorganización del área como jardín.

La gran y luminosa aula actual, herede de la vieja realización, acoge la gran estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, colocada originariamente en el centro de la Plaza del Campidoglio y actualmente sustituida por una copia para protegerla de daños ante una exposición al aire libre.



El monumento ecuestre no está citado por fuentes antiguas y fue realizado en el año 176 d.C., cuando se produjo el triunfo del emperador sobre las poblaciones germánicas, o en el año 180 d.C., enseguida después de su muerte.

Conservado en el Laterano desde el Medioevo, llegó hasta nosotros gracias a una identificación errónea del caballero con el emperador cristiano Constantino.
En la sala se exponen algunos de los grandes bronces pertenecientes al núcleo inicial de las colecciones capitolinas de la antigüedad: el Hércules de bronce dorado del Foro Boario y los restos del coloso bronceo de Constantino; también se pusieron en evidencia los restos monumentales de los cimientos del templo de Júpiter Capitolino.»