lunes, 31 de octubre de 2011

LA PROPAGANDA ANTICAPITALISTA DE TODOS LOS DÍAS EN LAS ESCUELAS ESPAÑOLAS





«[...] Para evitar esa situación se necesita que los obreros adquieran conciencia de clase y se organicen revolucionariamente, es decir, que comprendan que sólo recuperarán su dignidad como hombres y trabajadores cuando acaben con el capitalismo como estructura social opresora» (Editorial Almadraba).

· «El poder político es el poder supremo que, en una sociedad, decide, de manera obligatoria para todos, lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse» (Editorial Anaya).
· «Existen numerosas instituciones y organismos que en lugar de favorecer la autonomía y la libertad, hacen lo posible por manipular y controlar la voluntad de las personas». «[...] Ciertas organizaciones poderosas (empresas multinacionales, grandes bancos...)». (Editorial Mc Graw Hill).

· «Una de las tareas de nuestro proyecto ético común consiste en mejorar las condiciones de los trabajadores. Durante siglos, apenas hubo regulaciones en el trabajo. Los horarios eran muy largos, no había vacaciones pagadas, ni jubilaciones. El que contrataba podía exigir lo que quisiera. Siempre había un trabajador dispuesto a hacer lo mismo por menos dinero. Los sindicatos, que son las organizaciones de trabajadores para la defensa de sus derechos, han tenido mucha importancia a la hora de conseguir algunas mejoras». (Editorial SM).

· «D. Ramón era el dueño de una de las más importantes fábricas de papel del país. Debido a su avaricia por ganar dinero, no le importó que su fábrica contaminara el río sobre el que se asentaba, lo que provocó un vertido tóxico en el agua que llevó a la muerte a muchos peces y a la intoxicación de otros animales debido al consumo de agua y pescado contaminados» (Editorial Oxford Educación).

· «Los de la nómina son los únicos declarantes que pagan por sus ingresos reales. Declaran una media de 17.624 euros. 8.000 más que los empresarios. Algo increíble». (Editorial Mc Graw Hill).


El diario Expansión publica hoy un reportaje bajo el título «Los manuales de Ciudadanía atacan a los empresarios y al libremercado» del que extraigo algunos fragmentos. Buena iniciativa, que sólo refleja una parte de la terrible realidad que se ha dejado incubar (el huevo de la serpiente) en las escuelas españolas.

Sé de lo que hablo. Hace siete años dejé mi plaza de profesor de Filosofía porque dicha asignatura fue eliminada del programa de estudios, sustituida por Educación para la ciudadanía. Dejé mi plaza de funcionario, entre otras razones, para no verme obligado a impartir en mis clases semejante adoctrinamiento socialista.

¿Sabe la sociedad española en qué ha quedado hoy la enseñanza pública en nuestro país? ¿Le preocupa? ¿Le importa?




jueves, 27 de octubre de 2011

LOS «POBRESISTAS»




¿Cómo denominarlos? Me refiero a aquellos que articulan el discurso político e ideológico por medio de una defensa rabiosa de los pobres (así, en bloque, indefinidamente), de los desposeídos, los oprimidos, los miserables, los descamisados, los parias de la Tierra. Semejante baluarte defensivo, en su rabia y violencia, acaba revelándose, a la postre, como lo que es: un profundo aborrecimiento, una inocultable repugnancia, un odio traicionero, a todos aquellos que dicen amparar. El presumido afecto y desprendimiento hacia el desventurado y el menesteroso que exhiben tales sujetos no llega nunca hasta el punto práctico de «ponerse en su lugar» (en el del pobre, digo), de desvivirse por ellos, no importa que sostengan en público lo contrario.

¿Cómo denominar, insisto, a quienes hacen bandera política, ideológica ¡y ética! del estatus de «pobre», a quienes usan a los desdichados como mero subterfugio y excusa al objeto de mantenerles en su sitio, y ellos en el propio? ¿Cómo llamar, insisto, a quien niega al pobre la condición de sujeto moral, de persona libre y responsable de sus actos, e incluso hacen del infortunado un arquetipo: vago, paniaguado, bandido, ladrón, ¡incluso terrorista!, por el hecho de ser pobre y nada más, y por ende un héroe, un justiciero, un emblema para la Causa, una consigna, una víctima del Sistema?



Sea como fuere, lo que esos tipos, como se llamen, no perdonan jamás del pobre es que su más ferviente anhelo sea mejorar en la vida, y si, es posible, con suerte y esfuerzo, hacerse rico. He aquí un propósito temerario (egoísta, burgués, reaccionario, según la jerga al uso) que millones de personas han pagado con la tiranía totalitaria y aun con la propia vida.
¿Cómo llamarles, en fin? Los llamaré aquí, para entendernos, «pobresistas». Resulta que los pobresistas quieren mucho a los pobres Los quieren tanto que aspiran a que sigan siéndolo toda la vida. Los quieren para sí mismos, como sirvientes, como argumento de melodrama social y neorrealista; para que les sirvan y les sirvan de coartada política. Los toman como escudos humanos. Los muy miserables...


Fragmento reescrito para el blog de un artículo más extenso que publiqué, bajo el título de El pobre, el progre y la moral, en la revista El Catoblepas, número 61, marzo 2007, pág. 7



sábado, 22 de octubre de 2011

'EL SIGLO DE AUGUSTO' de PIERRE GRIMAL





Pierre Grimal, El siglo de Augusto, traducción de Manuel Pereira, Crítica, Barcelona, 2011, 112 páginas

No es tarea fácil compendiar lo que supuso el «siglo de Augusto» en poco más de cien páginas, dejando, por lo demás, cumplida explicación, desde la misma Introducción del libro, del sentido y significación científica del término «siglo», y no sólo a propósito del gran emperador romano. Sucede que tampoco es corriente encontrar historiadores que combinen la narración histórica, el rigor investigador, los conocimientos literarios y el análisis filosófico de los principales conceptos empleados en sus trabajos. Y, por si esto fuera poco, realizarlo de modo convincente. Y es que reconocer que Pierre Grimal pertenece a este selecto club no supondrá ningún hallazgo ni sorpresa para quienes ya tengan el gusto de conocer la clase y cualidad de nuestro personaje. Tanto para estos privilegiados intelectuales cuanto para quienes se acerquen ahora a su obra no resultará ocioso referir una breve nota sobre el autor.

Pierre Grimal (París 1912-París, 1996) fue uno de los más destacados historiadores, latinistas y especialistas contemporáneos en la Roma de la Antigüedad. Traductor de obras de Tácito, Plauto y Terencio, fue también profesor emérito de la Sorbona, presidente de la Asociación Vita Latina y miembro de la Sociedad Francesa de Arqueología Clásica, de la Sociedad de Egiptología, de la Real Academia Sueca de Historia y de la Real Academia Belga. Su obra es considerable, en extensión y en valor intelectual. Incluye, entre muchos otros, los títulos que siguen a continuación: Las ciudades romanas (1954), Mitologías (1964), La civilización romana (1970), Roma, los siglos y los días (1982), Cicerón (1986), Marco Aurelio (1991), El proceso de Nerón (1995).

¿Qué cabe entender por «siglo de Augusto»? Es usual emplear en los estudios históricos expresiones del tipo «siglo de Pericles» o «siglo de Luis XIV», sin que sea preciso aclarar que dichos periodos no remiten maquinalmente, ni exactamente, a una centuria convencional. La principal condición que permite simbolizar con un nombre propio un periodo clave de la historia es, explica Grimal, que lo haya dominado en varias esferas y no sólo en una en particular. Si además añadimos a esta circunstancia la ―para aquella época― longeva existencia del principal protagonista del argumento, así como la relevancia de la acción desarrollada y el legado transmitido a la posteridad, entonces ningún otro nombre más justificado que el de Augusto para describir uno de las épocas más decisivas en el devenir de Occidente y de la humanidad en su conjunto.

El largo «reinado» de Augusto, que se extiende desde la muerte de Julio César (año 44 a. C.) hasta la del propio Octavio Augusto (14 d. C.) presenta, por otra parte, «una profunda unidad, querida y conscientemente impuesta por el hombre que al llegar al poder encontró a Roma en el caos, y que al morir dejó un Estado organizado, pacificado, provisto de un ideal y de una razón de ser que los contemporáneos de César habían buscado en vano.» (pág. 8). Es por esta razón que Grimal emplee la expresión «revolución augustal» a la vez que entiende ésta como una «restauración» (pág. 76). Augusto consumó, en fin, el ideal del imperio de Roma: «que, poco a poco, todas las naciones que componían su Imperio no formaban más una sola ciudad.» (pág. 104)

Publicada la primera edición en 1955, el libro conoció una primera versión en lengua española en Fondo de Cultura Económica el año 1996. La presente edición ha tomado la traducción de aquélla. Además de la Introducción y el preparatorio «Los años preliminares y la conquista de los espíritus», el volumen incluye estos otros cuatro capítulos: «El principado augustal», «La literatura augustal», «El arte de la época augustal» y «La paz augustal».

El siglo de Augusto, pues, fue en todas sus vertientes, no sólo en la política sino en las letras y las artes, un verdadero siglo de oro, puesto que la cultura floreció en su reinado como una larga primavera, coincidiendo renombrados historiadores, poetas, artistas y arquitectos que renovaron el panorama y ennoblecieron el naciente imperio, obviamente favorecidos por el largo periodo de paz y la consolidación de la estructura política romana.





viernes, 14 de octubre de 2011

TOCATA Y FUGA DE LA UTOPÍA



La fuga utopista de la casa de la historia evoca el abandono del hogar que consuma el adolescente huidizo, ese joven que vive con pesadumbre la situación actual; con añoranza, la protectora infancia; y con preocupación, la próxima madurez, esa edad del hombre que adultera la pureza de los anhelos propios de la sana juventud. ¿No será que la utopía incita a los individuos a permanecer en una minoría de edad constante? ¿Podría entenderse la utopía como la versión adolescente de la política, caprichosa y rebelde como ella sola?

El espacio de la utopía no es menos desconcertante que la relación mantenida con el tiempo. La utopía está en un topos uranós, que es lugar incierto, allende las estrellas. Lejos de la república de Ucrania y de Etiopía, la utopía habita en el planeta Ucronía

Estar sin estar, sin cuándo ni dónde, sin tierra firme donde asentarse, la utopía levanta el vuelo y sueña con recorrer, como la paloma metafísica, el vacio sin resistencias atmosféricas, con plena libertad de movimientos. Ajena a la amenazas de la real contradicción, cabalga la utopía, inocente criatura, tras un mundo por descubrir...

Para leer mi artículo completo en el último número de El Catoblepas: Utopía y creencia en el más allá

jueves, 6 de octubre de 2011

«MERCADERES Y REVOLUCIÓN» de ROBERT BRENNER



Robert Brenner, Mercaderes y revolución. Transformación comercial, conflicto político y mercaderes de ultramar londinenses, 1550-1653, Akal, Colección Cuestiones de Antagonismo, Madrid, 2011, 800 páginas

Ha sido, justamente, un autor francés de inquietudes liberales, Benjamin Constant (1767-1830), quien ha dejado establecido, hace ya un par de centenares de años, la importante conexión existente entre la naturaleza, el valor y fines del comercio y los avatares de la política. En la célebre conferencia Sobre la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos, enunció las tres condiciones necesarias para que las sociedades avancen en el proceso de modernización y civilización.
Es necesario, afirma Constant, en primer lugar, que el comercio vaya sustituyendo a la guerra como vía de relación e intercambio entre los pueblos: «porque uno y otro no son sino medios diferentes de conseguir el mismo objeto, que es el de poseer aquello que se desea.» Por otra parte, es muy aconsejable que la forma asamblearia y populista de deliberación y decisión (piénsese, por ejemplo, en las actuaciones de la Asamblea Nacional en las postrimerías de la Revolución Francesa) dé paso a la fórmula del gobierno representativo ajustado a las leyes, a fin de evitar «la sujeción completa del individuo a la autoridad de la multitud reunida.». Los Gobiernos, finalmente, procurarán poca libertad y bienestar a los ciudadanos, si no toman como objetivo principal el proteger la individualidad y la privacidad, al objeto de que la propia sociedad ―y no el Estado― cuide de sus intereses: «por grande que sea el interés que se tomen por nosotros [los Gobiernos], supliquémosles que se contengan en sus límites, y que éstos sean los de ser justos: nosotros nos encargaremos de hacernos dichosos a nosotros mismos».

Fueron, sin embargo, los ingleses quienes entendieron antes que ninguna otra comunidad en el mundo la relevancia global del comercio, tanto como requisito para crear riqueza como para asegurar la estabilidad política. De hecho, su influencia fue decisiva en los acontecimientos que derivaron en la Revolución Gloriosa (e incruenta) de 1688. A resultas de ésta, Jacobo II es derrocado e instituida la primera democracia parlamentaria moderna. Un año más tarde, es proclamada la inaugural Declaración de Derechos (Bill of Rights), precedente de la Declaración de Independencia de EEUU en 1776 y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, declarada en Francia tras la (sangrienta) Revolución Francesa.
El volumen Mercaderes y revolución, escrito por Robert Brenner, estudia los precedentes de estos hechos extraordinarios, y de la también conocida como «Revolución Gloriosa» en Inglaterra. Voluminoso en tamaño y denso en contenido, el texto se divide en tres grandes partes. La primera describe e interpreta la transformación del comercio inglés durante el periodo 1550-1650. La segunda analiza la evolución completa de la actividad política y las alianzas de los mercaderes desde la década de 1620 hasta el estallido de la primera Guerra Civil inglesa (1642-1645). La tercera parte, y última, sigue las actividades y los alineamientos de las diferentes secciones de la comunidad mercantil desde 1642 a 1653.
Prolijo y proceloso paseo por una época histórica, indagando con minuciosidad y detalle, el libro interesará, preferentemente, a los especialistas en la materia. Y, muy en particular, a los familiarizados con el pensamiento marxista.
Robert Brenner es profesor de Historia y director del Center for Social Theory and Comparative History en UCLA. Investigador de tendencias marxistas, es miembro del consejo editorial de la revista izquierdista New Lefs Review. Es autor de La expansión económica y la burbuja bursátil (Akal, 2003), La economía de la turbulencia global (Akal, 2009). Asimimo, ha coeditado ha coeditado el volumen titulado Rebel Rank and File. Labor Militancy and Revolt from Below During the Long 1970s (2010).