domingo, 28 de diciembre de 2014

CUENTO REAL DE NAVIDAD





Érase una vez un monarca barbado aparentando ser mayor, sin tronío, tipo alto cuya voz suena a contratenor o falsete, no sentado en trono sino en butaca de madera innoble, cruzando las piernas, confundido en el entorno.

Érase un rey publicado, divulgado, transmitido su discurso, vasallo a la escucha. Hablando en público o en la intimidad, es un rey que no diu res.

sábado, 8 de noviembre de 2014

25 ANIVERSARIO CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN


Son éstos, cierto es, días de celebración por el derribo del Muro de Berlín. Y mucho hay que celebrar, en efecto. Los países que otrora vivían a la sombra del Telón de Acero, tras el Muro, en el lado oscuro de la Historia, en el «paraíso comunista», han podido, felizmente, desprenderse del «impuesto revolucionario» que debieron pagar, tras la Segunda Guerra Mundial, a la URSS y poder incorporarse, finalmente, con entusiasmo, a la comunidad de las democracias modernas y libres. Mientras tanto, Cuba, Corea del Norte, China y otras infortunadas naciones siguen sufriendo la miseria, la tiranía y la servidumbre características de los regímenes construidos al son del himno de la Internacional y demás cánticos de liberación colectivista. Cayó el telón, pero la tragedia socialista todavía no ha terminado.

Recuérdese que la teoría y la práctica políticas que sostuvieron el «socialismo real», aunque vencidas por la sociedad civil, no han renunciado a sus propósitos, los cuales, en el menos violento de los supuestos, los confían a la fuerza y la coacción del Estado, una vez conquistado el poder.

El ideario socialista no ha abandonado la escena. Aprovechando las ocasiones que se les han presentado en estos veinte años, han salido de los escombros para así recomponerse. He aquí la resurrección y la insurrección de las que he tratado en otro lugar. Tal restauración no ha presentado tanto la forma de una regeneración o redención cuanto la de una reincidencia, de una metempsicosis.



viernes, 17 de octubre de 2014

LIDERAZGO Y CULTURA EMPRESARIAL



Según palabras del célebre escritor e historiador británico Thomas Carlyle: «Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate.» He aquí sintetizado el retrato del individuo eminente y sobresaliente, esbozado el tipo ideal de aquellas personas que llegan a constituirse en personajes, que dejan tras de sí una obra, que destacan del vulgo y lo común. O dicho de otro modo: «Se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición y, en resumen, los instintos biológicos, les fuerzan a hacer.» (José Ortega y Gasset).

Fortalecidos por el poder de la voluntad y el espíritu práctico, los héroes acometen continuas empresas, más encaminados y proclives a la gesta que al gesto. También, a veces, son distinguidos por la categoría de «líderes», y aun de «titanes», como hace Salvador Rus Rufino, catedrático de Historia del Pensamiento y Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad de León, y director de la Cátedra de Empresa Familiar y Ética de los Negocios, en un reciente libro, donde traza un sólido paralelismo y una razonada afinidad entre líderes en la historia y líderes en la empresa.

No es muy popular entre los españoles la «cultura empresarial». Ni la figura del empresario, últimamente más conocido como «emprendedor»; será por aquello de sortear o eclipsar el término maldito («empresario»), y evitar llamar a las cosas por su nombre. O acaso sea otro efecto del «pensamiento débil». Ni siquiera está bien visto el promover negocios, invertir, abrir mercados. Ni crear empleos; mejor es recibir sin más un subsidio o la «renta básica» o pasar directamente al jubileo de la jubilación. Ni, por supuesto, generar riqueza; gusta más «redistribuirla», manera light y muy moderna de referirse al expolio y al ataque a la propiedad privada. Tampoco está bien considerada la acción misma de ganar dinero, considerando más digno y progresista, el recibirlo o simplemente cogerlo. Dichas actitudes reactivas contrastan, sir ir más lejos y por poner solo un ejemplo, con el hecho de que en España estén ubicadas algunas de las escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, o que marcas y etiquetas de empresas nacionales se extiendan con éxito y reconocimiento por doquier.

A la vista de este panorama, resultan muy necesarios y útiles trabajos como el aquí referido al objeto de prestigiar (o al menos dar a conocer) los valores asociados a la tarea empresarial, en general, y la de las empresas familiares, en particular, como son «la armonía (unidad de intereses, de autoridad, confianza, comunicación, compenetración y flexibilidad) y el compromiso (entrega a un ideal, sacrificio personal, exigencia de lo mejor y pensamiento a largo plazo)».

De notorio y explícito empeño didáctico —repárese en el subtítulo mismo: «Aprendiendo de personajes históricos»—, el volumen ofrece concisas biografías de treinta y siete personajes históricos, ejemplos de la fidelidad a su misión, su visión del mundo y sus ideas, de las cuales caben extraer provechosas enseñanzas de cara al éxito empresarial:

Solón de Atenas • Alejandro Magno • Aníbal • Escipión el Africano • Julio César • Octavio Augusto • Trajano • Carlomagno • Al-Hakam II • Jaime I el Conquistador • Alfonso X el Sabio • Isabel la Católica • Fernando el Católico • Francisco Jiménez de Cisneros • Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán» • Juan Sebastián Elcano • Carlos I de España y V de Alemania • El conde-duque de Olivares • Cristina de Suecia • Pedro I el Grande • Blas de Lezo y Olavarrieta • Carlos III • Arthur Guinness • George Washington • El duque de Wellington • Abraham Lincoln • Victoria I • Henry Jarvis Raymond • Florence Nightingale • Elías Masaveu Rivell • Ramón de la Sota y Llano • Manuel Raventós i Domènech • Marie Curie • Antonio Gaudí • Winston Churchill • Franklin D. Roosevelt • Konrad Adenauer.

Llama, con todo, la atención que en este selecto listado dominen las figuras vinculadas al mundo de la política, las armas y las artes, quedando muy reducida la nómina de empresarios y hombres de negocios propiamente dichos. De acuerdo con el propósito del libro, acaso hubiera sido más congruente y, sobre todo, más fructífero, haber concedido más espacio y reconocimiento a los genuinos «líderes de empresa», a quienes lo son por derecho propio e inmediata actividad, y no tanto por influencias indirectas y otra clase de intervenciones. Ejemplos no faltarían al respecto.

Después de todo, no hay mejores lecciones de economía práctica que las ofrecidas por la gestión y el cometido diario de las empresas familiares, y aun de las familias mismas, de las que tanto deberían aprender las Administraciones y las autoridades públicas en eficiencia, competencia y control del gasto. No es por casualidad que la palabra «economía» provenga de la voz griega «oikos», que significa «casa», y de «nemo», es decir, administrador.

lunes, 29 de septiembre de 2014

WINSTON CHURCHILL DESMONTA EL «ESPÍRITU DE MUNICH»


¿Qué entendemos por «espíritu de Munich»? Atendamos a esta exposición: «”El espíritu de Munich” alude así a una política de estados y pueblos que rechazan confrontar una amenaza e intentan obtener paz y seguridad mediante la conciliación y el apaciguamiento o, incluso, en algunos casos, la colaboración activa con los criminales.» (Bat Ye'or, “El retorno de Munich: el espíritu de Eurabia”, GEES [Grupo de Estudios Estratégicos]).

El día 5 de octubre de 1938, en respuesta al célebre «acuerdo de Munich» firmado, entre otros, por Arthur Neville Chamberlain y Adolf Hitler (29 de septiembre de 1938), Winston Churchill pronuncia un memorable discurso ante la Cámara de los Comunes en Londres donde rebaja la euforia desatada tras el regreso del por entonces Primer Ministro británico de su cita en Baviera. Repasemos algunos pasajes del speech de Churchill:


«Lo máximo que ha sido capaz de conseguir [Chamberlain] para Checoslovaquia y en las cuestiones sobre las cuales todavía no se había llegado a ningún acuerdo, ha sido que el dictador alemán, en lugar de agarrar los víveres de la mesa, se conformase con hacer que se los sirvieran, plato por plato.»


* * *

«Se puede poner un ejemplo muy sencillo, si la cámara me permite modificar la metáfora. Se exigió una libra esterlina a punta de pistola. Cuando se entregó, se exigieron dos libras esterlinas a punta de pistola. Al final, el dictador accedió a tomar una libra, diecisiete chelines y sesenta céntimos y el resto, en promesas de buena voluntad para el futuro.»

***

«Siempre he defendido la opinión de que mantener la paz depende de la acumulación de elementos disuasivos contra el agresor, unida a un esfuerzo sincero por repasar los agravios.»

* * *

«Nos hemos visto reducidos desde una posición en la cual la misma palabra “guerra” sólo la habrían usado las personas que querían ir a parar a un manicomio. Hemos descendido desde una posición de seguridad y poder (poder para hacer el bien, poder para ser generosos con un enemigo vencido, poder para ponernos de acuerdo con Alemania, poder para concederle la compensación adecuada por sus agravios, poder para impedir que siguiera armándose, si queríamos, poder para tomar las medidas que nos parecieran correctas, por la fuerza, por misericordia o por justicia)... hemos descendido, en cinco años, desde una posición segura e incuestionable hasta donde estamos ahora.»

* * *

«En lo que respecta a este país [Reino Unido], la responsabilidad debe recaer en los que ejercen un control indiscutible sobre nuestros asuntos políticos, que ni evitaron que Alemania se rearmara, ni se rearmaron a su vez a tiempo.»

* * *

«El primer ministro [Chamberlain] quiere que haya unas relaciones cordiales entre este país y Alemania. No hay ninguna dificultad en absoluto para mantener relaciones cordiales con el pueblo alemán. Les acompañamos en el sentimiento, pero ellos no tienen el poder. Se deben mantener relaciones diplomáticas y correctas, pero no puede haber nunca amistad entre la democracia británica y el poder nazi, ese poder que rechaza la ética cristiana, que alienta su avance con el paganismo bárbaro, que se jacta de su espíritu de agresión y conquista, que obtiene fuerza y un placer perverso de la persecución y utiliza, como hemos visto, con brutalidad despiadada, la amenaza de la fuerza asesina. Ese poder no puede ser nunca el amigo leal de la democracia británica.»


* * *

«Dentro de muy pocos años, tal vez de muy pocos meses, deberemos enfrentarnos con demandas que, sin duda, nos harán cumplir; esas demandas pueden tener que ver con la entrega de territorio o la renuncia a las libertades. Preveo y pronostico que la política de sometimiento llevará consigo restricciones a la libertad de expresión y de debate parlamentario, en plataformas públicas, y a los debates en la prensa, porque se dirá (de hecho, oigo, que se dice ahora, de vez en cuando) que no podemos permitir que unos políticos ingleses, comunes y corrientes, critiquen el régimen dictatorial nazi. Entonces, con la prensa bajo control, en parte directo, pero, sobre todo, indirecto, y con todos los órganos de la opinión pública embotados y anestesiados para dar su consentimiento, nos conducirán hacia nuevas etapas de nuestro viaje.»

* * *

«Y no supongan que aquí acaba todo. La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecían año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos.»


(Extractos del discurso de Winston Churchill, «Una derrota total y rotunda. 5 de octubre de 1938. Cámara de los Comunes», en ¡No nos rendiremos jamás! Los mejores discursos de Winston S. Churchill. Seleccionados y presentados por su nieto Winston S. Churchill, traducción de Alejandra Devoto, La Esfera de los Libros, Madrid, 2005, págs. 202-213).



jueves, 4 de septiembre de 2014

ENTREVISTA SOBRE ‘CINE, ESPECTÁCULO y 11-S’ (Amazon-Kindle, 2012)


Galaico.-Le agradezco que me dedique un momento de su tiempo para esta pequeña entrevista.

1-¿Fue diferente la sensibilización de los cineastas que han filmado películas sobre las dos grandes guerras a la que produjeron films como World Trade Center o United 93 relativas a los atentados del 11-S? Me refiero, sobre todo, en el respeto a las víctimas.

Fernando R. Genovés- Tengo mucho gusto en atender a sus preguntas, agradeciéndole, al mismo tiempo, la atención prestada a mi ensayo. Respondo, pues, a la cuestión que me formula.

En primer lugar, habría que distinguir los distintos niveles de “sensibilización” que pueden advertirse en World Trade Center y en United 93, respectivamente. El film de Oliver Stone se ajusta al género de “cine de catástrofes”, dando quizás a entender con ello que el 11-S fue algo comparable a un terremoto o un ciclón. El trabajo de Paul Greengrass, en cambio, no busca el espectáculo, sino que tiene un claro contenido de denuncia, siendo, por tanto, más “comprometido” que el título anterior. En segundo lugar, y según señalo en mi ensayo, el tratamiento adecuado, sea informativo o artístico, de las masacres terroristas (y de las guerras), depende de la objetividad, pero sobre todo del factor tiempo.

2-Tanta información que está saliendo a la luz pública sobre aquel fatídico día ¿puede favorecer algún otro posible ataque terrorista? Sobre todo desde el punto de vista de la seguridad ciudadana.

FRG.- Puede favorecerlos siempre y cuando afecte a la revelación de materia reservada, de la que dependa la seguridad nacional, o cuando conlleve apología o justificación del terror. Nuevamente, hay que tener en cuenta el  distanciamiento temporal necesario para realizar la correspondiente evaluación del caso. Han transcurrido diez años [la entrevista fue realizada en septiembre de 2011) desde el 11-S. Si durante este tiempo no han vuelto a producirse nuevos ataques en EEUU, o han sido neutralizados a tiempo, ello no se debe a que no lo hayan intentado. Algo habrán tenido que ver a este respecto las políticas aplicadas en materia contraterrorista y el plan militar puesto en marcha, consistente en frenar a los terroristas en los mismos lugares donde planean los atentados y donde se entrenan para cometerlos.

En cualquier caso, lo que no entra en el capítulo de lo razonable es, en nombre del derecho a la información, exigir a las autoridades de un país que den cuenta al minuto, en “tiempo real”, de las investigaciones relacionadas con un atentado terrorista. Recuerde, asimismo, que Al Qaeda planificó el 11-S contando con el efecto devastador a escala múltiple que tendría (lo tuvo, en efecto) que los atentados de las Torres Gemelas fuesen transmitidos en directo en y por todos los medios.


3- La cadena Telecinco emitió una miniserie relacionada con el accidente aéreo de Los Rodeos que tuvo lugar el 27 de marzo de 1977 y que levantó bastante polémica entre los familiares de los fallecidos. ¿Se elevaría a la categoría de delito también al igual que las películas relacionadas con el 11-S?

FRG.- No todas las películas relacionadas con el 11-S habría que calificarlas de “delictuosas”, al menos en el sentido estético y moral del término. Aunque sí una gran parte de ellas. Lo que, sin duda, cabría juzgar de “delictivo” es emprender un proyecto de film o de serie de televisión de esa naturaleza sin contar con el consentimiento de las víctimas, o llevándolo a cabo con su explícita desaprobación. Todo aquel que acomete una labor “artística” de este tipo, sabe a lo que se expone. Además del derecho a informar y a entretener está también el derecho (y aun el deber) de criticar y denunciar los abusos y las tergiversaciones, las vejaciones y las inmoralidades. Dejo al margen la cuestión penal, de la que no trata mi libro.

4- En España, en relación con el 11-M, se rodó el documental Todos íbamos en ese tren, en el año 2004. ¿Cree que también se verá en nuestras pantallas algún film relacionado con los mismos?

FRG.- De hecho, y si no estoy mal informado, este mismo verano [año 2011) una cadena de televisión española ha emitido una miniserie sobre el 11-M. No la he visionado, aunque me consta que ha recibido críticas bastante negativas, tanto por su inoportunidad cuanto por el escaso rigor de la producción. No debe olvidarse que hablamos de un asunto muy traumático, en lo personal (casi doscientas víctimas mortales y cientos de heridos y quebrantados) y en lo social y político (trastornó bruscamente un proceso electoral inmediato). Nos referimos a un caso que arrastra todavía profundas dudas sobre su autoría real, sobre sus complicidades y sobre las circunstancias concretas en que se produjo. Se trata, en fin, de una tragedia nacional que ha dividido profundamente a la sociedad española. Si además tenemos en cuenta la peculiar orientación del cine español en los últimos tiempos, sería muy temerario emprender ahora un proyecto de este tipo. Creo que no es el momento.

5- Me ha llamado la atención a que se decidiese por el formato digitalizado para que el público en general pudiese tener acceso a este interesante ensayo, algo innovador. ¿Qué le movió a tomar esta decisión?

FRG.- Los textos que sirven de base a los capítulos del ensayo conocieron hace años una primera versión en una revista de pensamiento. Cuando se aproximaba el décimo aniversario del 11-S, juzgué que no sería una mala idea recopilarlos en un volumen y darles la máxima difusión posible. En ese sentido, la autoedición digital permite una rapidez de publicación y circulación impensable en la edición en papel. En este caso, la circunstancia y la oportunidad han primado por encima de otra consideración.


6-El movimiento de los llamados “indignados”, el famoso 15-M, ¿podría dar lugar a algún estudio sociológico? ¿Le ve algún futuro a este tipo de protestas para que la clase política tenga en cuenta sus peticiones?

FRG.- Ya hay editados algunos textos sobre el particular, con las limitaciones que tienen los libros redactados al ritmo que marca la “rabiosa actualidad”. Se trata, por tanto, de volúmenes concebidos más desde la perspectiva periodística (y aun propagandística) que propiamente sociológica. Comoquiera que las “peticiones” a las que se refiere su pregunta son dirigidas, en realidad, a sólo una parte de la “clase política”, el futuro de estas acciones dependerá de qué color político esté en el Gobierno. Por lo que a mí respecta, estoy más interesado en estudiar el fenómeno social y moral de la “indignación” en general, materia sobre la que he publicado varios trabajos. Comprender las ideas generales de un tema, favorece la interpretación de los casos particulares.

7-El mundo de las editoriales parece que se está poniendo difícil para los escritores, sobre todo aquellos que quieren empezar y en los que ya han publicado, el tema está en el precio de los libros. ¿Cómo ve este tema?

FRG.- Desde mi punto de vista, el problema no está en el precio de los libros. Tampoco en la falta de títulos nuevos en el mercado. Acaso el problema sea lo contrario, es decir, que el criterio de la cantidad se haya impuesto al de la calidad. A este hecho habría que añadirle un nefasto hábito editorial en España, a saber: aquella materia que no sea de carácter novelístico o, según he indicado antes, de “rabiosa actualidad”, no interesa apenas a los editores. Fíjese que las listas de ventas siguen divididas en dos bloques: “Ficción” y “No ficción”. La división es altamente significativa. Los ensayos de pensamiento o investigación pertenecen a la clase de lo que “no es” narración o relato. Son definidos gramaticalmente de modo negativo; no por lo que son (ensayos), sino por lo que no son (ficción).

8- Están teniendo mucho auge los blogs a nivel cultural en todos sus ámbitos. ¿Qué influencia pueden tener en las publicaciones?

FRG.- Sigo con sumo interés el desarrollo de los blogs. Yo mismo administro tres, de distinto contenido: pensamiento, viajes y cine. Lo que empezó utilizándose en sus comienzos como “bitácoras” o diarios personales de navegación internauta, contando en ellos anécdotas, sensaciones o sentimientos particulares (incluso íntimos), ha derivado poco a poco en unos espacios de gran valor literario e intelectual. Me refiero, claro está, a los blogs con “vocación cultural”. La gran expansión de las redes sociales ha favorecido esta especialización de ámbitos.

9- ¿Pueden revolucionar el mundo de la comunicación actual la salida a la palestra de estas nuevas herramientas de acceso a los usuarios como son los blogs?

FRG.- Muchos textos contenidos en blogs de autor tienen, a mi parecer, más calidad que un buen número de columnas o artículos publicados en la prensa convencional. Ahí tiene una prueba clara de “influencia”: mientras los periódicos en papel están en retirada, los blogs conocen un momento de florecimiento. Entiendo que el proceso va hacia una mayor especialización y clarificación de contenidos e intereses, tanto por parte de los autores del blog (escritores) como por parte de sus visitantes (lectores). Lo cual resulta útil y beneficioso porque facilita la búsqueda y la selección de contenidos. Ayuda a encontrar lo que exactamente se busca en Internet, una red en la que uno muchas veces se encuentra perdido, por no decir atrapado.

10- Muchas gracias. Fue un placer el haber podido realizarle esta pequeña entrevista para Melibro.com.

FRG: También para mí ha sido un placer conversar con usted, y a través de Melibro, con el público lector.

Galaico

Septiembre 2011


Entrevista publicada en el portal literario melibro.com

El libro Cine, espectáculo y 11-S puede adquirirse aquí.



domingo, 31 de agosto de 2014

PLA EN AUTOBÚS


«Hasta ahora, he tenido la desgracia de no poder presentar a mis lectores un libro sobre algún país remoto, exótico y extraordinario. En mis libros, no hay mosquitos, ni leones, ni chacales, ni objeto alguno sorprendente o raro. Confieso sentir, por otra parte, poca afición por el exotismo. Mi heroísmo y bravura son escasos. Me gustan los países civilizados. Desde el punto de vista de la sensibilidad me daría por satisfecho plenamente si pudiera llegar a ser un hombre europeo. He sido siempre aficionado a la «mateotte» de anguilas, a la becada en canapé y a la perdiz mediterránea.

 Antiguamente, el viajar, era un privilegio de los grandes. Solía ser la coronación normal de los estudios de un hombre. En nuestra época, se generalizó y abarató de tal manera que un hombre como yo ha podido vivir durante veinte años en casi todos los países de Europa, por cuatro cuartos. Pero esto también se ha terminado.Por el momento, no viajan más que los propagandistas y los diplomáticos. […]


Lo esencial, para aprovechar un viaje es tomarlo como finalidad misma. Andar por el mundo un poco al azar es muy agradable. Viajar sin tener un objeto concreto es una auténtica maravilla. Yo siento que podría curarme de todos mis vicios y de todas mis virtudes —caso de que tenga alguna—. Lo que no podré dejar jamás es mi recalcitrante vagabundaje.

Hay que viajar para descubrir, con los propios ojos que el mundo es muy pequeño, y por tanto que es absolutamente necesario hacer un esfuerzo para dignificar la visión hasta llegar a ver las cosas en grande. Hay que viajar para darse cuenta de que una pasión, una idea, un hombre, solo son importantes si resisten una proyección a través del tiempo y del espacio. No hay nada como alejarse un poco para curarse de la psicosis de la proximidad, de la deformación de la proximidad, de la que todos estamos atacados. Hay que viajar para aprender —a pesar de todo— a conservar, a perfeccionar, a tolerar. Es en este sentido, creo, que los antiguos aconsejaban el desplazamiento. Creían que era un buen método para aprender a prescindir de pequeñeces, de difusos detalles, de torcidos cubiliteos tribales, de grandiosidades escenográficas y falsas. La pieza de caza del viajar es la aventura. La aventura es la flor, el perfume del azar y de la diversidad. A veces es una puerta que se abre ante un mundo insospechado, sobre un mundo que se sabe donde empieza y no se sabe donde acaba…»


Josep Pla, «Prólogo» (fragmentos) del libro Viaje en autobús (1942)



miércoles, 30 de julio de 2014

FLORILEGIOS


«Para un extenso y muy ordinario segmento de opinión, un volumen misceláneo, una recopilación, una compilación o una antología no son propiamente un libro. En otras palabras, no serían más que un florilegio, dicho esto en sentido peyorativo, como quien dice floripondio o florón, artefacto rebuscado, objeto artificioso, falso. O lo que viene a ser lo mismo, tales ejercicios de la escritura no superarían el rango de refrito, un plato de lentejas recalentadas con el que algunos autores pretenden vender una mercancía de segunda mano, sin renunciar, no obstante, a tenerla por propia.

Allá ellos, quienes esto piensan o declaran, con sus sueños de paquidérmica totalidad y embelesada originalidad. Sépase, con todo, que "florilegio" es voz que remite, en su significado preciso, a obras escogidas, a selección, a opción selecta, recolectada por quien otro sembró o por uno mismo, en un momento anterior.


En cuanto a mí, estos melindrosos pruritos no desazonan ni escuecen mi sensibilidad ni mi criterio.»

Fragmento de mi artículo «Leer es un placer»,  revista El Catoblepas 
• número 71 • enero 2008 • página 7

domingo, 13 de julio de 2014

BREVE RELATO DEL POSMODERNISMO


¿Qué ha sido hoy del posmodernismo? ¿Quién toma en serio ese movimiento neo-contracultural de corte y deconstrucción, que logró acaparar la atención de tantos académicos y profesores de Europa y América, animado por numerosos medios de comunicación, en las última décadas? ¿Qué ha sido de esta presumida new fashion intelectual? El impulso y propósito que los propulsaba, más que fructuosos y constructivos, eran de naturaleza criticona y destructiva, presuntuosamente demoledores de la tradición, no importa cuál fuese. Llegó, no obstante, a adquirir una notable influencia en lo que queda del pensamiento, y tal vez por ello sí quepa reconocerle una hazaña: haber entorpecido, en su medida, la necesaria tarea de reconstrucción de la racionalidad en el ámbito de la filosofía y las ciencias sociales, sin la cual sobreviven como pueden y a duras penas.

El proyecto de deconstrucción contracultural en todos los ámbitos y de demolición de los fundamentos de lo real quedó simbolizado por uno de los buques insignia del posmodernismo: el «pensamiento débil». En el momento actual, ya no muestra apenas vigor y pujanza, lo que hace honor a la presumida «debilidad» de su talante y los objetivos que propugnaba. No hay aquí, pues, contradicción ni desilusión, ni podría haberla, y, de indicarse tal cosa, tampoco preocuparía a sus maestros y discípulos, o lo que queda de ellos. Esto es así por tratarse de un prontuario —el posmoderno— que ha negado precisamente la misma base doctrinal en el pensar. Siendo posmoderno, cualquiera podía ser generoso y dadivoso, altruista y caritativo, tirio y troyano, aunque liberal jamás, tampoco racional, al representar éstas unas actitudes muy mal vistas entre catedráticos innovadores, periodistas de salón, políticos del ramo y público acrítico en general. 


Constituida en una corriente de opinión que impugnaba el principio de realidad, mientras disimulaba la autorreferencia al principio del placer, en el curso del tiempo, se ha topado de pronto con la íntegra realidad. Y, en fin, de erigirse en una filosofía peculiar, desobediente de la lógica tradicional, que no quería oír hablar de principios de identidad, no contradicción y tercio excluso, la «condición posmoderna» ha descubierto, finalmente, por propia experiencia, el sentido del ser y, sobre todo, del no-ser. La sinrazón también crea monstruos que acaban por destruir a su «creador» (Dr. Frankenstein) y a sus propios hijos (Francisco de Goya). 

2

Para definirse como movimiento pragmático y débil, los posmodernos aspiraban, curiosamente, a no dejar piedra sobre piedra en la cultura vigente. A fin de recordar que para este temporal intelectual, irreverente y caduco, nada debía ser tenido por sagrado, propongo en el presente texto rememorar las cavilaciones de Richard Rorty y Gianni Vattimo sobre El futuro de la religión, título de un libro compilado por Santiago Zabala (Paidós, Barcelona, 2006), cuyo subtitulo reza Solidaridad, caridad, ironía. No deja de ser irónico leer cómo pontificaban en este volumen sobre el futuro aquellos que no lo tendrían… 


Interpretación de interpretaciones, todo es Interpretación. Eso decían. El pensamiento «débil» y «posmoderno» constituyó un programa, en el fondo, muy ambicioso (residuo pos-revolucionario), que superaba con bastante habilidad cualquier crítica porque en sus dominios tampoco funcionaba el principio de falsación (Karl Popper), tal era su aversión por los principios en general. Simplemente, tenían explicación para todo, porque, según sostenían, todo es opinable. En la «Era de la Interpretación», que vendría a sustituir la «Era de la Fe» y la «Era de la Razón», la doxa ha substituido a la episteme en orden de legitimidad, quedando así constituida una especie de renovada teoría de los tres estadios (Auguste Comte), pero en versión antipositivista.


El plan general del posmodernismo, a través de sucesivas ediciones, consistía básicamente en promover travestimientos culturales de los modelos bajo sospecha, los cuales eran puestos en el punto de mira como próximas víctimas a desfigurar. El método era de lo más elemental: ponerse en el lugar de los modelos señalados y dejar a éstos en situación de stand by, descolocados, deslocalizados: quítate tú para ponerme yo. Tal proeza se conoce con el nombre de «empatía», una tendencia emocional supuestamente muy solidaria y caritativa, aunque carente por completo de ironía. 


La estrategia mencionada, aunque presumiblemente renovadora y rompedora, es muy antigua. Labora con vistas a introducirse (infiltrarse) en el interior de las estructuras tenidas por «decadentes» a fin de «darles la vuelta», por decirlo en términos marxistas o posmarxistas, y así adaptarlas, con nueva terminología e imagen, a los nuevos fines pretendidos. Los organismos, los movimientos y las instituciones que en el fondo se saben débiles (porque lo son), les conviene evitar el enfrentamiento directo, el cuerpo a cuerpo con el adversario superior. 

Otras tácticas más sinuosas cumplen la función sustitutoria, por ejemplo, la paciente labor de zapa que acaba minando las defensas y resistencias del fuerte; el envenenamiento intelectual, en pequeñas dosis, del adversario; la doblez, el engaño y la estafa; la contumacia y la tenacidad; la propaganda y la repetición. Con todo, el anhelo principal de la deconstrucción era la desmoralización del oponente (y, por extensión, de la sociedad toda), una nueva versión de la transvalorización de los valores (Friedrich Nietzsche) reducida a la versión pedestre, «débil» y desnaturalizada. 


3

En la denominada «era posmetafísica», de cuyo ser y circunstancia sólo los muy entendidos podrían dar fe, la razón constituía un ídolo a derribar. Tal propósito era proclamado nada menos que en nombre de la racionalidad. Gianni Vattimo, por ejemplo, quien no es tan ingenuo como para rechazar la racionalidad en su conjunto, acepta —qué remedio— la «racionalidad hermenéutica», o sea, aquella que sitúa el debate en el terreno exclusivo de la interpretación, en el que no habría otros hechos que los lingüísticos (pág. 20). Y entiéndase tal desideratum, como un fatum, nunca como un factum.

Richard Rorty, quien no iba a ser menos, tampoco tiene nada en contra de la racionalidad, «si se identifica la racionalidad con el esfuerzo por lograr un consenso universal intersubjetivo y la verdad con el desenlace de tal esfuerzo» (pág. 58). Y lo que decimos de la razón y la racionalidad, valdría lo mismo para otros conceptos en proyecto de reconversión o de travestimiento cultural, a saber: «diálogo», «consenso», «interpretación», «universal», «nihilismo», «democracia» y, cómo no, «solidaridad, caridad, ironía», las nociones que aparecen seleccionadas en el subtítulo del libro referido. 


Resulta verdaderamente portentoso en este caso que semejante empresa —la «posmoderna»— haya tomado (en vano) a Nietzsche como uno de sus inspiradores, profetas y legitimadores. ¡Justamente Nietzsche, el filósofo que diseccionó con precisión de (capaz) cirujano la carnaza del resentimiento! O tal vez precisamente por eso mismo… He aquí una aplicación modélica del método de travestimiento que acabamos de señalar como característico del proceder posmoderno. La apropiación integral de la filosofía de Nietzsche fue, después de todo, poco más que un maquillaje, retoque y reajuste conceptual a base de unas pocas frases elegidas ad hoc, con el fin de componer un discurso interrumpido, y que se pretendía intempestivo, posrevolucionario, propio de la Nueva Era. Una vez armados los adagios según el guión sustitutorio, eran colgados (como una inocentada) en la espalda del solitario de Sils-Maria para que cargase así con la cruz de la «posmodernidad». Nietzsche: ecce homo


En realidad, la promoción urbi et orbe de un «Nietzsche posmoderno» (se hizo también con muchísimos otros autores clásicos) fue posible merced a las particulares (y muy opinables) interpretaciones de la obra del filósofo alemán llevadas a cabo, entre otros, primero por Gilles Deleuze y Michel Foucault y, posteriormente, por Jacques Derrida y Gianni Vattimo, al frente de la fratría posmoderna. No entraré ahora en disputas sobre citas, verdades por correspondencia (¡a ver quién lleva «razón»!) y vídeos delatores. Porque el caso, afortunadamente, está cerrado. 




Me limito en este punto a poner de manifiesto la impertinencia de determinados juegos de lenguaje a cuenta de un autor —Friedrich Nietzsche—, quien, maestro del aforismo, fue convertido indistintamente en guía del nazismo, en feroz antisemita, en líder del situacionismo, en ideólogo del anarcosindicalismo o en adalid del «posmodernismo», y a menudo con sucesión de continuidad. Ocurría una circunstancia u otra, o todas a la vez, según se le antojase al interpretador de turno, sólo con rescatar determinados aforismos de los cientos que escribió el filósofo nacido en Röcken, ciertamente, algunos de ellos muy apetecibles para toda clase faenas de interpretación (recuérdese, empero, la cantidad de literatura garabateada alrededor de la célebre expresión «bestia rubia», una más de las que dejó escrita en La genealogía de la moral).

Si no hay miramientos a la hora de hacer de Nietzsche el paladín del nihilismo y el «pensamiento débil», entonces, ¿cómo puede extrañar que Rorty y Vattimo dudasen a la hora de reconvertir, travestir o, mejor, deslocalizar a Dios, arremetiendo sin contemplaciones contra el «fundamentalismo» en la religión cristiana, pero sólo en la religión cristiana, como si el «fundamentalismo cristiano» fuese tema de actualidad y el más preocupante de los fundamentalismos realmente existentes? He aquí el asunto central del libro El futuro de la religión, o cómo hacer pasar al cristianismo por la trituradora del «pensamiento débil» y convertirlo en ariete (y al mismo tiempo víctima) del proyecto deconstruccionista**.

Resumamos, en pocos pasos, el plan propuesto allí:

1. Hacer del anterior Creador del mundo, simplemente, coherentemente, un «Dios débil», cuya justificación se limita a la cita de algunos versículos, convenientemente escogidos. Por ejemplo, este de San Pablo: «Cuando soy débil es cuando más fuerte soy» (Corintios, 12, 10). 

2. Dios, en la religión del futuro, ya no estará en los Cielos, sino deslocalizado. En la «condición posmoderna», Dios ve disminuir su potencia, o voluntad de poder, hasta un nivel humano, pero acaso demasiado humano, hasta el punto de —en un arrebato de democratismo e igualitarismo atrevidísimo— ser convertido en un ciudadano más, un compañero, un colega, un «amigo», siempre en igualdad de derechos y deberes que los demás. Nietzsche, sin duda, trataba a los dioses con bastante más respeto que sus presumidos interpretadores. 

3El cristianismo que lo es de «verdad» (no de la manera «dogmática», «sustancial» o «metafísica»), encabeza en la «Era de la Interpretación» las reivindicaciones más new age. En esta nueva misión, abandona arcaicos y superados objetivos (el misionero y el evangelizador, por ejemplo: «La religión no metafísica es también una religiosidad no misionera», pág. 100), para pasar a asumir con fervor, y aun a preconizar, el matrimonio de homosexuales, la eutanasia, la fecundación in vitro, el uso liberador de los preservativos, el sacerdocio femenino y todo lo que sea menester con tal de situarse más allá del bien y del mal, y aun más allá del ateísmo y el teísmo. 

4El futuro de la religión, según Rorty y Vattimo, pasa por legitimar el expediente debilitador de la cultura cargándolo a la cuenta del propio cristianismo. Es el mensaje cristiano, se dice, el que niega el «principio de realidad» cuando, en boca, otra vez, de Pablo, declara: «Muerte, ¿dónde está tu victoria?» (Corintios, 15, 54-55), y el mismo que bendice la ética del diálogo y la conversación sin límites como fuente de entendimiento, consenso y verdad pragmática, por ejemplo, por medio de esta prédica: «Cuando dos o más estén reunidos en mi nombre, yo estaré con ellos» (Mateo, 18, 20). 

Pues bien, diríase que Rorty y Vattimo se han reunido (o conjurado) en nombre del Dios débil y posmoderno al objeto de decidir acerca de su jubiloso futuro, que no es otro que la jubilación... Y debemos suponer, además, que Él estuvo allí con ambos filósofos (remedo sacrílego de la Santa Trinidad), certificando con su presencia y amparo la deconstrucción del cristianismo. Tal vez por eso dicen lo que dicen con tanta desenvoltura y frescura, porque dan por descontado que gracias al espíritu evangélico siempre serán disculpados o compadecidos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» (Lucas, 23, 33-34). Ni lo que dicen.

NOTAS

* Versión corregida y adaptada a los nuevos tiempos de mi texto «Cristianismo deconstruido», recensión del libro de Richard Rorty y Gianni Vattimo, El futuro de la religión. Solidaridad, Caridad. Ironía, Paidós, Barcelona, 2006, publicado en Anthropos. Revista, nº 217, «Especial Gianno Vattimo. Hemeneusis e historicidad», Barcelona, 2008, págs. 194-196.

** Siguiendo con este proyecto, Vattimo ha publicando nuevos libros, entre los que pueden citase: Verdad o fe débil. Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2006); Después de la muerte de Dios. Conversaciones sobre religión, política y cultura (2007); ¿Ateos o creyentes?: Conversaciones sobre filosofía, política, ética y ciencias (Contextos), en colaboración con Michel Onfray (2009); Dios: la posibilidad buena: Un coloquio en el umbral entre filosofía y teología, en colaboración con Carmelo Dotolo, Giovanni Giorgio y Antoni Martínez Riu2013)»

*** La presente versión del artículo ha sido publicada, con el título de, «¿Qué ha sido del posmodernismo y su delirio deconstructor  e iconoclasta?», en PortVitoriaThe Magazine of the Hispanic and Lusophone Communities. Issue 9. Jul - Dec 2014.

jueves, 29 de mayo de 2014

'EUROPA EN RUINAS' de HANS MAGNUS ENZENSBERGER

Europa en ruinas 
En el año 1990, Hans Magnus Enzensberger edita Europa en ruinas (Europa in ruinen. Augenzeugenberichte aus den Jahren 1944-1948), libro que selecciona, compila e introduce una serie de crónicas periodísticas escritas tanto por reporteros de periódicos cuanto por escritores que, recorriendo algunos lugares de Europa durante el final de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra, ofrecieron a los lectores de prensa de la época (1944-1948) una descripción directa y palmaria de lo visto y oído en lo que había quedado del Viejo Continente. Duros y crudos documentos que permiten disponer también a quienes posteriormente se han acercado a ellos de la viva descripción de un continente devastado y moribundo. Si bien varios textos allí incluidos ya han conocido versión en español, contenidos en libros correspondientes a los autores respectivos, es en 2013 cuando el volumen tal y como fue concebido por Enzensberger, ha sido editado, finalmente, en nuestra lengua.
Repárese en el registro de la primera edición: Alemania, año 1990. Acaba de consumarse la reunificación alemana. El lugar y la fecha no pueden ser más significativos. Enzensberger, que coloca la integridad por delante de la nacionalidad, propone al lector echar una mirada hacia atrás en un presente continuo que acaso sólo piensa en el futuro, lo cual sería «políticamente correcto», pero moralmente bastante ligero y políticamente muy incierto. No es posible conservar la memoria y la dignidad, desconociendo o relativizando la ira, la infamia y el horror que recorrieron Europa durante su primera mitad hasta el punto de convertirla en una masa de escombros y una pila de millones de cadáveres. Una catástrofe que no cabe entender como accidental calamidad, cual si se tratase de un terremoto o cualquier otro siniestro desatado por las fuerzas de la naturaleza. La tragedia que referimos tiene carnet de identidad y denominación de origen, causas con nombres y apellidos propios, rostros humanos descompuestos, pero reconocibles.
Berlin, 1945
Alemania no fue la única culpable de aquella atrocidad, pero sí la principal responsable de la misma. Un pueblo (Volk) con antecedentes y actitud reincidente, que además pierde (otra vez) la guerra. En 1945, el totalitarismo nazi fue derrotado por las fuerzas aliadas. Ahora —esto es, en 1990— tras la caída del Muro de Berlín, que simbolizaba el derrumbe del totalitarismo comunista, las autoridades políticas alemanas habían encontrado la ocasión propicia para cerrar página y volver a la situación territorial y fronteriza anterior. Pero, ¿cuál es ésta…? Y, sea cual fuere, ¿será esta vez la definitiva, la dada finalmente por aceptable?
Adviértase, asimismo, otra circunstancia relevante: la edición española, 2013 (Capitán Swing), coincide en el tiempo con la abrumadora hegemonía evidenciada por Alemania (independientemente del partido gobernante) en la denominada «Unión Europea». Después de todo, de país derrotado ha llegado a erigirse en potencia dominante. ¿Es esto la pax europea? ¿Tiene Europa futuro? Y, en tal caso, ¿puede o debe avanzar al precio de borrar el pasado?

«Nadie se atrevía a creer que aquel continente arrasado pudiera tener aún un futuro ante sí. En lo que se refería a Europa, la historia parecía haber llegado a su fin con un abrumador acto de autodestrucción que los alemanes habían urdido y llevado a cabo con obstinada energía» (pág. 15)

¿Ha aprendido Europa —Alemania, muy en particular— la lección de la historia? Aunque, bien pensado: ¿es esto posible? La historia, arte de la recapitulación, petrifica el pasado irremediablemente, con tendencia a condensarse en fría sucesión de informes y con inclinación muy profesional a explicar a menudo lo inexplicable. Los libros de memorias, por su parte, ofrecen bastantes muestras de subjetividad, cuando no de autojustificación. Los documentales y películas sobre la guerra y la devastación, combinando frecuentemente imágenes reales con otras de ficción, se les antojan a muchos espectadores una variante del mero espectáculo y el reality show. En suma, a gran parte de la opinión pública —incluso, la más sensibilizada—, el Holocausto judío y la catástrofe general que lo envolvió, en el fondo, les parece algo increíble.
Pero lo más serio de este asunto es que cuando se habla de la reconstrucción europea como un renacer de las cenizas y un volver a empezar, es imposible no percibir en dicha declaración una resonancia inquietante y aun un eco amenazador.
¿Cómo hacerse cargo, entonces, de la terrible herencia recibida? ¿Cómo soportar el peso del pasado? Porque estamos hablando, debo insistir, no de una simple desgracia ni sólo de ruina y destrucción contables en términos de miles de ciudades arrasadas y millones de personas aniquiladas. Estamos poniendo sobre la mesa de la historia un cataclismo político, social y moral, cuya reparación no se satisface ni concluye con aportaciones económicas a cargo de los presupuestos de los Estados, ni su restablecimiento es resultado de pomposas declaraciones de intenciones.

«Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa no era solo materialmente un montón de ruinas; también su bancarrota política y moral era absoluta.» (págs. 14 y 15).

 Hans Magnus Enzensberger
[Hans Magnus Enzensberger]
Lo sucedido en los años 30 y 40 del siglo XX en Europa nos remite a espacios y tiempos que cabía considerar muy alejados de ella: el Tercer Mundo y la Edad Media. Pero, sólo en apariencia. Enzensberger menciona en la Introducción situaciones lacerantes habituales en Luanda, Beirut, El Salvador, Sri Lanka. Crónicas, afirma el escritor alemán, que podemos leer a diario durante el desayuno. Pues bien, hechos semejantes —y aún peores— tuvieron lugar por entonces en Roma, Frankfurt am Main, Berlín o Atenas, en la civilizada y arrogante Europa, tan habituada a dar lecciones al mundo entero de gentilidad y alta cultura. Matanzas y torturas indiscriminadas, crueldades indecibles, hambre y miseria generalizada, familias hacinadas sobreviviendo en sótanos durante años, buscando el sustento por medio del estraperlo, la prostitución, el robo, el fraude, en la basura. Todo esto fue moneda corriente durante años de encanallamiento, perversión y corrupción en Europa. Algo equiparable a una nueva Peste Negra medieval en versión parda.
He aquí una realidad tan dura, tan atroz, tan difícil de encajar y asumir —literalmente, tan siniestra— que tiende a ser suavizada y debilitada, en el mejor de los casos, para hacerla más soportable. A fin de no perder credibilidad ni perspectiva es oportuno, entonces, acudir a cronistas, testigos oculares, de los hechos para poder ser narrados del modo más abierto, desnudo e inmediato posible. Este es el principal interés del presente volumen, al margen del valor documental y a menudo también literario, de los textos agrupados en Europa en ruinas:
«Las impresiones más lúcidas nos han llegado de la mano de los autores que siguieron a los ejércitos vencedores de los Aliados. Entre ellos destacan los mejores reporteros de América, periodistas como Janet Flanner y Martha Gellhorn y escritores como Edmund Wilson y Norman Lewis, que no tenían a menos trabajar para la prensa. Todos ellos se sitúan en la gran tradición anglosajona del reportaje literario, que no tiene parangón alguno hasta hoy entre los europeos continentales. A esto se añaden fuentes que se deben más bien al azar, como el informe interno de un redactor americano que trabajaba para los servicios secretos estadounidenses, o los apuntes de emigrantes que intentaron retornar al Viejo Mundo. Más tarde también se pusieron en camino autores de países que se habían librado de la guerra, como el suizo Max Frisch y el novelista sueco Stig Dagerman.» (pág. 20)
Leemos en estas páginas retratos en carne viva de unas sociedades europeas desahuciadas, deshumanizadas. Cada uno escrito con el estilo y la calidad propios de quien las firma, mantienen en su conjunto más de un elemento en común: prescinden de hacer propaganda —y aun denuncia— del panorama reinante, así como obvian cualquier género de sentimentalismo en la narración, no importa el horror descrito. Sus autores se limitan a hacer su trabajo, que no es otro que levantar acta de aquello que han escuchado y visto. 

A veces, no pueden reprimir un comentario irónico o una leve y contenida mordacidad; por ejemplo, cuando las declaraciones de la mayor parte de los alemanes —ellos no son nazis y no sabían lo que estaba ocurriendo— o cuando el lamento proferido es a causa de los bombardeos de los aliados y por las desdichas que están padeciendo; o cuando recuerdan, amenazadores y orgullosos, a los aliados triunfantes que sin la intervención de ellos mismos no va a ser posible reconstrucción; o cuando insisten en que si han perdido la guerra ha sido más que nada por la superioridad militar y técnica de las fuerzas aliadas. No hay palabras de perdón, sensación de vergüenza, amago de arrepentimiento. Sólo prisa y ansiedad por volver a la normalidad cotidiana, a la recuperación económica, por acabar con las cartillas de racionamiento y la ocupación militar. Un ansia no aplacada de volver a lo de antes.